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El ensayo sobre la clase obrera británica del siglo XX Pueblo de Selina Todd, está dividido en tres momentos históricos y tres referentes de la clase obrera. La primera de ellas es CRIADOS. Selina Todd dedica muchas páginas a describir el deseo de las mujeres de clase obrera de escapar de los trabajos domésticos para otras clases; llega a afirmar que para las mujeres trabajadoras la Primera Guerra Mundial supuso una liberación porque la necesidad de mano de obra en las fábricas permitió que huyeran de las casas en las que servían. El motivo no era que deseasen producir armas por patriotismo, sino que había un horario laboral que les permitía tener vida propia. Las señoras, por su parte, clamaban moralidad. Si este argumento tiene la más mínima consistencia es difícil concebir que Roma, la última película de Alfonso Cuarón muestre un espacio para la sororidad o, incluso, el pacto interclasista.

Roma cuenta el viaje dialéctico de una mucama, Cleo, interna en una casa pequeñoburguesa con cuatro hijos. Mientras tanto, el ama es abandonada por su marido. Cleo, que todavía no se reconoce en su lugar, quiere salir a la calle (incluso encuentra un amante). Este deseo de vida propia la lleva a quedarse preñada. El amante, por descontado, la abandona a pesar de los intentos de Cleo por agarrarse al mundo exterior.

Las clases populares y el mundo exterior vuelven en el enfrentamiento entre estudiantes y paramilitares, entre los que está el padre de la criatura (matanza de Corpus Christi, 1971). Combate que provoca que el bebé nazca muerto (narrada con prolijidad reaccionaria). Cleo supera la depresión por la pérdida cuando salva en la playa, aunque no sepa nadar, a dos de los hijos de la ama. Después, todos abrazados, reconoce que no quería al hijo de su vientre, pero sí a los hijos de la señora. Dicho de otro modo, que el motivo de su existencia son los hijos de su patrona. La última escena es emética: la familia regresa a la casa familiar y, todos reunidos menos ella, ven la tele; Cleo tiende la colada. Cleo es convertida en el ángel abnegado.

¿Qué hubiera pasado si Cleo hubiera tenido ese hijo de su vientre y a quien no quería como a los hijos de su señora? Lo filmó Anna Muylaert, Una segunda madre (2015): la lucha de clases hubiese estallado y el viaje de la criada hubiera surcado el sentido contrario. En algún momento, hubiera sentido la presencia del mundo exterior que significa su hijo y la lucha de lealtades hubiera impedido la entrega completa a la familia a la que limpia, cuida… y ama.

¿Cuáles son las trampas narrativas que permiten que obviedades como éstas pasen completamente desapercibidas?

La primera la explicó Walter Benjamin en Tentativas sobre Brecht: el regodeo en la miseria y el sufrimiento. Narrar la miseria simula adoptar la posición de los individuos que la padecen; sin embargo, sino lo acompaña la lucha política, individual o colectiva, contra ella es directamente reaccionaria. Es decir, hozar en la miseria esconde la política reaccionaria, pero tras un juego ilusionista de espejos que la definen como compasión.

La segunda trampa es el narrador. Roma es narrada por uno de los hijos, el más apocado, que habla del futuro en tiempo pasado. La mirada inocente del niño, como si mostrase el mundo tal cual es sin interpretación ideológica, oculta su posición de clase. Y en este sentido tienen razón quienes afirman que Roma ofrece un pacto interclasista, pero en la que las clases populares están sometidas a las necesidades de la pequeña burguesía.

Jesús Ángel Ruiz Moreno