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A aquellos hijos de la clase obrera (y digo bien, hijos; a las hijas, el nacionalcatolicismo patrio les tenía reservadas “sus labores”) nacidos en la España de los Planes de Desarrollo de los primeros años 60 del siglo XX, del fascismo yeyé recién salido de la autarquía, no nos dejaban demasiadas opciones para ejercitar la práctica deportiva. Descartados el tenis, la natación olímpica, y prácticamente cualquier deporte que requiriese una mínima infraestructura, de la que carecían unos barrios construidos a toda prisa para acoger la mano de obra procedente del acelerado éxodo rural, sólo nos quedaba el fútbol.

Más que campos teníamos descampados, donde ya asomaban las primeras chabolas; más que tierra (la hierba era impensable en según qué latitudes) teníamos piedras, con las que montábamos las porterías; más que pelotas “de reglamento” (todo un lujo que otorgaba privilegios a su afortunado poseedor) teníamos pelotas de plástico (un material que por entonces ya hacía furor) o de tela rellena con guata por nuestras esforzadas madres. El Mundial de Fútbol era “lo más” para esos niños que crecimos ya delante de un televisor, en blanco y negro, por supuesto. Tostao, Rivelino, Marco Antonio, Pelé,…, del Brasil de 1970; Breitner, Beckenbauer, “torpedo” Mueller,…, de la Alemania Occidental; o Lato, de aquella impresionante selección de la Polonia socialista de 1974, marcaron una infancia en la que España ni siquiera se clasificaba para los mundiales.

En un artículo anterior analizábamos el auge del running y todo el negocio que mueve, confirmando que en el sistema capitalista ni correr es gratis.

Se mercantiliza todo, incluso nuestro tiempo y la forma de relajarnos; siendo estos deportes tan simples, ejemplo perfecto de cómo todo tiene una vuelta más para invertir nuestros salarios en cosas que no necesitamos, pero nos obligan a necesitar.

Pues bien, dentro de este mercado de locura runtástica encontramos el meganegocio por excelencia, las carreras o maratones.

Explicamos un poco como funcionan estas quedadas deportivas. Una persona se inscribe para correr una carrera de 5, 10, 21, 42 kilómetros o los que los cuerpos aguanten y pagan una cuota por dicha inscripción. A cambio una camiseta y un ratillo de deporte. Mínimo gasto para los organizadores, que nos crean la necesidad de acudir allí a hacer algo que podemos hacer gratis en la calle de al lado. Un negocio redondo.

A esto, por supuesto, podemos sumar la cantidad de infraestructura que estas carreras conllevan. Por poner un ejemplo, en la carrera más grande del mundo, la de Nueva York, se llegan a congregar 50.000 personas como deportistas y cerca de 2 millones de personas como espectadores y espectadoras. Simplemente ya con las inscripciones de los y las deportistas, que ronda los 250 dólares, la organización ingresa más de 12 millones. A esto hay que sumar hoteles, compras, publicidad, viajes, etc. de deportistas y público. En fin, un negocio de lo más rentable.  

Hace poco comentábamos cómo las Olimpiadas se adulteraban a conveniencia de quien ostenta el poder económico.

La vergüenza de que el COI no permita a Rusia participar con su bandera es fruto de la lucha del capital imperialista yanqui europeo contra Rusia, contra la “heredera“ de la URSS que tantas y tantas veces le sacó los colores (el rojo sobre todo). En los países socialistas el deporte era asignatura obligatoria y se promocionaba sin prestaciones económicas desorbitantes. Deporte salud.

No creo que tuvieran el don de la premonición cuando el COI hizo esto, cualquier excusa fue válida, aunque nunca queda clara cuál o por qué fue. Ahora la excusa es la invasión de la democrática Ucrania.

Y ahí están los archimillonarios de la UEFA, la Liga española y todos estos pobres que no llegan a fin de mes.

La UEFA decide trasladar la final de la Champions de San Petersburgo a París. Obviamente no hay riesgo para los jugadores, ni para los árbitros, ni para los espectadores, pero se sanciona a Rusia desde un organismo que se supone internacional y que no tiene potestad para sancionar políticamente a nadie. No es un organismo representativo de naciones ni está dotado de fuerza jurídica para sancionar a una nación, pero lo hace, aunque el dictador es el otro, por supuesto.

Cuando vives en un sistema que mercantiliza todo lo que puede, hasta salir corriendo sale caro. Y es que, un deporte tan simple y sencillo como correr se ha convertido en todo un negocio que mueve una cantidad ingente de dinero.

Tiempo atrás, salir a correr no requería más que unas zapatillas (o remontándonos mucho ni eso) y buen pulmón para no caer rodando. Ahora, toda la mercantilización que nos rodea ha llevado a exigir una gran equipación. Salir a correr, anteriormente llamado hacer footing y actualmente llamado running, ha pasado a ser un escaparate de moda y complementos. Zapatillas con amortiguación, supinación o pronación, valor mínimo 100 euritos de nada; equipación que transpire pero abrigue, cortavientos, mallas de diseño; reloj con cronómetro y pulsómetro, GPS, medidor de velocidad, altitud, ritmo; móvil con una buena plataforma de pago para reproducir música, unos buenos auriculares, cuanto más pequeños y caros mejor, y la foto de rigor, no vaya a ser que nuestras RR. SS. no reciban los likes que nos merecemos por hacer un ratito de ejercicio. Precio total, un par de meses de salario mínimo.

Hoy día, la actualidad ronda el boicot a los Juegos Olímpicos de invierno que se celebrarán en China. No es el primero, como ya hemos visto, ni el único, puesto que ha habido muchos otros.

El imperialismo necesita de propaganda y, pensando en aquel viejo fascismo hitleriano, con sus superhombres y supermujeres, sería extraño que boicotearan cualquier evento deportivo.

De hecho, la sonada norteamericana se ha quedado, al parecer, en un boicot diplomático.

Honrosamente, solo la España Republicana y, por supuesto, la Unión Soviética, fueron los únicos países en boicotear los Juegos Olímpicos del Berlín nazi de 1936. Otra cosa fue el desarrollo de dichos Juegos, donde Austria fue beneficiada en su partido de fútbol contra Perú alegando invasión del campo por los aficionados (en su mayoría austriacos y alemanes). Y todo después de anularle 3 goles a Perú, que aún así ganó por 4-2, pero al final pasó Austria…. No es la única vez que ha ocurrido, pero nunca con tanto descaro. Dejaremos las decisiones arbitrales para otro capítulo.

Volviendo al boicot, sí que hubo muchas personas y organizaciones que apostaron por boicotear los Juegos Olímpicos de Berlín, pero se los pasaron por el arco del triunfo. Y por supuesto, los EEUU participaron.

El segundo boicot es menos conocido. En los Juegos Olímpicos de Montreal (1976) 32 estados, la mayoría africanos, boicotearon los juegos. Los países africanos pidieron la exclusión de Nueva Zelanda, porque su selección de rugby había jugado frente a los Springboks en Sudáfrica, país excluido del COI por su política racista del apartheid. El medallero lo terminó encabezando la Unión Soviética, seguida de la RDA.

Pintadas en su fachada del The Park Hotel Melbourne, lugar en el que se encuentra retenido Novak Djokovic [6]

Como no podía ser de otra manera en el actual de dominación capitalista, el mundo del deporte no es ajeno a las burdas manipulaciones políticas de la ideología dominante. En este caso vamos a hablar de tenis, un deporte claramente clasista cuya práctica no está al alcance de las clases obreras y populares a no ser que el polideportivo municipal cercano disponga de pistas de tenis practicables, (que no suele ser el caso). Aunque a veces tras una meticulosa y meditada planificación no es complicado acceder “destrangis” a las instalaciones de urbanizaciones privadas de veraneo que cuentan con alguna pista de tenis. En cualquier caso, es bien conocido que al tenis profesional sólo pueden optar familias que dispongan de más de 40.000 euros al año para internar a la descendencia en un prestigioso club de tenis del Estado español. Gasto inabordable para una familia trabajadora.

Cuando se llega a una determinada edad hay que intentar realizar una actividad física, el cuerpo te lo pide y te lo va a agradecer,  pero lo primero que constatas es que es complicado practicar deportes de grupo en esta sociedad crecientemente individualizada.  Ahí es donde aparecen los deportes solitarios, como correr, ir en bici, o nadar. He conocido dos grupos de personas que van a nadar, los que van un poco obligados por el médico: accidentes, dolores de espalda…muchos de ellos como consecuencia de lesiones laborales, y quienes, como es mi caso, somos felices en el agua, pues la natación de forma intermitente nos ha acompañado desde niños.

Ambos grupos coincidimos en que cuando sales del agua lo haces fortalecido tanto física como mentalmente. No olvidemos que es imposible que haya mejora física sin mejora mental.

Nadar es un estilo de vida. Levantarse temprano, entrar en el agua, dejar la mente fluir  Disfrutar mientras el cuerpo se estira, se esfuerza, suda (sí, debajo del agua también se suda). Notas la sangre circular mientras controlas la respiración. La sensación al salir de nadar es que estás más fuerte, tu cuerpo ha generado endorfinas que te hacen afrontar el día con una predisposición mejor y, en medio de las complicaciones que debes enfrentar en esta sociedad, eso no es en absoluto despreciable.

De ahí poco a poco se da el siguiente paso que es ir a nadar al mar, la base, el fondo se ha de coger en la piscina. Si nadar en piscina es bueno, el ir a nadar al mar es algo especial. Quedar con los amigos temprano. Empezar a nadar cuando el sol va despuntando por el horizonte. Sentir las gaviotas volando cerca.  Reconocer a la luna recogiéndose provoca una sensación de libertad y plenitud. Es una sensación mágica, especial, de contacto directo con la Naturaleza, que genera aún más endorfinas.

El deporte rural vasco, como el pueblo que lo practica, hunde sus raíces más allá́ de la historia conocida. Estos deportes forman parte de los rasgos peculiares que caracterizan a este pueblo milenario cuyos orígenes, aún hoy, historiadores, antropólogos, etnólogos y otros especialistas no han logrado desentrañar.

El pueblo vasco, un pueblo milenario y ancestral ha desarrollado a lo largo del proceso histórico de los tiempos unos rasgos: lengua, cultura, folclore, tradiciones, vínculos económicos y otros aspectos diferenciales en relación a los pueblos que le rodean, entre los cuales habría que incluir los deportes practicados por dicho pueblo. Estos rasgos han ido creando un sentimiento y conciencia de identidad nacional propia, que junto a otros pueblos que componen el Estado español, catalán, gallego, han hecho de este país un Estado de carácter plurinacional.

Se considera deportes rurales vascos aquellos que tienen su origen en las actividades laborales del medio rural y que se han ido transformando en actividades deportivas. Enumeramos los más conocidos.

-- La pelota vasca (Euskal pilota): Debido a su origen vasco y su implantación en el medio rural se le considera un deporte rural, pero no lo es. Se diferencia del resto porque no tiene un origen laboral sino más bien lúdico. Se juega en un frontón del que existen dos modalidades: el frontón corto de 36 metros de longitud.

A lo largo de nuestra historia muchos cronistas se hicieron eco de la manera en que nuestros antepasados saltaban a través de los profundos barrancos de nuestras islas. Para ello los cabreros canarios usaban una lanza, también llamada astia o garrote, cuyo tamaño dependía del terreno; otro factor determinante del tamaño de la lanza era el peso de la persona que lo iba a utilizar.

Este sistema se utilizaba en todas las islas y el pastor o cabrero portaba siempre su lanza. Para ellos no existía impedimento alguno a la hora de sortear risco y saltar obstáculos en su tarea de apacentar sus rebaños de cabras por las cumbres y barrancos.

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