¡1200 € de salario mínimo y de pensión mínima! Con esta consigna clara se desarrolló la Décima Marcha Obrera el pasado viernes 22 de noviembre. 10 años, 10 marchas que comenzaron como una iniciativa del Partido Comunista del Pueblo Canario a poco de empezar esta última etapa de crisis estructural del sistema capitalista en 2010, y en los últimos años ya se ha consolidado como una movilización de referencia en Las Palmas de Gran Canaria.

Si en 2018 el PCPC juntó a 15 organizaciones, en esta ocasión fueron 26 organizaciones sindicales, políticas, sociales y diferentes comités de empresa las que han querido estar presentes en un recorrido que a lo largo de 2 horas pasa por algunos de los barrios populares más castigados de la ciudad.

La posibilidad de que las y los trabajadores seamos despedidos por el simple hecho de caer enfermos, y el/la médico de familia dictamine la baja laboral, viene recogida en el Estatuto de los Trabajadores desde hace más de 20 años. Basta la acumulación de 9 días hábiles de Incapacidad Temporal (IT) en un período de dos meses consecutivos para que comiences a ser carne de despido “por causas objetivas” de acuerdo con el Art. 52d) del ET. Tal crueldad, claramente atentatoria contra la salud y seguridad de quienes todo lo producimos, saltó a la luz cuando, entre otros muchos ataques, la contrarreforma laboral de 2010 (PSOE) rebajó del 5% al 2,5% el índice de absentismo en el conjunto de la plantilla necesario para que se pudiera aplicar el despido y, posteriormente, con la contrarreforma laboral de 2012 (PP) que finalmente eliminó dicho requisito. En ambos casos la clase obrera respondió con Huelgas Generales, la del 29 de septiembre en 2010 y las de 29 de marzo y 14 de noviembre en 2012.

Hoy el acoso laboral está presente día tras día en innumerables centros de trabajo. Las cada vez más reducidas plantillas de trabajo, el empleo precario, el abaratamiento del despido y en general las malas condiciones que el sistema se encarga de prevalecer para su mejor explotación de la clase trabajadora, hacen que día a día haya compañeros y compañeras de trabajo azotados por esta situación.

Situaciones de vejaciones verbales, psicológicas, desplazamientos, aislamientos, amenazas y un largo etcéteras de agresiones que llegan a mermar y mucho la salud física y psicológica de quienes la padecen.

Ahora bien, si bien es cierto que nadie está a salvo del acoso laboral, lo cierto es lo que muestran que las estadísticas y dejan claro es que las grades apaleadas por este aberrante desprecio somos nosotras, las mujeres trabajadoras.

 

 

El 4 de octubre ha finalizado la semana de huelga del metal de Bizkaia, sumando ya 10 días de huelga. La convocatoria ha sido un éxito, los trabajadores y trabajadoras del metal de Bizkaia paramos la producción durante una semana, y llenamos las calles de Bilbao y otros pueblos obreros durante una semana de movilizaciones.

 

La importancia de este sector en un territorio históricamente industrial como Bizkaia no es para menos. Uno de cada 9 trabajadores de Bizkaia estamos empleados en este sector, en el que, como la propia patronal (FVEM) se enorgullece de decir, han aumentado año tras año los beneficios. No es igual la situación que sufrimos los y las trabajadoras del sector, que respecto a 2003 que fue el año en el que se firmó el último convenio hemos perdido salario año a año por la subida del IPC. La patronal, aunque como consecuencia de esta nueva convocatoria de huelga y el éxito de la anterior, ha ofrecido una leve subida salarial, ésta sigue suponiendo aceptar ganar menos que hace 10 años.

El título del artículo es la pintada que hay - o había - en la sede de los sindicatos de la Universidad Politécnica de Valencia. Se constata en este ERE de Solvia que los sindicatos que se autoproclaman de clase no solo ya no lo son, sino que temen a las trabajadoras y trabajadores que dicen representar. CCOO y UGT han firmado un ERE en el que despiden a 151 personas sin realizar ni una sola asamblea en los centros de trabajo, de Alicante al menos (uno de los núcleos de personal más grande). Han firmado un ERE sin realizar NINGUNA movilización en un sector tan sensible a ellas, donde los bancos temen a su daño reputacional, así lo llaman ellos, como al demonio.

A 102 años de la Revolución Bolchevique de Octubre

En la izquierda, y especialmente en las organizaciones comunistas, el debate sobre el tipo de organización que necesitamos viene de antiguo. Probablemente nos venga a la cabeza el “¿Qué hacer?” de Lenin, ya que muchos de los debates que entonces abordó el revolucionario ruso siguen vigentes hoy día: quién puede ser miembro del Partido, democracia interna, unidad de acción de la organización, etc. Estos elementos, que fueron resueltos en el movimiento comunista y extendidos en forma de principios organizativos, vuelven a cuestionarse una y otra vez: desde los debates en el interno del PCUS en varios momentos clave de su historia, hasta las actuales fórmulas propuestas por la izquierda posmoderna, pasando por las revisiones que cuajaron en varios PPCC en forma de “eurocomunismo”.

El capital continúa con sus ajustes en materia laboral con la intención de recuperar unos beneficios brutos y netos que satisfagan su insaciable voracidad.

Con la aprobación por parte de los gobiernos del PP-PSOE, al servicio éstos del capital, de las diferentes leyes laborales con las cuales se daba carta blanca a la patronal en materia de contratación y despido, al tiempo que aprobaban leyes de carácter intimidatorio y represor, con el objetivo de impedir que la clase obrera ejerciera sus derechos a la protesta y desobediencia.

Tras la aprobación de las leyes laborales y la ley mordaza, la patronal ya disponía de las herramientas adecuadas para poder seguir diseñando sus planes económicos en los que para nada tiene cabida cualquier petición o reivindicación de la clase obrera.

Son estas leyes las que posibilitan el que los contratos que hoy se pactan entre el obrero y patronal no garanticen un trabajo más allá de unos pocos meses con salarios que jamás superan los 1000 €, salarios con los que la clase obrera no garantiza el cubrir las necesidades vitales.

Un nuevo ejemplo de patronal envalentonada nos hemos encontrado este verano en la isla de Gran Canaria a cuenta del conflicto laboral entre la plantilla de la empresa de helados Kalise y sus propietarios.

Todo arranca a finales de 2018 cuando el comité de empresa denuncia el actual convenio para negociar uno nuevo. Es en junio de 2019 cuando la plantilla presenta la propuesta de nuevo convenio a la dirección y esta dice que hasta el 17 de septiembre no se sienta a negociar. Hablamos del convenio actual que mantiene unos salarios miserables que no han cambiado desde hace diez años y que da pie a unas jornadas laborales interminables.

 

Hoy en día ya ni siquiera tener trabajo es garantía de no ser pobre. Los dueños de las empresas no tienen límite a la hora de explotarnos, no les vale que trabajemos todos los días de la semana por un salario que nos llega a duras penas para pagarnos la vida y volver a estar en el tajo al día siguiente: ganarnos la vida lo llaman. En su necesidad de seguir ganando más y más de nuestro trabajo escatiman todo lo que pueden en prevención de riesgos laborales provocando lo que ya hace años conocemos: la clase trabajadora pone los muertos, pero son ellos quien se llevan los beneficios.

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