Cuando Marx se enfrentó, en su principal obra de economía política, al análisis esencial de la sociedad capitalista, comenzó por lo que él consideraba su núcleo fundamental: la mercancía. Lo hizo, porque la mercancía se coloca como el elemento fundamental en que se organiza el trabajo social en el capitalismo. ¿Qué quiere decir esto?, pues que en la sociedad capitalista se parte de una relación social básica, que a lo largo de los años se ha convertido en la relación social general: la basada en el trabajo individual que crea un producto, un valor de uso, que tiene que ser intercambiado en el mercado, por otro producto que se convierte en un equivalente del mismo. Este producto se convirtió en el dinero como expresión del equivalente universal de las mercancías. Para que exista un intercambio generalizado de mercancías producto del trabajo individual tiene que haber un reconocimiento social de que el producto de ese trabajo es la consecuencia de un individuo libre y que voluntariamente realiza dicho trabajo; es decir, libre de cualquier dependencia personal con otra persona. Por tanto, el desarrollo del trabajo personal, libre y voluntario de la sociedad de productores de mercancías, tuvo una conciencia libre que se reflejó en el reconocimiento formal de la igualdad de las personas; el concepto de ciudadanía y la consecuente conciencia burguesa de ser una persona libre y con voluntad propia y natural.

Entrevistamos al compañero Víctor de la Asamblea Popular de Elda-Petrer para denunciar la represión que viene sufriendo el movimiento popular de Elda-Petrer de manera sistemática.

La represión contra la organización obrera y popular nunca es casual dentro del capitalismo, los cuerpos y fuerzas de represión del estado y las organizaciones fascistas tienen como objetivo reprimir toda forma de resistencia popular que ponga en peligro la acumulación de capital por parte de la patronal.

El PCPE y la JCPE no ponemos precio a la solidaridad, y por ello, nos solidarizamos con todas aquellas personas que han sufrido la represión por luchar.

La infección por SARS-CoV-2 mata, pero mata más en el capitalismo.

Este año el 28 de abril o Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo viene marcado por la pandemia de COVID-19, causada por la infección del nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Si bien es cierto que la exposición a dicho virus es la responsable de las más de 3 millones de muertes y aproximadamente 150 millones personas contagiadas en todo el mundo [1], también es cierto que buena parte de las muertes y contagios hubieran podido haberse evitado mediante la puesta en marcha de medidas que protegiesen al pueblo trabajador, en vez de los intereses del empresario.

Sería engañoso plantear que los efectos devastadores de esta pandemia eran inevitables puesto que se conoce lo que ocurrió durante la pandemia de la gripe española que causó entre 50 y 100 millones de muertes entre 1918 y 1919 en todo el mundo [2], así como por los brotes del síndrome respiratorio agudo grave (SARS) informado por la Organización Mundial de la Salud en 2003 y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) identificado en 2012, entre otros. Históricamente, es conocido que las infecciones respiratorias son una fuente de efectos devastadores en la salud del pueblo trabajador. Asimismo, queda patente que la clase social es un determinante principal de las grandes desigualdades en los resultados de salud. Cabe señalar la marcada diferencia en las muertes por 100.000 habitantes en diferentes estados: 0,35 en la República Popular China o 5 en la República Socialista de Cuba frente a las 164 en el Estado español, las 137 en Suecia o las 175 Estados Unidos, por citar algunos.

Si alguien, por el poso de la inocencia que a ciertas personas les deja la infancia, como la viruela deja señales faciales de por vida, creyó por algún momento que el parné llegado de Europa en forma de fondo de recuperación y resiliencia no iba a generar intereses, ya ha tenido tiempo para entender, y así lo expresamos en otros artículos, que nanay de la China. Y además, altamente leoninos.

Que sin duda, ese caramelo envenenado, pasará factura. No a toda la sociedad. Solo a unos cuantos. Exactamente a quienes componemos la mayoría social.  Muchos más que a los que el fascismo gustaría fusilar y que si no lo hacen, herramientas tiene el capital guardadas en las alforjas para esclavizarnos y someternos.

En otra ocasión atajamos las consecuencias que el Plan de rescate traería a medio y largo plazo para las capas populares en forma de renuncias y contraprestaciones; en concreto en un artículo titulado “Sobre el Plan de rescate y sus consecuencias”, publicado en Unidad y Lucha digital el 3 de septiembre de 2020.

Hoy debemos abundar en el reparto de esos fondos para darnos cuenta del carácter de clase de su gestión.

Los Pactos de la Moncloa, ingeniería política para la continuidad del franquismo.

El bloque oligárquico-burgués y sus partidos políticos en España, ya sea la derecha más rancia de PP o Vox, o la socialdemocracia de PSOE y Unidas Podemos, convienen en mantener un discurso de consenso más o menos sólido del proceso de la denominada “Transición”, cada uno con sus matices, por supuesto. La construcción de ese discurso sobre una Transición pacífica y modélica, está fuertemente sustentada no solo por los partidos burgueses, sino principalmente por el complejo mediático e institucional en manos del poder económico, para no alterar la dominación actual por parte de la misma oligarquía que ostentaba el poder en el franquismo. Una oligarquía enriquecida a través del expolio a la República, la corrupción sistémica franquista y la explotación brutal de la clase obrera como fuerza de trabajo sometida a su dictadura, llevando a cabo un proceso de adaptación de su forma de dominación, para mantenerse en el poder a toda costa, y “modernizar/actualizar” el sistema de dominación.

Una cuestión central para abordar el estudio del concepto “valor” es el comienzo de la disección del valor, a través de la mercancía, tal como lo situó Marx en El Capital. Es decir, comenzar partiendo de la mercancía, entendiendo a la misma como la célula básica y esencial de la sociedad capitalista, el verdadero punto de inicio para las relaciones sociales generales. Esto tiene su importancia metodológica porque partiendo de la mercancía se puede ir señalando las determinaciones que emanan de esta relación.

Lo absolutamente determinante en el tema del valor es que parte del trabajo privado e independiente que efectúa el miembro de la sociedad mercantil. Al ser un trabajo privado e independiente y, por tanto, realizado con pleno conocimiento y voluntad individual, la forma que adquiere en la conciencia esa relación es una forma de conciencia libre. Es un trabajo privado e independiente efectuado por una conciencia libre con pleno dominio de las potencias individuales del trabajo pero que, por contra, no tiene ningún dominio sobre las potencias sociales de ese producto del trabajo individual. Al realizar el producto de su trabajo, el productor de mercancía no puede saber qué producto es útil socialmente, en qué cantidad y qué necesidades sociales va a cubrir, es decir, es un trabajo individual plenamente consciente pero materializado como trabajo social, en el cual el productor no tiene ningún dominio sobre el carácter del mismo.

Empecé a ver The Boys porque un amigo comentó en alguna de sus redes que era la serie perfecta para explicar qué es el fascismo a la «chavalada». Pero el fascismo hoy, aunque, como veremos en un segundo artículo, el fascismo y el nazismo de toda la vida también tienen su importancia en la trama de la serie. La premisa de la que parte es la existencia de superhéroes, pero que, en lugar de ser justicieros solitarios (emprendedores románticos contra la sociedad y por ella), están a sueldo, millonario como estrellas del deporte, de una empresa, Vought, que tiene múltiples intereses.

Si comenzamos por lo último, Vought (empresa que oscila entre CocaCola, Disney y la producción de armamento) obtiene beneficios de toda una serie de merchandising de los superhéroes. Aquí parece casi un trasunto de Disney, desde platos y pósteres a grandes producciones cinematográficas. Por otro lado, comienza una campaña para conseguir que el Estado le alquile sus superhéroes para el ejército, como la privatización del sistema de represión tras la invasión de Irak. La referencia que hago a Irak no es fortuita; no obstante, para llegar a ella, he de dar un pequeño rodeo.

No cabe duda: si perteneces a la clase burguesa, a la oligarquía, a la familia real, si tienes a niñas y niños trabajando en Bangladesh a euro el mes, delinque lo que quieras, sale barato. Ahora bien, como seas una pringada o un pringado trabajador, no robes ni una gallina que acabas con años de prisión a tus espaldas.

Y es que, tampoco cabe duda, la justicia burguesa castiga al pobre y exime a cualquiera que tenga un buen puñado de euros en el banco. Y ni decir si se te ocurre criticar y denunciar a este sistema opresor o a cualquiera de sus esbirros, ahí sí que lo pagarás caro.

El Pacto de Toledo  nace  con el objetivo de proveer de recomendaciones efectivas  para el fortalecimiento  del sistema de pensiones públicas del Estado Español.

Las múltiples reformas que ha sufrido a lo largo del tiempo, destacando la última en  Noviembre 2020, no han servido para dicho objetivo.  Tal y como  denuncian organizaciones como COESPE o Marea Blanca de pensionistas, las recomendaciones que se establecen facilitan cada vez más la privatización y la precarización del poder adquisitivo de los jubilados y con mayor incidencia  de las jubiladas.

El Informe Forum de Política Feminista (2018)  denuncia que en los últimos cuarenta  años en las pensiones,  la brecha de género  continúa prácticamente inalterable. También señala que ninguna de las pensiones medias cobradas por las mujeres alcanza el salario mínimo interprofesional. La cuantía media de las pensiones contributivas otorgada  a los hombres  en  2018 era de 1.491 euros,  mientras que la otorgada a las mujeres era  de 622 euros.

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