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Durante los últimos años ha habido un auge masivo de las denominadas Artes Marciales Mixtas, deporte de combate que nació en la década de los noventa con el objetivo de buscar a un luchador completo y eficaz. Estos combates se televisaron en el programa UFC, hoy mundialmente conocido, y hasta hace relativamente poco, ni siquiera permitía la participación de las mujeres.

No es algo nuevo que la participación profesional de las mujeres en el mundo deportivo sea prácticamente inexistente. De nuevo partimos de las premisas patriarcales de que una mujer, por el mero hecho de serlo, no puede tener un rendimiento deportivo alto, y si lo tiene, se pone en duda su feminidad (normativa). Pero en el mundo de las AMM, donde el estar musculadas, fuertes, tácticas y agresivas es una necesidad visible del mismo deporte, el patriarcado usa otras estrategias, esta vez aliándose con el capitalismo.

Cuando se habla de las luchadoras de AMM, más concretamente las más televisadas por el programa UFC, no se crea una duda en torno a lo “poco femenina” ni se les hace dudar de su identidad sexual y de género por ser mujeres fuertes y musculadas. El patriarcado, a sabiendas de que son características que necesariamente deben ser visibles cuando se practica el deporte, da la vuelta a la situación, exacerbando aquellas imágenes de las luchadoras donde muestran su lado “femenino”. Y aquí es donde entra el capital, en una más de sus alianzas con el patriarcado, convirtiendo éstas imágenes donde se sexualiza y objetiviza a las luchadoras en la estrategia de marketing para la división femenina de UFC. El deporte mediático es una de las grandes bazas del patriarcado. A la vez que actúa como herramienta de alienación, se constituye en el escaparate más importante de la inexistencia de las mujeres.

Que a las mujeres se les dificulta el acceso al deporte es un hecho conocido. El aspecto más desigual es la profesionalización y la remuneración económica de las deportistas de alto nivel. Luego está la desigualdad en la distribución y asignación de espacios deportivos, vestuarios y otras instalaciones, de horarios, material, indumentaria, capacitación de las personas que las entrenan, medios de trasporte para asistir a las competiciones, etc. Cuestiones de feminidad normativa ya mencionadas. Condescendencia y paternalismo dentro de los rings, independientemente del nivel, que frustran a las luchadoras, quienes tienen que aguantar un desprecio a su técnica o su fuerza basado en el hecho de ser mujer, y esto resulta en una obvia desmotivación hacia la profesionalización.

Pero, ¿por qué el patriarcado no quiere que la mujer haga deporte? Bien, en primer lugar, una persona que desarrolla las capacidades del movimiento—la coordinación, la orientación espacio-temporal, el equilibrio, la estructuración del esquema corporal, el conocimiento y control del propio cuerpo, la fuerza y resistencia musculares, la resistencia cardio-respiratoria, la velocidad, la flexibilidad y la agilidad— es una persona más competente para cualquier situación vital.  Estas cualidades se desarrollan a través de la práctica físico-deportiva. Además, el deporte aporta libertad de movimiento corporal, estimula el abandono del espacio privado doméstico y facilita las relaciones personales y sociales. En definitiva, empodera a las mujeres, razón de peso para que desde el orden patriarcal se pongan obstáculos a la práctica deportiva femenina.

Y además, ¿Qué beneficios psicológicos aportan en concreto las artes marciales? Reduce el estrés, promueve la concentración, mejora nuestra capacidad de reacción, ayuda al desarrollo cognitivo, eleva nuestro ánimo, aporta seguridad y confianza en una misma... y es un sistema de autodefensa. Hoy en día no es posible excluir directamente a la mujer de los torneos deportivos, así que opta por sexualizar a la minoría que llega a alcanzar el éxito deportivo, para así desmotivar al resto de mujeres sobre la función utilitaria que tiene este deporte: sentirse segura, confiada y poder protegerse a una misma.

El feminismo debe usar las artes marciales o deportes de contacto como una más de sus herramientas, alcanzando una visión que englobe la auto-defensa de manera holística: no solo sé defenderme físicamente, sino también psicológicamente. Un excelente ejemplo de ello es el gimnasio SheFighter en Jordania, escuela feminista de artes marciales, donde las alumnas reciben clase de autofedensa, combate y talleres de concienciación sobre violencia machista, creando un espacio seguro de empoderamiento para las mujeres. Ante la cultura del silencio, su fundadora asegura que “las artes marciales no proporcionan culto al cuerpo, sino seguridad personal, esa es la verdadera razón por la que las luchadoras continúan entrenando”. Bajo la misma filosofía encontramos en Madrid el gimnasio La Fabrika de Vallekas, que también trabaja física y psicológicamente la autodefensa, organizando talleres y seminarios de concienciación, además de mantener un espacio seguro para sus entrenamientos. Usemos estos ejemplos para seguir alcanzando diferentes herramientas en la destrucción del patriarcado y construcción del socialismo.

Tamara M. Lago