Una breve revisión a los datos macroestadísticos de 2017. 

Según la prensa al servicio del capital, 2017 ha sido el año en el que se confirma el fin de la crisis económica -no hace falta que se diga para quién ha acabado, ¿verdad?-, y es que ya el año anterior el crecimiento del PIB español superaba el 3%, confirmado durante los tres primeros trimestres de 2017 que se ha situado siempre por encima del 3% (INE, 2017). Pero, como siempre en el actual sistema, las ganancias van siempre a las mismas manos. Y es que, pese a haberse producido un aumento del Producto Interior Bruto Per Cápita, el sueldo medio ha descendido casi un 1% (INE, EPA 2016).

Desde la Secretaría Internacional de la juventud hemos contactado con STAËRCK Gilliatt, Gerente Nacional JRCF, para que nos responda a unas preguntas:

[UyL] En primer lugar, nos gustaría agradecer a la juventud del Renacimiento Comunista de Francia por hacer esta entrevista.

Y agradecemos al movimiento de la Juventud del PCPE por sus preguntas y esperamos que las respuestas aportadas sean claras para los camaradas y lectores españoles.

[UyL] En los últimos años, ha habido grandes manifestaciones y huelgas generales en Francia por medidas antiobreras que el gobierno de Macron ha hecho, ¿cuál es la situación de los jóvenes trabajadores en Francia? ¿Cómo afecta la reforma laboral de Macron a los jóvenes trabajadores franceses?

Hay una serie de temas que son recurrentes en la vida de cualquier joven obrero/a: los estudios, la precariedad, las ganas -y la imposibilidad- de emanciparse y el amor. A este último tema se le va a dedicar el artículo, así como la vinculación de este con la ciencia marxista.

Recurrentemente, desde los diversos polos de la izquierda más “radical”, se ha intentado dar una respuesta a la pregunta “¿Qué es ser comunista?”. Algunos, avergonzados, eluden la pregunta diciendo que ellos no lo son (y no mienten); otros, que tienen las hoces y martillos para decorar con tonos rojos su piso en el barrio bohemio de la gran ciudad, responden con trivialidades como la que en su día dijo Alberto Garzón: “Ser comunista es ser buena persona” -seguro que el policía que desahucia con una sonrisa en el alma y cara seria tras la pantalla del casco, también es una buenísima persona que saluda siempre en el portal-. Una respuesta acorde a esta pregunta requeriría una extensión bastante mayor que la que pueden abarcar un par de frases; no obstante, una síntesis breve podría ser: ser comunista es mantener los ojos abiertos a la realidad del mundo para extraer de él sus leyes fundamentales, contrastar nuestras ideas surgidas de esta realidad con la experiencia que nos proporciona, para luego convertir los ideales en algo real con la certeza de que es posible, entendiendo (a raíz de ello) que todos los aspectos de la vida de una persona son aspectos políticos.

El pasado 11 de noviembre se cumplieron 10 años del asesinato de Carlos Palomino en el metro de Madrid a manos de Josué Estébanez, un militar fascista. Carlos y un grupo de antifascistas acudían a una manifestación convocada para mostrar su rechazo a una movilización organizada por la extrema derecha en la capital. Han pasado 10 años y las imágenes de su asesinato aún siguen grabadas en la retina de miles de personas.

Tras el asesinato del compañero Carlos Palomino, seguramente se dieron las movilizaciones antifascistas más grandes de los últimos años. Unas manifestaciones que volvieron a sacar a la palestra los crímenes del fascismo y la impunidad con la que venía actuando desde hacía muchos años, por mucha “Transición” que nos quisieran vender.

Los homenajes al compañero se han ido sucediendo durante estos años, tanto en Madrid como en diferentes pueblos y ciudades, los cuales siguen sacando a la calle a miles de compañeros y compañeras.

El pasado 25 de septiembre, en otro día más de lucha por el soterramiento de las vías que parten la ciudad de Murcia y contra la construcción de un muro para el AVE, los vecinos marcharon por las calles manifestando el derecho a decidir sobre sus barrios y la voluntad de impedir que intereses empresariales marginaran a los barrios del sur. Durante la manifestación, de forma espontánea se procedió a la ocupación de las vías, pero la policía cortó el paso y solo unas cincuenta personas quedaron dentro, a las que estos cuerpos represivos desalojaron de forma violenta, causando heridos. El siguiente poema es el relato que vivieron unos camaradas de la Juventud.

 Me lo arrancó la zarpa del traidor

que quiso enterrarnos bajo la piedra;

tú, compañero mío, te abrazaste a mí

cubriendo mi desnudo y tu promesa

Las y los comunistas no pararemos de repetirlo: el capitalismo no acepta reformas, es un sistema completo, con sus propias leyes y que aplasta todo aquello que no esté del lado de los intereses del grupo dominante (en la actualidad el gran capital monopolista). Como murciano, hay un asunto que ejemplifica perfectamente esta situación: la construcción de un muro de casi 10 kilómetros de largo y 5 metros de alto que, literalmente, divide en dos mitades todo el área metropolitana de la ciudad de Murcia para la construcción de un tren de Alta Velocidad a precios impopulares y que servirá para mover mercancias a un coste mucho menor del que resultaría de enviarlas por carretera. Fruto de esto, los barrios al sur del muro -habitados principalmente por familias trabajadoras y pequeños propietarios, aunque también alguna mediana empresa- se quedan marginados en beneficio de unas pocas grandes empresas.

La revolución de octubre de 1917, como toda transformación social fue una obra de las masas. El protagonismo y la fuerza fundamental de aquel proceso estuvo en la clase obrera a la que se sumaron otras clases sociales. Sin embargo, uno de los actores poco referenciados en la etapa prerevolucionaria y durante el triunfo de la revolución, es la juventud, pero ésta tuvo un significativo accionar.

Los primeros grupos marxistas aparecieron a inicios del siglo XX entre los obreros, pero también en las universidades y colegios. En ambos espacios los más entusiastas y enérgicos activistas fueron los jóvenes, Lenin y Stalin fueron ejemplo de aquello.

Desde que nacemos se nos bombardea constantemente con lemas como que “vida solo hay una” o a “vivir que son dos días”. Y es una idea terriblemente cierta, poco hay más humano que saber que la vida tiene millones de cosas para ofrecernos y no podremos conocerlas todas. Esta realidad no pasa desapercibida por los equipos de publicidad de las diferentes empresas, que nos atiborran de falsa ilusión por vivir con campañas centradas en el consumo, el optimismo radical y una apariencia de eterna juventud. Los anuncios veraniegos de cerveza son un ejemplo excelente de este tipo de propaganda, la juventud somos su principal objetivo; pero -como suele ocurrir- los capitalistas suelen contarnos historias que chocan frontalmente con la realidad de la juventud obrera.

No es nada nuevo para la juventud tener la necesidad de desconectar del estrés que vivimos a diario. Todas y todos sabemos lo difícil que puede llegar a ser tener que compaginar los estudios con un trabajo de mierda. ¿Y ante eso que oferta de ocio nos ofrece el capitalismo? Podemos elegir tranquilamente en gastarnos lo poco que cobramos en droga para olvidarnos de toda la mierda que llevamos encima, o pagar 10€ para entrar en una discoteca con una consumición y gastarnos el resto del sueldo en cubatas hasta acabar ciegos un sábado a las 5 de la mañana en cualquier esquina vomitando, eso si eres hombre, si eres mujer añádele ser usada como reclamo sexual entrando gratis (y que algún machito ofendido aun te lo recrimine) para tener que soportar manadas de babosos que parecen no entender un “no” por respuesta.