El nuevo ciclo de la crisis capitalista, acelerado debido al estallido de la pandemia (no debemos olvidar que los avisos y efectos de crisis ya se venían viendo desde hace más de un año) afecta de manera significativa a la juventud de extracción obrera y popular, del mismo modo que lo había hecho la crisis de 2008.

Los empleados en sectores relacionados con el turismo, la hostelería, el ocio y el comercio fueron los más perjudicados por las medidas adoptadas para limitar la incidencia de la pandemia, concentrando un total del 19.6 % del empleo en España (3.75 millones de trabajadores potencialmente afectados). Estos trabajos eran un caladero para mujeres, jóvenes y colectivos con menos formación, los cuales han sido los más afectados, dando la cifra de que 1 de cada 5 jóvenes perdió su puesto de trabajo en esta pandemia.

En su discurso para la celebración del II aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas, el Che Guevara enumeraba las características que creía que debía tener un joven comunista. Una de ellas, y puede que entre las más importantes: «una gran sensibilidad frente a la injusticia».

Hace unos días se leía en redes sociales una publicación de una cuenta conocida por denunciar la realidad más cruda del capitalismo y ser censurada por ello varias veces, que decía lo siguiente: «Una de las cosas más tristes que ha conseguido el capitalismo es anular en gran medida nuestra capacidad de sorprendernos ante la barbarie. Vemos desfilar masacres a diario en nuestros televisores y no sentimos apenas nada. Luego nos emocionamos con una película romántica». Formular estas palabras, sin duda, significa poner de relieve la más cruda realidad neoliberal en la que nos encontramos, y esto tiene mucho que ver con el discurso del Che.

Nuestros barrios y pueblos están siendo hoy más atacados que nunca. A unos servicios públicos destruidos, de los que solo queda apenas el esqueleto que los mantiene en pie y que, en la mayoría de casos, no alcanzan a cubrir nuestras necesidades sanitarias, de transporte, culturales o de ocio, ahora debemos de sumarle el desprecio e insulto que los gobiernos de la derecha reaccionaria y la socialdemocracia vendida al capital nos imponen encerrándonos en ellos y solo dando permiso para salir a trabajar.

No hace falta estudiar en detalle la historia reciente del estado español para conocer su carencia de garantías democráticas básicas en comparación al resto de países capitalistas, donde la dictadura capitalista es igualmente un hecho. Tras cuarenta años de franquismo, Franco elige personalmente como continuador del régimen a Juan Carlos I. A la muerte del dictador, da comienzo la llamada Transición, que culmina con la aprobación de la Constitución en el año 1978. Sin entrar en detalles, esta constitución da al estado español una forma de monarquía parlamentaria, donde el Rey continúa siendo la máxima autoridad del estado y mando superior de todos los ejércitos, además de otorgarle inmunidad jurídica total (no se le puede juzgar ni condenar) y de poder anular la aprobación de leyes o el nombramiento de miembros del gobierno, entre otras muchísimas funciones.

Con la llegada de septiembre, otro año más, la juventud de extracción obrera y popular nos enfrentamos a un nuevo curso. Como ocurre cada año, muchas familias deben hacer un gran esfuerzo económico para que sus hijos puedan estudiar, enfrentándose a varios años de asfixia debido al gran desembolso que representa la Universidad. Otras muchas familias se enfrentan a los altos precios de los libros de texto y material escolar que necesitan sus hijos para el colegio y el instituto.

El primer problema que nos presenta este nuevo curso es la incertidumbre a la que estamos sometidos. Los estudiantes todavía no sabemos cómo van a ser las clases a partir de septiembre. Tan solo unos pocos centros se han pronunciado, diciendo que las clases serán semipresenciales o totalmente online, pero ya hemos visto en los últimos meses del curso anterior que el sistema educativo no está preparado para clases online. Ni el profesorado tiene la formación, ni el alumnado el material necesario para este tipo de enseñanza, ni el Estado lo va a proporcionar.

Autoría imagen: Valentos SG  

Hace poco alguien compartía un tuit en que manifestaba sorpresa -una sorpresa irónica, obviamente- ante la coincidencia entre el fin del estado de alarma y el inicio de la temporada turística estival. Desgraciadamente, no es casualidad, y resulta descarada la manera en que el capital se ha olvidado de todos los muertos y nos los ha hecho olvidar también a nosotros con su propaganda. Salimos tranquilamente a los bares, entramos a las tiendas, pero el virus sigue cobrándose vidas aunque ya no nos asusten desde los medios, porque necesitan que salgamos a consumir. La ministra Irene Montero ha declarado que “el estado de alarma ha terminado”, pero admite que continúan la emergencia sanitaria y los rebrotes, ¿entonces por qué se han levantado las restricciones con tanta convicción?

La juventud obrera cada vez tiene más difícil el acceso a la universidad por lo que eso supone: el pago de tasas asfixiantes con el limitado acceso a becas, desplazamientos, manuales de precios desorbitados escritos por los mismos profesores que te dan clase… Una gran parte de nosotros se ve obligada a buscar un trabajo, normalmente precario con bajos sueldos y muchas horas, que difícilmente se puede compatibilizar con el estudio.

Año tras año hemos sido testigos de la paulatina privatización de la universidad. Encontramos un claro ejemplo de esto en la Universidad de Murcia, la cual te da un crédito C.R.A.U. (crédito en actividades universitarias) por hacerte una cuenta en el banco Santander asociada a tu tarjeta de estudiante. Las universidades cada vez se asemejan más a empresas privadas, y como tal, los intereses económicos están por encima de todo.

Ahora que la vuelta a la “nueva normalidad” se encuentra más cerca y la situación de cuarentena total parece alejarse, hemos dialogado con una serie de trabajadores y trabajadoras militantes de la Juventud Comunista de los Pueblos de España para conocer su opinión sobre cuál es el futuro y cómo la crisis capitalista que ha desatado el coronavirus les ha afectado o puede afectarles.

JCPE: Antes de comenzar, queremos agradecer estos minutos que dedicáis a responder a nuestras preguntas.

La crisis del coronavirus está poniendo aún más en evidencia que el capitalismo y los capitalistas nos roban nuestras vidas. Si esta realidad no era ya más que palpable meses atrás, cuando la crisis de sobreproducción capitalista parecía una sombra del pasado que tardaría aún unos años en volver, ahora se ha vuelto una realidad.