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Desde sus inicios, el fútbol ha sufrido los golpes de un sistema que lo inmoviliza y lo manipula a su antojo y beneficio propio. Para poder comprender lo que es el fútbol popular y la corriente contra el fútbol negocio, englobado todo a nivel internacional por el movimiento existente “Against Modern Football”, es importante exponer las bases de este deporte globalizado y carente de esencia.

El origen como tal, se suele fechar el 26 de octubre de 1863, día de la creación de la “Football Association”. Tras ésta no tardan en llegar los primeros sesgos de mercantilización, la creación de la “FA Cup” en 1871 implica el cobro de entradas para presenciar los encuentros y como consecuencia los jugadores empiezan a recibir ofertas económicas por jugar. Lo que en principio supuso un rechazo por parte de la “Football Asociation”, el 20 de julio de 1885 se vio forzada a oficializar el profesionalismo. Para financiar los fondos destinados a los jugadores, los clubes más poderosos organizaron una serie de encuentros, así nació la “Football League”, la primera competición de liga de la historia.

Desde este punto hasta la actualidad, el fútbol ha pasado por una gran cantidad de transformaciones mercantiles que han convertido institucionalmente este deporte hasta lo que conocemos hoy en día. El capitalismo lo infecta todo y con el deporte no es diferente, en el fútbol cobra su máximo esplendor. Consecuencias como la ley del deporte 10/1990, en la que aparece la figura de la S.A.D. (Sociedad Anónimo Deportiva) no es más que otra estrategia de control del capital frente a los socios de los clubes de fútbol.

Por otro lado, el fútbol no se entiende sin gente, sin afición. La mercantilización de este agente, ha sido transformada al antojo de los que controlan y tienen el poder en el fútbol. A los aficionados los han expulsado de los campos y con el apoyo de sus medios de comunicación los han llevado delante de televisión a comprar el canal plus y tragarse el partido del lunes por la noche. Esta no es más que otra consecuencia, que indudablemente, ha implicado el crecimiento de los clubes más grandes de Europa. Desde el reparto de las grandes empresas del fútbol (llamadas equipos) de los derechos televisivos a que, por ejemplo, en Asia u Oceanía crezca lo que son “aficionados” de televisión. Y como no, todo esto aderezado con altas dosis de reportajes y emisiones de programas inertes y vacíos de contenido deportivo. Esto es el capitalismo en su máximo, lejos de la esencia de ir al campo a ver al equipo de tu ciudad, a disfrutar del ambiente y el sentimiento palpable sobre el verde.

Tras la descripción de las patologías de lo que es el fútbol en la actualidad, se deben introducir las bases de lo que el fútbol ya significa para muchos, lo que algunos denominan fútbol popular. Principalmente se basa en el trabajo por conseguir que el control de los equipos sea plural y de sus socios, que el acceso a los partidos no se traduzca en una condición elitista, por luchar contra estereotipos sexistas y xenófobos que al deporte le han sido impuestos, por aportar otro foco de concienciación social y en definitiva volver a dotar al fútbol de su esencia. Obviamente, esto no es sencillo, pero ya es palpable en muchos equipos y ciudades a nivel nacional e internacional este futbol repleto de respeto, relaciones, sentimientos y valores.

La lucha contra este sistema opresor en el que vivimos debe ser en todos los aspectos de la vida. La que concierne al campo deportivo no se encuentra al margen de la lucha de clases. Esta debe ser otra vía paralela de trabajo, que junto al resto luchas allá donde el capitalismo nos explota, sirva de denuncia y ejemplo de que otra forma de organización es posible.

En esta brecha es donde entra el movimiento de fútbol popular, equipos como el CAP Ciudad de Murcia, el FC Tarraco, el Atlético Club de Socios y el UC Ceares entre otros; o los recién nacidos UD Aspense y CFP Orihuela Deportiva, son claros ejemplos de que esta lucha es activa y los lazos sólo acaban de empezar a estrecharse. Desde la parte que a algunos nos toca, vemos que no es fácil, que hay muchas dificultades y cada club funciona de manera distinta, generalmente en base a sus condiciones sociales y deportivas marcadas por el ámbito local, comarcal y/o territorial. Pero lo que sí queda claro es que el fútbol es por y para sus aficionados, fuera de manos ajenas que se apoderan de los clubes tratando de gestionarlos a su antojo (buscando redito económico-político o no).

Para terminar me gustaría dejar a modo de reflexión unas palabras de Leo Beenhakker puestas en boca de Marcelo Bielsa: “Los empresarios que se adueñan del fútbol creen que los aficionados son asimilables a los 30.000 operarios que tienen trabajando. Y un aficionado no es un operario. Un operario trabaja, un aficionado siente. No se debe tratar al aficionado con los códigos que se usan para un operario. Como el resto del mundo es de los empresarios, ellos nos tratan sólo en función de la productividad que somos capaces de proporcionar”.

Miguel Ángel Murcia

Presidente CFP Orihuela Deportiva