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Damos un giro puntual en esta sección deportiva de UyL y aprovechamos para hablar del papel de la dignidad y la privacidad en un mundo – el del deporte profesional – absolutamente dominado en todas sus expresiones por el dinero. Usaremos el caso de dos deportistas de élite y cada quien que saque sus conclusiones.

Famosos por saber tocar con maestría un balón y entrenar duramente para ello, los dos – Luis Enrique y Sergio Ramos – son personajes mediáticos, cada uno con sus particularidades, desde hace mucho tiempo. Desde lo mínimo posible del primero y limitado a cuestiones profesionales sin atender a posturas pretendidamente glamurosas, al esperpento exhibicionista del segundo; cada uno de ellos ha construido su realidad vital y profesional con diferentes posiciones respecto al dinero y la fama.

Los dos han cobrado cifras millonarias haciendo lo mismo; se les supone un importante patrimonio y cada uno ha valorado su dignidad y privacidad de forma muy diferente. Un claro ejemplo de la famosa frase, no siempre suficientemente ponderada en todos los ámbitos de la vida, de que no todos somos iguales.

Pero no se trata aquí de hablar de uno y de otro, pues solamente queremos usar sus casos para ejemplificar el grado de decadencia ética de una sociedad que, por un lado, convierte en normal lo que nunca debiera serlo, y degrada hasta cotas insospechadas a los protagonistas y a la sociedad que se alimenta, moral y culturalmente, con esos desperdicios. Por otro lado, esta misma sociedad de consumo, hace extraño lo que, sin la menor duda, debiera ser el comportamiento natural de cualquier persona digna que se respeta a sí mismo y a los suyos.

Vender tu intimidad y convertir en mercancía tu existencia y la de tus hijos se ha convertido en el paradigma de esta sociedad. Cualquier imbécil es un “influencer” que usa el mercado para mantener activa la rueda del consumo y la alienación.

Sin embargo, y frente a esta posición dominante, siguen siendo muchos los casos de RESISTENCIA, ¡sí con mayúsculas! de millones de personas anónimas que, con cualquier gesto o decisión que adoptamos individual o socialmente en los más variados ambientes y circunstancias, haciendo frente a la hegemonía material e ideológica del capital, construimos las referencias por la que, cada día, se demuestra que vale la pena luchar.

Frente al espectáculo bochornoso de la boda de Sergio Ramos, -por no hablar de sus estúpidas palabras de opinador mediático hablando de la unidad de España (sinceramente me quedo con Pepe Rubianes) – tenemos la firmeza de otro deportista de élite – Luis Enrique -, que enfrenta sus dificultades familiares como debiera hacerlas cualquier persona digna, sin ceder al reclamo/chantaje del dinero.

Un hecho así merece un hueco en estas líneas dedicadas a promocionar el deporte como factor de desarrollo de la salud y de valores de sociabilidad sanos y diferentes.

¡Nos leemos en Septiembre!

Paco Montllor Salens