El imperialismo yanqui lo ha manifestado a través de la boca de su jefe Joe Biden con provocador descaro. Al buen y afable presidente norteamericano que los medios de comunicación burgueses nos venden cada día no le ha temblado el pulso. Ni el pasado 12 de mayo vetando, en pleno bombardeo israelí de la Franja de Gaza, una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la grave crisis actual entre el Estado sionista y Palestina ni, acto seguido, declarando con cinismo inusitado y tergiversando la historia que “Israel tiene derecho a defenderse”.

La gentuza que nos gobierna en nombre del capitalismo, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, no cesa de querer reescribir la Historia; sí la que escriben los pueblos con hache mayúscula. Anhelan los/as muy bellacos/as contarla a su guisa, es decir en función de sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos para así intentar difamar a la única alternativa real y posible de superar el insoportable e insostenible sistema de producción capitalista: el socialismo-comunismo. Saben muy bien estos/as sátrapas que pese al cacareo cotidiano de que el modelo socialista ya no sirve, si las masas llegan a no poder seguir soportando la vieja sociedad capitalista tarde o temprano la revolución y el socialismo estarán ineludiblemente al orden del día. Señorías, cosas del materialismo histórico. Por eso en septiembre de 2019 y ahora el pasado mes de marzo, el Parlamento Europeo primero, y lamiéndole las botas los/as franquistas del PP después, han creído provechoso aportar su granito de arena al edificio anticomunista.

¿De qué “democracia plena” hablan estos tartufos del capitalismo, estos petulantes politicastros (conservadores, progres, fachas y tutti quanti) de la corrupta sociedad burguesa? ¿De la democracia que engendra y permite que una ínfima minoría, el 1% de los ricos del mundo, acumule el 82% de la riqueza global? ¿De la que explota incansablemente a los/as trabajadores/as para mantener su sacrosanta tasa de ganancia? ¿O es de la democracia  que en España condena al paro al 40% de los/as jóvenes al tiempo que sacrifica a decenas de miles de personas en la actual pandemia para preservar la economía de mercado? Vaya usted a saber. De este país con nazis y franquistas, por las calles como si nada, y con políticos y raperos en chirona por querer votar y denunciar injusticias, se puede esperar todo. Incluso, si encarta, cargarse el espejismo democrático en el que vivimos para proteger mejor los intereses del capital. Por eso en el sistema capitalista, basado en la desigualdad económica producto de la venerada propiedad privada de los medios de producción, no puede haber democracia plena, es decir, equidad social. Todo depende de esa taxativa contradicción. Por tanto, “la democracia”, noción que supone e implica el poder de la mayoría, resulta en el capitalismo pura ilusión. Como también son formales actualmente muchos de los derechos conseguidos revolucionariamente desde la Revolución francesa (1789-1794) hasta nuestros días:

El pasado 27 de enero se cumplió el 76 aniversario de la liberación por el Ejército Rojo de Auschwitz, el mayor centro de exterminio del nazismo. Construido el 20 de mayo de 1940 y situado en Oświęcim, a unos 40 km al oeste de Cracovia (Polonia), el centro estaba compuesto del campo original: Auschwitz I, del campo de concentración y exterminio: Auschwitz II – Birkenau, del campo de trabajo para la IG Farben (conglomerado de compañías químicas, entre ellas Bayer, Agfa y BASF): Auschwitz III – Monowitz, y de 45 campos anexos más. A él fueron enviadas – según cifras del historiador polaco Piper Franciszek – más de un millón trescientas mil personas, de las cuales murieron en condiciones espantosas un millón cien mil, entre ellas mil doscientos republicanos españoles.

Despreciable señor presidente de los United States of America (se escribe así ¿verdad?), sé que al recibo de la presente misiva, que deseo sea lo más irreverente  posible, usted ya no será inquilino de esa cueva de víboras que llaman Casa Blanca, responsable, desde su inauguración en 1800 hasta nuestros días, de numerosas masacres, confabulaciones, agresiones, invasiones y bloqueos económicos y comerciales. Sin embargo, y aún así, quiero dejar constancia de mi profunda repugnancia hacia su petulante persona, y hacia las decisiones políticas y económicas que, como jefe de Estado y del Gobierno del mayor imperio del planeta, usted ha tomado en nombre del capitalismo más abyecto durante su insufrible mandato. Es decir, en nombre de quien lo aupó al poder gracias, entre otras estafas, a un sistema electoral tan antidemocrático y embrollado que le permitió ser elegido, en 2016, con menos votos (y en aquella ocasión sin atisbo de duda) que su colega Hillary Clinton.

La situación de Pandemia ha puesto de relieve la crisis estructural del capitalismo en todo el mundo. En los estados “del bienestar” europeos, si lo miramos con perspectiva, éstos sólo han “funcionado” durante tres o cuatro décadas y, en el caso de España, ni siquiera eso.

Desde la última década del s.XX los partidos de extrema derecha han ido creciendo y desarrollándose en la Unión Europea, proporcionalmente al desmantelamiento de los servicios públicos, al retroceso de derechos en sus países miembros y al cierre de sus fronteras con consecuencias tan bárbaras como la transformación del Mar Mediterráneo en un cementerio. Y la doble moral europea se atreve a criticar las políticas de Trump con la inmigración en EEUU y a presentarlo como una opción de gobierno perjudicial para el mundo.

 

Créanme, no pensaba yo que fuésemos tantos/as en este jodido país. ¡Qué va! Ni siquiera en aquellos días eufóricos que significaron la muerte del sanguinario dictador lo hubiera podido imaginar. “26 millones de rojos”. ¡Manda huevos!, y yo como un mentecato sin coscarme. No tengo perdón de Dios. Vaya, ya se me coló este. Millones de rojos/as malos/as paseando por las calles de la sempiterna “Hispania grande y libre”, así, como si ná. ¡Qué barbaridad!, y nosotros/as, cada mes que pasa, desde estas modestas páginas rebuscando militantes. ¡Hay que ver, dónde tendremos la cabeza! Pero bueno, si estos malditos bastardos (¿todos militares retirados?) lo afirman con tanta mala leche castrense, pues ¡cojones!, sus razones tendrán. ¿No les parece? Aunque vaya usted a saber, de esa gentuza se puede esperar todo. Incluso que no sean todos ellos militares inactivos como nos repiten los medios de desinformación burgueses y que el execrable huevo de la serpiente esté en gestación. Cosa que agravaría considerablemente el tema, pues las pretensiones de estos pirados salvapatrias son las de dar golpes de Estado y como en los tiempos de su añorado “irrepetible”, fusilar a todos/as los/as que ellos consideren rojos/as malos/as. “Hay que fusilar a todos esos hijos de puta con 26 millones de balas”, vomitaban en las redes sociales altos mandos militares fascistas el pasado mes de diciembre; al tiempo que otros energúmenos galoneados de “La XIX del Aire” aseguraban que “hay que extirpar el cáncer”, refiriéndose al gobierno, según ellos, “social-comunista”.

No escribo esta crónica para iniciados/as. Nosotras y nosotros conocemos ya el grotesco espectáculo que son las elecciones presidenciales yanquis, eso que los enajenantes medios de desinformación burgueses llaman con cinismo la “especificidad de la democracia norteamericana”. Escribo por tanto esta terapéutica y fogosa invectiva, primero para arrojar de mí las nocivas dosis de banalidades y memeces recibidas de la televisión hispana (pública y privada) durante la campaña electoral en casa del Tío Sam, y a continuación y sobre todo, para agitar las conciencias de quienes aún enarbolan la presunta ejemplaridad de los comicios “made in USA”.

Ceremonia esperpéntica

Desde que en 1620 el barco Mayflower con 102 pasajeros a bordo pertenecientes a una secta religiosa llamada “Los peregrinos” zarpara del puerto inglés de Plymouth hasta las costas del Estado de Massachusetts, el clamoroso “sueño americano”, el mito de la tierra prometida que deslumbró a millones de personas de todo el mundo haciéndoles creer que en esos territorios del norte de América hallarían una vida mejor, no ha hecho más  que desmerengarse con el paso del tiempo. Hasta el punto de que son pocos hoy los que siguen creyendo en aquella ilusa entelequia, y muchos, sin embargo, los que sufren cruelmente las terribles consecuencias de aquella rentable falacia. Una mentira que acarreaba en sus entrañas la mezquina doctrina de que la iniciativa individual puede conseguirlo todo con sólo proponérselo, y sobre la que se izó toda la mitología triunfadora de la nación yanqui. Y aquel invento funcionó su tiempo. Millones de personas de numerosos países, empujadas por la miseria, los desastres de las guerras y el fascismo, migraron durante los siglos XIX y mitad del XX a un inmenso país y a un sistema capitalista que, después del implacable genocidio indio, precisaba mano de obra para desarrollarse. Después, ya en el paraíso anhelado, el embrujo se esfumaba y la ley del más fuerte golpeaba a los pobres de la tierra. Y así hasta nuestros días.