Durante la II República, al mismo tiempo que aumentaba la incorporación de la mujer al mundo laboral y a las protestas populares, iba aumentando su afiliación a las organizaciones obreras. Los sindicatos comienzan a comprender la necesidad de incorporar a la mujer a sus filas. El Congreso de la UGT de 1932 incluye por primera vez en su programa la consigna de "igual salario a igual trabajo”. La II República es la etapa histórica en que la mujer irrumpe en nuestro país con mayor fuerza, presencia y compromiso en la lucha por la República, el Socialismo y por su propia liberación como género. Y no es por casualidad que ese momento de avance feminista sin precedentes coincida con la mayor tensión de la lucha de clases, con un movimiento obrero extraordinariamente estructurado y unas organizaciones revolucionarias que a punto estuvieron de tomar el poder y ganar la guerra al bloque burgués.

Sin embargo, en el S. XXI, que nos venden los medios de propaganda como del resurgir feminista, vemos que no camina la lucha de clases a aquellos niveles de derrota de las clases dominantes. No decimos que sea culpa de ese supuesto resurgir, sino del tipo de feminismo que es hegemónico: blanco, burgués, interclasista,… Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases, el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social de las distintas mujeres. Cada clase social percibe la lucha feminista en función de los privilegios de clase que disfruta o de la explotación que padece. El problema está en “abrazar” acríticamente los postulados feministas de las clases dominantes (da igual que sea versión socialdemócrata, postmoderna o liberal) todas ellas defienden el sistema económico capitalista, e incluso las hay quienes hablan de que el “sistema es el patriarcado” y el capitalismo es su instrumento.

En octubre de 1931 las Cortes Constituyentes de la Segunda República aprobaron el derecho al voto de las mujeres después de un intenso debate en el que uno de los argumentos usados en contra de aprobarlo era que no se podía confiar en que las mujeres votaran con independencia y a favor de la república, 88 años después el debate sigue siendo intenso y la disputa por el voto femenino se ha vuelto crucial para la estrategia de los partidos. Después de dos años de convocatoria de huelga feminista con un seguimiento masivo en las movilizaciones del 8M, el feminismo se ha situado en el centro de la campaña, las mujeres son el 51% del censo y el 60% de las personas votantes indecisas, es decir cuatro millones aún no han decidido a qué partido apoyarán, según el barómetro del CIS para las próximas Elecciones Generales.

La burguesía sigue saqueando hasta los últimos rincones de nuestra humanidad: ahora resulta que Europa piensa chantajear a las mujeres migrantes: "si nos regalas tus hijos, te damos una tregua en la aplicación del Apartheid Europeo (mientras gestas para nosotros)"...

La derecha propone una nueva extorsión contra las mujeres migrantes de la clase explotada: a las que entreguen a sus hijos en adopción (como si sus bebés fueran un mero pedazo de carne) les será acordada una tregua en cuanto a la persecución implacable de las leyes de inmigración europeas, de manera a que puedan ofertar el fruto de sus entrañas. ¿Alguien dijo Esclavismo? ¿Alguien dijo chantaje y saqueo de la vida humana?

La Guerra Nacional Revolucionaria terminaba “oficialmente” el 1 de abril de 1939, cuando el dictador Francisco Franco pronunciaba las palabras “La guerra ha terminado”, y a la vez que terminaba la guerra comenzaba un largo proceso de represión y asesinatos por parte del régimen a todo aquel que hubiese luchado contra él.

Es, en estas circunstancias, como muchos miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas comienzan a partir hacia el exilio, mientras otros se quedaban en España pasando la militancia clandestina, la cual se haría cada día más difícil. Cuando las tropas franquistas ocuparon Madrid, lograron hacerse con distintos archivos de las JSU y así comenzaron las detenciones de sus militantes, entre las que se encontraban las conocidas como las Trece Rosas.

El sistema capitalista somete a explotación y sobre explotación al conjunto de la clase obrera. Pero nadie puede negar que es la mujer obrera la que sufre en primera persona con más violencia todas las lacras laborales y sociales del sistema capitalista. Carlos Marx caracterizo con suficiente acierto la división de clases existente en el capitalismo, en este como principal división se encuentran los productores, proletariado, y los dueños de los medios de producción, burguesía, dicho de otra forma, explotados y explotadores. Y entre los explotados un sujeto humano que sufre la doble explotación del capital es la mujer trabajadora, esta explotación se acentúa en la condición de madre y esposa de obreros, pero hay un sector o nicho de población perteneciente a la clase obrera que está siendo explotado en ecuación de múltiplo es la mujer trabajadora con discapacidad. Estas obreras que sufren discapacidades en la mayor de las ocasiones psíquicas, deberíamos de puntualizar que algunas de estas son producto de situaciones relacionadas con la maternidad o convivencias en pareja, son posicionadas en el eslabón inferior de la cadena de producción capitalista, en la mayoría de las ocasiones son empleadas en el sector servicios a través de empresas de integración social creadas por agentes sociales privados que se aprovechan de multitud de ayudas y subvenciones estatales para llenar la cartera. La condición de mujer con discapacidad sitúa a estas en condiciones de desigualdad laboral lo que impide que puedan desarrollarse socialmente con toda plenitud, percibe salarios por debajo del SMI y en muchas ocasiones jamás acceden a un trabajo a tiempo completo, el estado capitalista nada hace más allá de las campañas de imagen para que estas mujeres puedan disponer de un trabajo que les dé la posibilidad de vivir independizadas de sus familiares o instituciones de carácter religioso en manos del opus y la iglesia.

En el entorno de las II Jornadas y después de la ponencia Mujeres y Guerras imperialistas entrevistamos a Ángeles Díez, profesora y doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y militante incansable del Frente Antiimperialista.

 

COMPAÑERA, no importa tu nombre, sino lo que estáis haciendo vosotras desde el 8 de marzo de 1908, EJEMPLO VIVO DE VUESTRA LUCHA.

COMPAÑERA, que andas la vida entre

Urgencias y desesperos,

Juntando conciencias firmes

Reclamando tu derecho,

Luchando con mil desvelos,

Vuestra lucha ningún estado fascista callara,   va creciendo más vuestra firmeza, con vuestra lucha diaria

SIN PATRIARCADO PARA NO MORIR, SIN CAPITALISMO PARA VIVIR

Una fecha que nació indisolublemente ligada al movimiento obrero, como tantas otras conquistas, arrebatada de la memoria colectiva nos es devuelta domesticada y funcional para las clases dominantes. Y no, no es el “Día internacional de la Mujer”. Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases no hay comunidad de intereses entre todas las mujeres y el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social a la que se pertenece. Somos las mujeres trabajadoras, pobres, las que sufrimos el peso múltiple de la subordinación, la discriminación de género, la explotación de clase, el racismo y el sexismo.

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