En 1958 Kirk Douglas y el productor Edward Lewis pidieron al guionista norteamericano Dalton Trumbo (1905-1976) una versión cinematográfica de la novela Espartaco de Howrad Fast. Sin embargo, la Universal International se oponía a que figurase el nombre de Trumbo en el genérico, al menos que éste escribiese una carta privada en la que declarase no ser miembro del Partido Comunista. Dalton Trumbo se negó en redondo a hacerlo. Pese a ello, los ejecutivos hollywoodienses cedieron y el 8 de agosto de 1960 se hizo pública la colaboración de Trumbo en el magnífico film de Stanley Kubrik. Concluían así muchos años de ostracismo para uno de los más grandes -si no el más grande- de los guionistas de Hollywood de aquellos tiempos. Una postergación iniciada en 1947 con las comparecencias e interrogatorios ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, y materializada con la constitución de “listas negras” y los famosos “Diez de Hollywood”. “Una violenta purga que sacudió las entrañas de la llamada Meca del cine durante dos décadas, y que se inscribe en el vasto panorama histórico del crecimiento y consolidación en áreas del poder político norteamericano de variadas formas de ideología fascista, que siempre ha estado presente en la sociedad capitalista norteamericana”, precisa Román Gubern en su libro McCarthy contra Hollywood: la caza de brujas. Una de las numerosas víctimas que vieron truncadas brutalmente sus vidas artísticas a causa de sus ideas y preocupaciones sociales (actores, guionistas, novelistas, directores, productores), fue Dalton Trumbo. Escritor inventivo, agudo (célebres son sus cartas redactadas durante ese periodo, y recogidas en el libro Additional Dialogue); también fue un apasionado defensor de sus convicciones políticas, cualesquiera fueran las consecuencias. Y así lo asumió, exiliándose con toda su familia a Méjico en 1951 tras pasar 11 meses en prisión, arruinándose y escribiendo, ya de vuelta en Estados Unidos, guiones con seudónimos (hasta 13 utilizó) para poder sobrevivir. Entre otros guiones con falsos nombres escribió el de “Vacaciones en Roma”, “Castillos en la arena”, “Cowboy” o “El bravo”, por el que le otorgaron el Oscar, y que sólo pudo recoger en 1975, un año antes de su muerte.

Después de esta odisea, Trumbo confirmó en el interesante documental “Dalton Trumbo y la lista negra” su militancia comunista, denunció a quienes, actores y directores como Robert Taylor, Gary Cooper, Elia Kazan o Edward Dmytryk, delataron a sus camaradas de trabajo, y sintió como propios los numerosos suicidios que el macartismo indujo; al tiempo que llevó a la pantalla su único largometraje “Johnny cogió su fusil” (1971), basado en su novela homónima: un impresionante alegato antibelicista y por la dignidad humana, que aún perdura en la memoria.

Finalmente pasarían muchos años antes de que otros guionistas irredentos de la “lista negra” consiguieran aparejar su nombre a las películas que habían escrito, pero ya Hollywood nunca sería igual…

Rosebud