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El pasado 14 de diciembre se clausuró en el teatro Mella de la ciudad de La Habana la cuadragésima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Una edición que respondió plenamente a todas las expectativas, tanto de público, colmando cada día las salas de proyección habaneras, como respecto al interés fílmico de las películas presentadas a concurso y fuera de él. Cerca de 400 filmes pertenecientes a las producciones más variadas asaltaron las pantallas combinando estilos y talentos admirables. Evidentemente abordar aquí todas esas películas sería tarea imposible. Sin embargo resumiremos lo más destacable del Festival. Los Premios Corales al mejor largometraje y música original fueron para la película colombiana “Pájaros de verano”, de Ciro Guerra y Cristina Gallego que, precedida del éxito obtenido en la Quincena de Realizadores de Cannes, cuenta la historia real de una familia indígena Wayuu que maneja el tráfico de marihuana en detrimento de sus valores ancestrales. Una película de “gánsteres y espíritus” según sus directores. El premio a la mejor dirección se lo llevó el mexicano Carlos Reygadas por su obra “Nuestro tiempo” que también conquistó el premio a la mejor fotografía. Se trata de un melodrama nada convencional que se centra en un triángulo amoroso bastante mal parado.

Los mejores actores de las películas a concurso fueron la mexicana Ilse Salas, por su impresionante interpretación en “La niñas bien”, de Alejandra Márquez, una sátira acerada de la clase media alta mexicana, y el argentino Lorenzo “Toto” Ferro, por su no menos extraordinaria aportación en “El Ángel”, de Luis Ortega, un thriller perturbador basado en Carlos Robledo Puch, el preso común que acumula más cadenas perpetuas en Argentina. El Coral al mejor guión fue para el director y guionista argentino Carlos Sorín, por “Joel”, un retrato honesto sobre las complejidades de un proceso de adopción.

Cine contracorriente

Por su parte el cine cubano, que se halla en un momento de notable crecimiento artístico, de producción y de escucha internacional, tampoco estuvo ausente de los premios ni del aprecio del público. Tres películas: “Inocencia”, de Alejandro Gil, sobre el fusilamiento de 8 estudiantes de Medicina por las autoridades coloniales españolas en 1871; “Nido de Mantis”, de Arturo Sotto, un thriller sugestivo impregnado de importantes acontecimientos ocurridos en Cuba durante cuatro décadas e “Insumisas”, de Fernando Pérez y Laura Cazador, basada en la historia auténtica de Enriqueta Faber, una suiza que a principios del siglo XIX emigró a Cuba y se hizo pasar por hombre para poder ser médico, obtuvieron ex aequo el premio Especial del Jurado.

En suma un crudo excelente el de este año, porque como dice Susana Molina, directora de la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV) fundada por Fidel Castro y García Márquez, “aunque haya quien cuestione si este es el nuevo cine latinoamericano o no, la novedad que mantiene es la de ser un cine contracorriente, no comercial; una frescura que no ha perdido, la que aplaude el público cubano cada año llenando las salas de cine”.

Rosebud