Podríamos pensar, al escuchar las escandalosas declaraciones de un cura culpabilizando a la madre de las niñas Ana y Olivia de su desaparición y asesinato, que la violencia vicaria es aquella que ejercen distintos representantes de la Iglesia, que día sí y otro también, proclaman tanto desde el púlpito como a través de medios o redes sociales, su rancio discurso misógino y machista.

"Te daré en lo que más te duele" han verbalizado distintos agresores poco antes de asesinar o desaparecer a su descendencia. Ejercen la violencia vicaria, poco conocida, que es utilizar a hijas e hijos para infligir dolor a las madres. Las expertas consideran que es una de las formas más extremas y brutales que adopta la violencia de género, es una violencia habitual y que se denuncia poco. No es un acto aislado, es la culminación de un proceso de control y maltrato que sufren muchas mujeres.

En 1969, la policía entraba en el Stonewall Inn con el objetivo de hacer una redada. No era la primera vez, aunque aquel 28 de junio sería diferente. En el pub gay, situado en Greenwich Village (New York), las operaciones policiales eran frecuentes. A la 1:20 h de la madrugada, los agentes entraron en el bar gritando que «estaba clausurado». Habitualmente, los jóvenes salían y se identificaban. Se procedía a la detención de los hombres que fueran  vestidos de mujeres, o las pocas lesbianas que frecuentaban el bar que vistieran de «forma no femenina». Pero esa noche todo cambió. Alguien gritó «no nos vamos». Tres palabras que hicieron estallar el ambiente. Tres palabras que encendieron la mecha de los disturbios de Stonewall.

Hay matrimonios bien avenidos y luego está el matrimonio entre el capitalismo y patriarcado. Ese sí que es una pareja modélica, bien avenida y enriquecedora para las partes ¡Ni la mejor pareja de Hollywood podría protagonizar tal bombazo!

¿Y por qué decimos esto? Porque a día de hoy que el patriarcado continúe tan instaurado en nuestra sociedad no es casualidad, ni por asomo. El sistema capitalista lo necesita y mucho, y si es en pleno apogeo mejor, más se aprovecha de sus beneficios sociales, pero sobretodo económicos.

Y es que sin el patriarcado la reproducción de la fuerza de trabajo ¿en quién recaería? Está claro que el capital necesita a unos obreros y obreras sanas (o al menos útiles para explotar), necesita que comamos, al menos de vez en cuando, necesita que cuidemos a sus futuros obreritos y obreritas, que el beneficio no se extrae solo, y bueno… el cuidado de nuestros mayores no les importa mucho, pero tampoco es cuestión de abandonarlos en la cuneta que estaría feo. Por tanto, necesita que alguien se encargue de esas tareas y casualmente su maridito, el sistema patriarcal, asegura que las mujeres asumamos dichas tareas y encima de forma gratuita.

Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases, el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social de las distintas mujeres. Cada clase social percibe la lucha feminista en función de los privilegios de clase que disfruta o de la explotación que padece.

El feminismo institucional, excluye de su análisis la perspectiva republicana y socialista porque considera indeseable la transformación de las relaciones de producción y el socialismo. Por esa razón está incapacitado para liberar a la parte femenina de la clase obrera, cuya discriminación de género está directa e intrínsecamente unida a la explotación de la clase social de pertenencia. Las mujeres del pueblo trabajador no mejoraremos nuestras condiciones de vida y trabajo por mucho que las señoras de la oligarquía consigan asientos en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35, ni la discriminación y explotación acaban por la existencia de reinas, princesas y porque ya no impere la ley sálica.

 

María Luisa Rodríguez es pensionista, es una de las fijas frente al parlamento en la concentración de los lunes de la Asociación de Defensa de las Pensiones públicas de Canarias, la primera en crearse en todo el Estado Español. Semana tras semana acampan por unas horas en una de las calles más transitadas de la capital chicharrera, con sus panfletos, carteles y megafonía haciendo que la reivindicación de unas pensiones públicas dignas para todas resuene constante. Su concentración semana tras semana no pierde ni fuerza ni alegría y se distingue por sus eternas camisetas amarillas con su lema claro, conciso y contundente: Gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden.

“Igualdad en el trabajo y en la vida - ¡Cumplir los derechos de las mujeres!” es un compromiso de acción y lucha del Partido Comunista Portugués (PCP) en el ámbito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer el 8 de Marzo de 2021. Un compromiso afirmado en múltiples acciones en que el PCP avanza con políticas y soluciones con el objetivo de prevenir y combatir el brote epidémico y alcanzar la igualdad en el trabajo, en la familia y en la sociedad, haciendo cumplir los derechos de las mujeres.

Para el PCP, enfrentar el brote epidémico exige enfretar la degradación de las condiciones de vida y de trabajo con el refuerzo de la inversión en el Serviço Nacional de Saúde y rapidez y eficacia en la vacunación de toda la población, así como medidas que hagan cumplir los derechos de los padres y los niños en tiempo de confinamiento, eliminando el corte de un tercio del salario para quien tiene que quedar en casa de cara al cerramiento de las guarderías y las escuelas —inaceptable injusticia que por propuesta del PCP ya fue posible corregir para los trabajadores que están en ERTE, que pasaron a tener el salario completo a partir de 20211.

De Clara Zetkin, militante y dirigente comunista alemana, luchadora por el socialismo hasta su último aliento en 1923, a los 76 años de edad, podemos saber que "inventó" el 8 de marzo, ya que convocó en 1910, en el Congreso de la Internacional Socialista de Mujeres, fundado con Rosa Luxemburgo y que reunió en ese día a un centenar de mujeres de 17 países diferentes, para la organización de un Día Internacional de la Mujer. Se celebró por primera vez en 1911 en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria.

Es menos conocido el hecho de que consiguió cruzar clandestinamente y de forma increíble (es decir, con la ayuda de trabajadores ferroviarios comunistas) las fronteras que el gobierno francés le había cerrado para participar en el Congreso de Tours de 1920, que marcó el nacimiento del Partido Comunista Francés. Allí instó a los socialistas a unirse a la Tercera Internacional, diciendo: "¡Camaradas, debemos elegir!"

La primera articulación de un 8 de marzo en Brasil tuvo lugar en 1947, luego de un contacto externo de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), que había tomado conocimiento de las importantes movilizaciones organizadas por mujeres del movimiento obrero en Brasil, muchas de ellas vinculadas al PCB. Durante la dictadura empresarial-militar que rige en la década de 1960, el 8 de marzo fue prohibido en nuestro país y solo se volvió a celebrar en 1975, debido a la incorporación de la fecha en la agenda de la ONU en lo que se conoció como “el año de la mujer”.

Las trabajadoras llevamos bastante tiempo en una situación de precariedad laboral y encadenando contratos temporales, bajos salarios, pensiones que no alcanzan para sobrevivir, altas tasas de paro y un largo etcétera de condiciones laborales de sobreexplotación, que a veces ocupan un espacio anecdótico en los medios de propaganda del sistema.  La mayoría femenina alcanza una proporción de siete a tres en los contratos que conjugan parcialidad y temporalidad y se acerca al tres por dos tanto en el paro de larga duración como entre quienes buscan su primer empleo, dos datos que ilustran las mayores dificultades que tenemos las mujeres tanto para acceder al empleo, como para recuperarlo tras haberlo perdido.

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