“¿Quieres que te cuente el cuento recuento que nunca se acaba?”, me preguntaban, burlonamente, mis amigos cuando de pequeños jugábamos para pasar el rato. Independientemente de que yo les respondiera sí o no, ellos volvían a la carga y me contestaban con socarronería: “¡pero si yo no digo ni que sí ni que no!, lo que digo, es que si quieres que te cuente el cuento recuento que nunca se acaba”. Y así, hasta hastiarme e hincharme los cataplines. Pues bien, eso, exactamente eso (hincharme los cataplines y todo lo demás), es lo que, con algunos lustros más a mis espaldas, me han deparado los farsantes medios de comunicación burgueses cubriendo con empalago y babosería la pomposamente denominada Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en su vigesimosexta edición. En esta ocasión celebrada en la ciudad escocesa de Glasgow entre los pasados días 31 de octubre y 12 de noviembre. Una conferencia de mucho “bla,bla,bla” e inoperantes resoluciones. Así, como en el rememorado “cuento de nunca acabar”, pero en este caso compuesta por adultos con mucha chufla y desenvoltura, cerca de 200 representantes de países del mundo entero con algunas excepciones, entre ellas, Cuba, se han dedicado, después de exponer el estado dramático en el que se encuentra el planeta Tierra desde el punto de vista climático, a marear la perdiz (“¡pero si yo no digo ni que sí ni que no!”) hasta casi hacerla desfallecer. Que si el CO2, que si el debilitamiento de la capa de ozono, que si el calentamiento global, que si los combustibles fósiles, etc. Todas estas calamidades - una tras otra - consideradas, además, casi como un “castigo divino”. Sí, una plaga como las diez de la fábula bíblica. O, a lo sumo, como consecuencia de la “incorregible desidia humana”. Y es que, evidentemente, ¿cómo esperar que el pirómano apague el incendio?

Hace un par de años Unidad y Lucha comentó en la sección Travelling la película “Gracias a Dios” del cineasta francés François Ozon. En ella, partiendo de los abusos sexuales cometidos a menores en la diócesis de Lyon (más de 70 niños agredidos y violados por el clérigo Bernard Preynat entre 1980 y 1990), se cuenta el combate ejemplar de tres de sus víctimas, que no pudiendo olvidar después de más de 30 años lo que les pasó cuando de niños estudiaban en colegios católicos privados, deciden crear la asociación “La palabra Liberada” para romper silencios y exigir responsabilidades y justicia a las más altas instancias eclesiásticas del país vecino. Una batalla ardua y arriesgada que hoy ve sus frutos, pues los obispos católicos de Francia, presionados por esa voluntad tenaz de exigir justicia, pidieron en 2018 al vicepresidente del Consejo de Estado francés, Jean-Marc Sauvé, de 72 años de edad, presidir una “Comisión Independiente de Abusos Sexuales en la Iglesia” (Ciase) para investigar los crímenes de pederastia cometidos entre los años 1950 y 2020. Es decir, durante un periodo de 70 años.

Cifras espeluznantes

Las conclusiones del informe que lleva el nombre del alto funcionario galo (elaborado durante más de tres años; de 2.500 páginas, al parecer sin desperdicio ninguno; publicado el pasado 5 de octubre en París y transmitido a la Conferencia de obispos de Francia ese mismo día) son aterradoras y demoledoras. 216.000 menores sufrieron abusos sexuales por parte de curas o religiosos (unos 3.200 según “estimaciones mínimas”), a los que hay que añadir otros 114.000 casos por abusos provocados por laicos que trabajan en medios religiosos, catequesis o centros educativos católicos;  y así hasta llegar a un total de 330.000 víctimas de abusos sexuales durante esas 7 décadas.

Hace un par de años Unidad y Lucha comentó en la sección Travelling la película “Gracias a Dios” del cineasta francés François Ozon. En ella, partiendo de los abusos sexuales cometidos a menores en la diócesis de Lyon (más de 70 niños agredidos y violados por el clérigo Bernard Preynat entre 1980 y 1990), se cuenta el combate ejemplar de tres de sus víctimas, que no pudiendo olvidar después de más de 30 años lo que les pasó cuando de niños estudiaban en colegios católicos privados, deciden crear la asociación “La palabra Liberada” para romper silencios y exigir responsabilidades y justicia a las más altas instancias eclesiásticas del país vecino. Una batalla ardua y arriesgada que hoy ve sus frutos, pues los obispos católicos de Francia, presionados por esa voluntad tenaz de exigir justicia, pidieron en 2018 al vicepresidente del Consejo de Estado francés, Jean-Marc Sauvé, de 72 años de edad, presidir una “Comisión Independiente de Abusos Sexuales en la Iglesia” (Ciase) para investigar los crímenes de pederastia cometidos entre los años 1950 y 2020. Es decir, durante un periodo de 70 años.

Si alguna vez alguien creyó que la infamia, la mentira, la desfachatez y la cara dura de los “grandes” medios de comunicación burgueses habían alcanzado cotas insuperables, se equivocó de cabo a rabo. En ese terreno, como en otros muchos que prueban sin molestarles el cinismo y el carácter expoliador y destructor del sistema capitalista, son inmejorables, únicos. Sí, sí, inimitables. Y esto que digo no es práctica exclusiva hispano-española, es también la de todos los países del planeta Tierra mangoneados por castas que defienden la propiedad privada de los medios de producción y el imperialismo, entendido éste como fase superior del despotismo capitalista. Pero sigamos con la diatriba que me incita. Es como si con el desastre humano ocasionado por la terrible pandemia (casi 5 millones de muertos en todo el mundo; unos 100.000 fallecidos en el Estado español hasta la fecha), debido básicamente a la reducción sostenida en el tiempo de efectivos y servicios sanitarios públicos, “las altas esferas” mediáticas (públicas y privadas), es decir quienes se encargan en el sistema capitalista de idiotizarnos diariamente, hubiesen decidido incrementar los esfuerzos embrutecedores para que, ante el descrédito político endosado con tamaña catástrofe, “la cosa” no se desmadre demasiado.

Por mucho que se empeñen los despreciables medios de comunicación burgueses, a la militancia comunista no nos dan gato por liebre. Nanay de la China. Esta expresión popular del minino y el lepórido, usada para engañar de manera deliberada, viene al caso porque después de la tumultuosa salida presidencial del “hombre del saco”, el republicano Donald Trump, y de la laboriosa, larga y accidentada elección de su rival, el demócrata Joseph Robinette Biden Jr, Joe Biden para los amigos, esos mendaces medios han presentado a este último como el bueno de una infumable película sobre el Tío Sam. Un interminable y aburrido filme de “buenos y malos” que las voces de sus poderosos amos vienen largándonos desde la noche de los tiempos.

“Marruecos está invadiendo Ceuta con miles de asaltantes por la inacción cobarde y criminal del Gobierno que ha rendido nuestra frontera sur. Exigimos el despliegue del ejército y la expulsión de los invasores”. Con esta primorosa labia, el fascista Santiago Abascal, muy en su papel del último bastión patrio, despachaba en Twitter hace unas semanas un conflicto diplomático entre Marruecos y España causado por la presencia en un hospital logroñés del líder del Frente Polisario (movimiento de liberación nacional, democrático y anticolonialista) y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali. Pero más allá de este diferendo entre dos monarquías corruptas, y de la posición claudicante de los gobiernos españoles habidos desde la entrega vergonzosa del Sáhara Occidental a Marruecos en 1975 sin haber cumplido con la obligación de realizar la completa descolonización, incluido un referéndum, lo que ha cabreado al furibundo franquista ha sido la temible invasión del “territorio nacional” por un poderoso ejército venido a nado (en su mayoría jóvenes adolescentes) y armado hasta los dientes de miseria, desempleo y hambre. Claro que sí. Dádivas, por otra parte, que la dictadura alauita, sostenida y alentada por el imperialismo yanqui (el del extinto Donald Trump y predecesores, y ahora el del carcamal Joe Biden), reparte generosamente entre sus queridos vasallos. Pero que no se mortifique demasiado este engendro de la política española que es el caudillo de Vox. No, por nada.

El imperialismo yanqui lo ha manifestado a través de la boca de su jefe Joe Biden con provocador descaro. Al buen y afable presidente norteamericano que los medios de comunicación burgueses nos venden cada día no le ha temblado el pulso. Ni el pasado 12 de mayo vetando, en pleno bombardeo israelí de la Franja de Gaza, una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la grave crisis actual entre el Estado sionista y Palestina ni, acto seguido, declarando con cinismo inusitado y tergiversando la historia que “Israel tiene derecho a defenderse”.

La gentuza que nos gobierna en nombre del capitalismo, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, no cesa de querer reescribir la Historia; sí la que escriben los pueblos con hache mayúscula. Anhelan los/as muy bellacos/as contarla a su guisa, es decir en función de sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos para así intentar difamar a la única alternativa real y posible de superar el insoportable e insostenible sistema de producción capitalista: el socialismo-comunismo. Saben muy bien estos/as sátrapas que pese al cacareo cotidiano de que el modelo socialista ya no sirve, si las masas llegan a no poder seguir soportando la vieja sociedad capitalista tarde o temprano la revolución y el socialismo estarán ineludiblemente al orden del día. Señorías, cosas del materialismo histórico. Por eso en septiembre de 2019 y ahora el pasado mes de marzo, el Parlamento Europeo primero, y lamiéndole las botas los/as franquistas del PP después, han creído provechoso aportar su granito de arena al edificio anticomunista.

¿De qué “democracia plena” hablan estos tartufos del capitalismo, estos petulantes politicastros (conservadores, progres, fachas y tutti quanti) de la corrupta sociedad burguesa? ¿De la democracia que engendra y permite que una ínfima minoría, el 1% de los ricos del mundo, acumule el 82% de la riqueza global? ¿De la que explota incansablemente a los/as trabajadores/as para mantener su sacrosanta tasa de ganancia? ¿O es de la democracia  que en España condena al paro al 40% de los/as jóvenes al tiempo que sacrifica a decenas de miles de personas en la actual pandemia para preservar la economía de mercado? Vaya usted a saber. De este país con nazis y franquistas, por las calles como si nada, y con políticos y raperos en chirona por querer votar y denunciar injusticias, se puede esperar todo. Incluso, si encarta, cargarse el espejismo democrático en el que vivimos para proteger mejor los intereses del capital. Por eso en el sistema capitalista, basado en la desigualdad económica producto de la venerada propiedad privada de los medios de producción, no puede haber democracia plena, es decir, equidad social. Todo depende de esa taxativa contradicción. Por tanto, “la democracia”, noción que supone e implica el poder de la mayoría, resulta en el capitalismo pura ilusión. Como también son formales actualmente muchos de los derechos conseguidos revolucionariamente desde la Revolución francesa (1789-1794) hasta nuestros días:

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