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“Cuando yo muera todo debe quedar atado y bien atado, balbuceó el decrépito dictador en su lecho de muerte. Juan Carlos, a quien yo he amaestrado a imagen y semejanza mías –prosiguió el chaparro con voz atiplada– continuará el mandato que yo he mantenido férreamente durante 39 años defendiendo el condenado capital y la venerable iglesia católica.

Ya lo veréis queridos camaradas, ya lo veréis. Es cierto –advirtió el gallego casi expirando– que el chico se volvió algo idiota desde que mató a su hermano de un escopetazo, y por ello comprendo vuestras lógicas reticencias, pero bien arropado políticamente estoy seguro que dará mucho juego, por lo menos tanto como el que yo he dado”, confió satisfecho, justo antes de palmar, a su fiel compinche Arias Navarro, ya saben, el despiadado “Carnicero de Málaga”. Y el réprobo generalísimo por la gracia del  que todo lo puede no se equivocó ni un cacho así. Al contrario, todo se cumplió con precisión milimétrica. Como previó, el Borbón sucedió al aliado del Führer en la jefatura del Estado en 1975, gracias, entre otras organizaciones políticas traidoras y serviles, al PCE que renegó de sus principios y de su historia; después, el pelele, como le llamaba Santiago Carrillo antes de comer en el mismo pesebre, cumplió a rajatabla con la orden de su mentor político: defender al codiciado capital y a la santísima madre Iglesia, y por último, y pese a los numerosos escándalos y desenfrenos habidos y por haber, el campechano Juanito, consiguió mantenerse en el primer puesto del Estado otros 39 abriles. Y ya van 78 temporadas de franquismo y neofranquismo. 

Ahora, es decir, tras la abdicación del malogrado cazador de elefantes, se trata de echar rápidamente otro nudo a la soga que empezaba a desfilacharse por todos lados con el fin de que la atadura permanezca, el tinglado capitalista no se venga abajo y la oligarquía monopolista siga robándonos a manos llenas. Con ese objetivo, y sin complejo ninguno, los dos grandes partidos capitalistas, PP y PSOE, que se han roto la crisma en las últimas elecciones europeas, no han dudado un instante entronizar al príncipe de Asturias como nuevo rey de España el pasado 11 de junio en el parlamento. Al tiempo que otras organizaciones, con un discurso renovado en las formas pero igual de insertado en el sistema, intentan recomponer desesperadamente el escenario político, pero, como digo, sin cuestionar la esencia del sistema capitalista, y sobre todo sin plantear su fin y su sustitución por el socialismo. 

Es el PCPE quien ha expuesto y expone sin ambigüedades su objetivo político en cada momento: acabar con el capitalismo y conseguir todo el poder para la clase obrera, persistiendo en ese camino erre que erre. Más allá de experimentos políticos vistosos o llamativos. Llamando las cosas por su nombre y yendo a la raíz de las mismas. Y la raíz de todos nuestros sufrimientos reside en la propiedad privada de los medios de producción, es decir en el sistema político y económico que tiene su razón de ser en la explotación del hombre por el hombre. Por eso, cuando el conjunto de la clase obrera tome conciencia de ello y se organice en consecuencia para exterminarlo, no habrá atadura que resista ni cantos de sirena que creen en el pueblo falsas esperanzas. 

 

José L. Quirante