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Se ha puesto de moda un término de uso mediático que se utiliza para definir la manipulación informativa y la tergiversación de hechos objetivos, distorsionando, premeditadamente, la interpretación de los mismos. Se trata de la construcción de imágenes o discursos que aparentan ser hechos verdaderos con la clara intención de engañar a los receptores de sus contenidos.

El término post-truth fue establecido por el diccionario de Oxford en 2016 como palabra del año y fue incluido por la RAE, a finales de ese mismo año, como posverdad.

La posverdad es una concepción asumida como natural en las diferentes formas y medios de comunicación. Contar la verdad parcialmente, verter noticias e imágenes manipuladas para causar impacto, fragmentar, alterar y desnaturalizar el discurso para crear confusión ideolóTelva Mieresgica, anteponer los intereses propios de quien emite las noticias a los hechos objetivos. Eso es la posverdad; dar carta de naturaleza a la deshonestidad y la mentira.

Todo en la lógica capitalista vale. Todo es susceptible de ser comprado y vendido. La opinión y la información son productos de consumo y los individuos, ansiosos consumidores que abren las puertas a redes sociales y medios de comunicación, engullen informaciones y mensajes sin necesidad de demostrar o contrastar si son verdaderos o falsos.

Que el capitalismo maniobra con la voluntad y la conciencia de los pueblos es un hecho incontestable, pero que organizaciones, pretendidamente revolucionarias, contagiadas de la retórica y los trapicheos de la clase dominante, manipulen, mientan y traten de generar corrientes de opinión que les sean favorables , enredando verdades y mentiras con el fin de alcanzar a mayor número de parroquianos, es de una mediocridad y una vileza que sólo puede producir desprecio y rechazo.

No hace falta irse muy lejos a buscar ejemplos de cómo se construyen noticias manipuladas y engañosas para encajarlas en el imaginario de un entorno al que se engaña planificada y deliberadamente.

En los últimos meses, hemos podido contabilizar, al menos en cuatro ocasiones, cómo los elementos fraccionales que intentan arrebatar la historia y el patrimonio del PCPE, se apropian de imágenes y noticias generadas en movilizaciones en las que interviene el Partido, con una presencia importante de militantes, banderas y distintivos y las utilizan para ilustrar y “engordar” el contenido de sus redes sociales.

Estos resabiados, valiéndose de engolados y redichos titulares, proclaman que ellos estaban allí y para revalidar el embuste acompañan el sermón con fotos en las que, verdaderamente, hay presencia del PCPE, pero no de los que intentan manosearlo y ensuciarlo.

Pocas mezquindades habrá mayores que una organización política trate de confundir a sus seguidores falseando la realidad de forma tan despreciable

Ante la incapacidad de estos personajes de poder asegurar una mínima presencia y ante la manifiesta incompetencia para conformar un cortejo con sus adeptos, en lugar de aceptar sus limitaciones, estos comediantes difunden sus tramposas noticias “rebañando” en las publicaciones del PCPE todo aquello que les puede ser útil para justificar su gandulería y su nula actividad política. Estos sujetos han hecho de las redes sociales su espacio de debate político y propaganda con quienes comparten sus publicaciones y sus gustos.

Este proceder es un paradigma de lo que significa el concepto de posverdad. Flamantes y nuevos términos para definir viejas e indecorosas prácticas.

Telva Mieres