Compartir

En una primera parte conté brevemente cómo las diferentes formaciones sociales interpretaban al lobo y cómo los ecofeministas atribuyéndole cualidades innatas al hombre blanco heterosexual explican el declive del lobo en España. La crítica que Concha López Llamas hace a la regulación de los lobos cae en vincular esos elementos culturales y de una sociedad organizada patriarcalmente. Pero las cosas no son así.

Que el lobo esté amenazado o pueda recuperarse, a día de hoy, depende de si es capaz de adaptarse al modo de producción capitalista o no. Esta afirmación parece la fácil excusa, y recurso, cuando no se tienen los suficientes argumentos. Un poco como la argumentación de la culpa de todo la tiene el patriarcado o el hombre blanco heterosexual. A modo de ejemplo, Concha asegura que la matanza de lobos muestra que las viejas concepciones patriarcales siguen vigentes, que la humanidad se sigue rigiendo por la lógica del dominio, y que el hombre no quiere reconocerse como el animal que es.

¿Dónde en esta argumentación está la lógica del capital? Para los ecofeministas la economía no es algo a tener en cuenta, más allá de un lugar donde pelear comprando las mercancías que respeten el medioambiente, sean de comercio justo, etc. No conciben que ese mercado esté regido por unas reglas muy concretas y es un mercado coercitivo, nada democrático.

Entonces, ¿proponen los ecofeministas que puede haber un capitalismo de rostro animal en el que el hombre blanco heterosexual pierda las “prebendas” conseguidas a lo largo de la historia y así el mundo viva en paz y armonía?

Desde la llegada a América y su posterior conquista, el capitalismo dará su asalto a poseer el mundo completo. Su expansión por el planeta acarreó la incorporación de nuevas gentes y nuevos territorios. Estos nuevos territorios tenían unos ecosistemas en los cuales las diferentes formaciones sociales tenían una interrelación (nada idílica) que el capitalismo transformaría. La característica fundamental del capitalismo es que es capaz de someter a los ecosistemas y transformarlos, creando así nuevos ecosistemas en los que la ley del valor es una más de las variables a tener en cuenta.

Ahora las especies también deben adaptarse (sea cual sea el significado de adaptación) a la ley del valor. Si no son capaces, desgraciadamente desaparecerán. La relación de especies que han desaparecido desde 1942 se ha disparado respecto a centurias previas y conforme pasan los años la razón de extinciones aumenta.

El problema del lobo y su recuperación no es otro que el capitalismo está transformando los ecosistemas donde él vive a otros en los que no puede desarrollar su actividad vital. Así, o se adapta a estos nuevos ecosistemas capitalizados o está condenado a pasar a la historia. Se pueden hacer políticas para la conservación del lobo, una de ellas pasa por convertirlo en mercancía, pero entonces su supervivencia dependerá de esa intervención, un fallo de presupuesto o recortes por una crisis y el lobo estará en las mismas.

La solución es muy compleja, si es que la tiene, pero ésta pasa indudablemente por cambiar el modo de producción capitalista por uno comunista.

Manuel Francisco Varo López