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El deporte rural vasco, como el pueblo que lo practica, hunde sus raíces más allá́ de la historia conocida. Estos deportes forman parte de los rasgos peculiares que caracterizan a este pueblo milenario cuyos orígenes, aún hoy, historiadores, antropólogos, etnólogos y otros especialistas no han logrado desentrañar.

El pueblo vasco, un pueblo milenario y ancestral ha desarrollado a lo largo del proceso histórico de los tiempos unos rasgos: lengua, cultura, folclore, tradiciones, vínculos económicos y otros aspectos diferenciales en relación a los pueblos que le rodean, entre los cuales habría que incluir los deportes practicados por dicho pueblo. Estos rasgos han ido creando un sentimiento y conciencia de identidad nacional propia, que junto a otros pueblos que componen el Estado español, catalán, gallego, han hecho de este país un Estado de carácter plurinacional.

Se considera deportes rurales vascos aquellos que tienen su origen en las actividades laborales del medio rural y que se han ido transformando en actividades deportivas. Enumeramos los más conocidos.

-- La pelota vasca (Euskal pilota): Debido a su origen vasco y su implantación en el medio rural se le considera un deporte rural, pero no lo es. Se diferencia del resto porque no tiene un origen laboral sino más bien lúdico. Se juega en un frontón del que existen dos modalidades: el frontón corto de 36 metros de longitud.

A lo largo de nuestra historia muchos cronistas se hicieron eco de la manera en que nuestros antepasados saltaban a través de los profundos barrancos de nuestras islas. Para ello los cabreros canarios usaban una lanza, también llamada astia o garrote, cuyo tamaño dependía del terreno; otro factor determinante del tamaño de la lanza era el peso de la persona que lo iba a utilizar.

Este sistema se utilizaba en todas las islas y el pastor o cabrero portaba siempre su lanza. Para ellos no existía impedimento alguno a la hora de sortear risco y saltar obstáculos en su tarea de apacentar sus rebaños de cabras por las cumbres y barrancos.

La historia de los Juegos Olímpicos de Verano, oficialmente denominados Juegos de la Olimpiada, arranca hace 125 años  (1896) y  tiene  tanto que ver con la confrontación deportiva como con la lucha ideológica. Por supuesto,  también son un espectáculo de masas y en el capitalismo un inmenso negocio.  Son un escaparate  donde siempre hay algo que vender,  pero su dimensión como propagadores de la ideología dominante es tal vez su principal función. Rentabilidad política y económica se dan la mano para imponer los valores de las clases dominantes. La edición de Tokio 2020 ha vomitado su correspondiente cuota de basura.

El tratamiento informativo de las marcas y triunfos sigue siendo diferente según la nacionalidad de quien sube al pódium. Por ejemplo, si gana alguien de China  o del equipo COR (Rusia), se sembrará la duda sobre la “limpieza” de ese logro; si quien lo hace es de Norteamérica, Australia u Holanda, por citar algunos, es por sus grandes dotes y capacidades.

El imperialismo, esa voraz bestia que, ávidamente, va sembrando caos, barbarie y muerte allí donde pisa. Una bestia que no cesa en su acecho a su víctima; tratando de atraparla, de asfixiarla; tratando de cebarse con ella, aún más si cabe. Una bestia que no perdona que una digna y heroica isla del Caribe haya hecho una revolución frente a sus puertas, en el que fuera su patio trasero.

Llevamos años siendo testigos de cómo toda esta vorágine imperialista trata de aniquilar a sus víctimas; tratando de buscar cualquier hueco, cualquier grieta que le pueda permitir debilitarla. Y sí, el deporte tampoco queda exento de ser partícipe en esta agresión.

De sobra conocidas son ya las consecuencias del Bloqueo -impuesto por Kennedy en el 62- a Cuba; bloqueo que también la perjudica en el ámbito deportivo generando muchísimas dificultades a la hora de adquirir material deportivo y/o obtener materias primas para generar el mismo. Por ejemplo, otra de las grandes dificultades era también la imposibilidad de los deportistas cubanos de poder fichar por las grandes ligas sin necesidad de desertar de su país, renunciando así a su nacionalidad. Esta era una de las grandes barreras con la que se topaban los beisbolistas cubanos cuando despuntaban y trataban de fichar por la Major League Baseball (MLB).

 

Otra vez la retórica, la demagogia, la mentira y la traición se apoderan del deporte más popular en España.

Hemos asistido atónitos a una manipulación grosera de lo que pretendía ser un proyecto para enriquecer a los ricos y ningunear y orillar a los pobres, ¡nos suena, ¿verdad?!; lo cotidiano, lo normal, lo habitual, lo de todos los días en todos los frentes.

El relato de lo acontecido podría comenzar con una famosa frase de El Padrino, cuando Don Vito recibe a uno de sus subordinados y le dice al oído: “Voy a hacerte una oferta que no me podrás rechazar”. Comenzamos, por tanto, el guión situando a los actores en el mundo del Hampa, donde se mueven con una jerarquía y protocolos establecidos a través de la imposición por la fuerza, pero sin ninguna nota escrita, sin ningún documento que los delate.

Cuando se nombra lo primero que evoca es un juego de personas mayores, por  ello con el encargo me digo ¡vaya, menuda indirecta! Pero tras indagar un poco descubro que detrás de estas bolas hay bastantes más cosas. Entre juego y deporte, sus requerimientos tanto físicos como económicos hacen que sea muy practicada entre las capas populares de diversas partes del mundo.

Parece que la costumbre de jugar con bolas viene de lejos, sus incondicionales señalan como origen remoto la antigua Grecia donde empezaron jugando con cantos, que cambiaron por piedras de río planas para terminar reemplazándolas por piedras redondeadas más adaptadas al juego y parece ser que ahí codificaron el deporte de tirar bolas y finalmente Galeno, mito o realidad, elogió los méritos de su práctica para la salud.

Definitivamente, si algo caracteriza al remo de equipo es que todas y cada una de las integrantes de un barco forman parte de un todo inseparable que reman a un solo golpe. Todas las paladas han de ir juntas, lo que crea un sentimiento total de equipo y de unión. Si falla una, fallamos todas.

Efectivamente, hoy hablaremos del remo femenino. Otro deporte minoritario con grandes valores que no se publicita en los medios de desinformación y que se fue profesionalizando gracias a aquellos pescadores y marisqueras que cada madrugada salían a la mar en busca de su único sustento. Quien antes llegaba, mayor y mejor mercancía conseguía. Así, poco a poco y con piques entre embarcaciones fue naciendo este gran deporte.

Pero volviendo al remo femenino propiamente dicho... Ser remera requiere un alto nivel de compromiso. Es un deporte muy exigente a nivel físico y mental. 16, 8 o 4 mujeres se enfrentan al mar subidas a un bote, trainera, llaüt, falucho, yola… sin más medios que su barco y su remo. Cada golpe de remo al unísono permite avanzar el barco y eres un todo que no se puede separar nunca.

Una de las últimas noticias sobre la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio es la dimisión de Yoshiro Mori, presidente del  Comité Organizador.  Mori, que fue Primer Ministro de Japón durante poco más de un año, dimitió por sus comentarios sexistas al considerar, en una reunión de Comité Olímpico Internacional (COI), que si se aumentaba el porcentaje de mujeres en este organismo sería conveniente limitar el tiempo de intervención de estas por su tendencia a hablar demasiado.

¡¡Órsay, órsay!! ¡Por expresar la intervención del Gran Capital con una metáfora futbolística si estuviésemos jugando un partido! La clase obrera protesta constantemente las decisiones injustas que los árbitros (los jueces) de turno sancionan a favor del equipo contrario, la oligarquía. En esta situación de la lucha de clases, las trabajadoras y los trabajadores juegan siempre “el partido contra doce” (y ahora con el VAR manipulando las jugadas, por seguir utilizando metáforas).

La desesperación de la oligarquía por obtener la plusvalía que necesita para recuperar la tasa de ganancia, provocó hace tiempo que el mundo del fútbol se viese intervenido a través del desembarco en los clubs de acérrimos seguidores de los equipos de la Primera División, que venían a “ayudar” a la gestión y mantenimiento de sus “equipos de toda la vida”. Eran tiempos complicados, y “honorables hombres” que habían obtenido pingües beneficios con sus negocios especulativos del ladrillo, venían a salvar de su desaparición segura a los clubs históricos de cada localidad (Núñez en el Barcelona, Gil en el Atlético de Madrid, Florentino Pérez en el Madrid; por poner los ejemplos más sonados). El fútbol, un deporte de masas en España, volvía a ser un catalizador económico, financiero y también social para el bloque dominante del régimen monárquico -burgués: ¡Espectáculo, distracción, pasión, populismo, beneficios, promoción y alienación! Todo lo que toca la burguesía perteneciente al pueblo, lo corrompe.

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