“Un albañil de 49 años y nacionalidad española (¿los españoles primero también aquí?) queda tetrapléjico tras caer desde un andamio. Según la inspección ocular inicial el trabajador no llevaba ni casco ni arnés y no había línea de vida en la fachada”

Ya llega a ser insultante que los diarios pongan la nacionalidad del muerto, como si una vida valiese más que la otra. Pero el reguero es continuo, el 22 de abril morían dos trabajadores en Benidorm, uno de ellos dominicano, aunque podría haber sido marroquí o español, qué mas da de donde viene la mano de obra, española o extranjera es clase obrera.

Los obreros con gran invalidez no aparecen en la estadística de muertos en accidente de trabajo, pero como si lo fueran. Resulta igualmente indignante que el gobierno haya declarado 2026 como el año de la seguridad. Y que el 28 de abril fuese el Día Internacional de la Seguridad y Salud Laboral.

104 trabajadores han fallecido en España solo entre Enero y Febrero de 2026. En 2025 hubo 3.701 accidentes graves con un resultado 735 trabajadores muertos. (Fuente: Ministerio de Trabajo)

Curiosamente, las estadísticas del Ministerio no desglosan los accidentes que acabaron en Gran Invalidez.

¿Qué soluciones hay?

Estamos seguros que el riesgo cero no existe, pero tantos muertos y heridos cada año tienen un fundamento.

  • La subcontratación. Las grandes empresas (las que curiosamente tienen más beneficios) son las que no tienen personal operario, limitándose a ser empresas de gestión que subcontratan todos los trabajos. El único sector que ha limitado a 3 niveles la subcontratación es la construcción. La subcontratación tiene una función económica: ahorrar costes y ahí la vida del obrero no vale nada
  • La paradoja de las mutuas y los servicios de prevención. Ambos privados que acaban en un círculo sin fin que busca su propia rentabilidad, ante lo cual, la vida y la seguridad valen poco. Un rubro más en el presupuesto de una empresa.
  • Lo último, la subcontratación del trabajo de comprobación administrativa de los requisitos de prevención. Una empresa, de la que es propietaria un fondo de inversión o una de las grandes empresas, se dedica a prestar el servicio (automatizado o derivado a call centers en Colombia u otros países) sin indagar más que los requerimientos que la empresa contratante exige y cuyo último fin es castigar a la última empresa de la cadena de subcontrataciones

Lo que ha sucedido recientemente  en Almería no es una anécdota: es la prueba de que el oportunismo  no tiene límites. Cuando la clase obrera  atraviesa las peores condiciones, ahí aparecen los sindicatos del pacto social, CCOO y UGT, intentando capitalizar el descontento justo en plena precampaña electoral andaluza. Llaman a las trabajadoras y trabajadores del manipulado de verduras, hortalizas y flores a movilizarse contra la sobreexplotación brutal que sufren… pero callan lo esencial: esa explotación está blindada en el convenio que ellos mismos firmaron.

Más de 30.000 trabajadoras y trabajadores sobreviven con un convenio que no garantiza ni lo mínimo para una vida digna, un convenio que , mágicamente, en fechas electorales, los mismos firmantes presentan como “injusto”. No es sorpresa: es la lógica del pacto social, del sindicalismo que prefiere quedar bien con el patrón antes que ponerse del lado de la clase obrera. Y cuando llegan las elecciones al parlamento burgués , entonces sí, entonces denuncian oportunistamente  la miseria que ellos mismos avalaron.

Convocan al sector, no a la huelga, sino a movilizarse en domingo para no incomodar a la economía patronal. Reúnen a las y los asistentes en una plaza y, sorpresa, allí aparecen los candidatos de la socialdemocracia servil —PCE IU, Sumar, Podemos y demás oportunistas y traidores— buscando pescar votos entre la desesperación obrera.

Se cantan consignas, incluso se baila al ritmo de la música, mientras figuras destacadas de ese reformismo decadente se dirigen a la masa obrera para animarla a repetir la “acción”, quizá la próxima vez junto al mar, en el paseo marítimo, con chiringuitos, cervecitas frías y todo el decorado de su política espectáculo.

Algunas trabajadoras, aún con claridad, se atreven a plantear la necesidad de la huelga, pero son silenciadas con cánticos de “sí se puede” y demás consignas vaciadas de contenido. Los convocantes no toleran que nadie cuestione sus planes ni su estrategia, que hoy pasa por convertir la movilización en un acto electoral, por arrancar el máximo número de votos de unas trabajadoras y trabajadores que no encuentran salida a su extrema precariedad y sobreexplotación.

Se inundan las páginas de los periódicos locales —y algunos incluso de tirada nacional— con titulares perfectamente calculados. Miles de fotos y vídeos circulan por las redes sociales. Nada queda al azar, y mucho menos al cuestionamiento. En mayúsculas y negrita se proclama que “el sector se manifiesta” y que CCOO UGT lideran la batalla por un mejor convenio, construyendo así un relato que pretende fijar en la opinión pública quiénes son los supuestos referentes de la lucha obrera.

 

Un año más, como se viene haciendo desde hace más de cien años , la clase obrera ha conmemorado su día. Y, como desde el nacimiento del capitalismo, esta fecha vuelve a estar marcada por la violencia estructural del capital. Una violencia que hoy se disfraza con más sutileza, presentada como si fuera parte del “orden natural” de las cosas.

Pero nada de esto es natural. Los asesinatos en los tajos son fruto de la precariedad. La depreciación continua del salario mientras aumenta la riqueza de una minoría parasitaria. La violación y anulación sistemática de derechos laborales conquistados con lucha. La precariedad estructural, el fraude de ley contractual, la temporalidad forzada, la amenaza permanente del despido. Es un largo catálogo de sobreexplotación y represión que sufren millones de trabajadoras y trabajadores, que ue sí son naturales en las leyes y reglas capitalistas, pero que para nada gozan de ese carácter natural en la conciencia y cultura proletaria.

Y desde las instituciones políticas y económicas —las mismas que legislan para el capital— se pretende hacer pasar todo esto por algo inevitable, casi biológico. Incluso existe un sindicalismo domesticado que contribuye a esta mentira, que naturaliza la explotación en vez de organizar la resistencia.

La clase obrera debe saberlo: si algo se repite cada año no es la fiesta, es la violencia del capital. Y si algo puede romper ese ciclo, no es la resignación, sino la organización consciente, la unidad de clase y la lucha colectiva.

Ante el panorama de crisis general de un sistema agotado, un sistema capitalista-imperialista que solo ofrece guerra, opresión, miseria y muerte a millones de seres humanos, pretender seguir presentando este desolador escenario como “orden natural” de las cosas ya no se sostiene más allá del relato orquestado y diseñado para intentar contener la fuerza arrolladora de la clase obrera y las masas trabajadoras.

La clase obrera y las amplias masas trabajadoras, a las que lamentablemente se les ha adormecido la conciencia de clase, han sido inducidas a creer que la historia del movimiento obrero y de sus aspiraciones se detuvo —o incluso retrocedió— en diciembre de 1991. Pero lo ocurrido en aquel fatídico año no significó el fin de la historia ni el fin de la lucha de clases.

El capitalismo no retrocede en su desarrollo; por el contrario, el imperialismo se impone y se expande a escala planetaria. Esta expansión implica que el capital se presente sin máscaras, ejerciendo toda la violencia necesaria para incrementar su tasa de ganancia.

La huelga educativa indefinida que estamos sosteniendo en el País Valencià no nace de un capricho ni de una rabieta. Nace de años de desprecio, de recortes encubiertos, de salarios congelados, de aulas masificadas, de centros que se caen a pedazos y de una Conselleria que ha decidido convertir la educación pública en un negocio para unos pocos.

Nos dicen que no hay dinero. Mienten. Dinero hay. Lo que no hay es voluntad política de ponerlo al servicio de la clase trabajadora. Mientras nuestras aulas superan los 30 alumnos y alumnas, mientras se abandona al alumnado con necesidades educativas especiales bajo una falsa inclusión sin recursos, mientras seguimos dando clase en barracones, sin aire acondicionado, con centros afectados por la DANA todavía sin reparar, la Conselleria abre la caja pública para financiar a la privada, a la concertada y a quienes quieren hacer de la educación una mercancía.

Nos quieren cansadas, divididas y culpabilizadas. Pero no lo van a conseguir. La Conselleria no está negociando: está amenazando. Está vertiendo mentiras, intentando poner a la sociedad en nuestra contra y ofreciendo humo. Ni siquiera migajas: humo. Mientras tanto, sigue desviando millones de euros a centros privados, incluidos centros vinculados a sectores reaccionarios, mientras la escuela pública agoniza deliberadamente.

Cumplidos 60 años de la conocida como la Capuxinada, cuando el convento de Sarrià acogió en marzo de 1966 la fundación del SDEUB (Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona) y un encierro posterior ante la amenaza policial. Hoy desde Unidad y Lucha conversamos con uno de los artífices de aquel evento, donde estudiantes y religiosos hicieron frente común contra Franco. Y lo hacemos no desde el mero recuerdo sino desde las luchas de hoy a las que sigue vinculado.

Es todo un orgullo para la redacción compartir militancia con el camarada Quim Boix, al que no hace falta presentar mucho, porque  desde aquella lejana fecha el estudiante de ingeniería fue uno más (aunque su caso provocó la manifestación de 300 sacerdotes) de los torturados por la policía franquista y su trabajo constante en las luchas obreras, las organizaciones de clase  y militancia comunista  hacen que actualmente sea reconocido internacionalmente como un sólido pilar para las batallas que trabajadoras y trabajadores debemos dar para acabar con la dictadura del capital.

RedacciónAquella fue una lucha estudiantil que trascendió los Campus ¿llegó a vincularse al movimiento obrero?

Cierto, los dirigentes que impulsamos la creación de un sindicato democrático frente al sindicato fascista impuesto por el dictador (el SEU, Sindicato Español Universitario que presidía Martín Villa), éramos mayoritariamente militantes comunistas del PSUC, y por ello enlazamos nuestra lucha con la de CCOO, que en aquellos momentos era clandestina, pero de clase. La demostración pública de ello fue un acto en la Facultad de Derecho, en octubre de 1.966, en el que Ernest Lluch, como profesor, y yo representando al SDEUB, compartimos la presidencia con Cipriano García, máximo dirigente entonces de CCOO. El franquismo respondió con una sentencia del TOP (la segunda en mi caso) de 6 meses de cárcel para cada uno de los 3.

Con este título, y el subtítulo “Con la salud de las trabajadoras no se juega”, la Sección Sindical del Consejo Sindical Obrero en la Universidad Miguel Hernández organizó una mesa redonda conmemorando el 8 de Marzo del presente año. Y es que, por mucho que se empeñe la ONU y parte del movimiento feminista, este es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Las de la clase dominante sufren enfermedades, pero no relacionadas con el puesto de trabajo; tendrán conflictos, pero no trabajo-familia; puede que hasta sufran brechas de género, pero no en algo tan grave como la salud laboral.

“Los accidentes y las enfermedades causadas por el trabajo son la expresión más dramática del conflicto capital-trabajo…” (1) en los centros en que se nos extrae la plusvalía. La alianza patriarcado-capital origina brechas, quizás las más crueles, también en la salud y seguridad laboral. Y aunque según el parámetro esas brechas funcionan en ambos sentidos, las trabajadoras padecen la peor de todas, el subregistro. Lo que no interesa no se registra y, por tanto, tampoco se previene.

El cuadro de enfermedades profesionales vigente en España (RD 1299/2006) excluye las patologías específicas de las mujeres y minimiza las ocupaciones más feminizadas, generalmente menos prestigiadas y peor retribuidas, ligadas a las vitales tareas de cuidados, limpieza… Pese a todo, la realidad es tozuda y en 2024 las trabajadoras representaron el 54 % de los partes comunicados de enfermedad profesional en el Estado español, siendo el índice de incidencia (número de casos por cada 100.000 trabajadoras y trabajadores ocupados) en trabajadoras un 34 % superior al de sus compañeros varones (1).

Resulta llamativo que, tanto en mujeres como en hombres, el índice de incidencia de enfermedades laborales ¡sin baja! supere al de aquellas con baja, muy probablemente reflejando elevados niveles de precariedad y presentismo, que significa ir a trabajar estando enferma o enfermo, a pesar de que la patronal retuerza el término a favor de sus intereses de clase. Pues bien, el valor de este índice es de 90.5 en mujeres y 62.9 en hombres (1).

La clase obrera a veces olvida y se confía, por eso no extraña que después de años reclamando coeficientes reductores para conductores profesionales, al tener mayor índice de accidentes laborales, mortales o no, sigan confiando en la negociación entre Gobierno, Patronal, y CC. OO. y UGT, quienes además de firmar la jubilación a los 67, no participaron en las movilizaciones realizadas exigiendo esos coeficientes.

El transporte por carretera de mercancías, viajeros y de grúas autopropulsadas se desarrolla en unas condiciones laborales especialmente exigentes desde el punto de vista físico y de seguridad: jornadas prolongadas, nocturnidad, responsabilidad directa sobre la seguridad de terceras personas, exposición a vibraciones, posturas forzadas, sedentarismo, estrés, elevada siniestralidad laboral o viaria, además de la obligación de carga y descarga pese a lo que vendió el Gobierno.

Estas circunstancias sitúan a estos trabajadores en un escenario de penosidad, peligrosidad y morbilidad que encaja en los supuestos que la normativa prevé para la aplicación de coeficientes reductores de la edad de jubilación. Así, el Real Decreto 402/2025, de 28 de mayo, establece el procedimiento para reconocer esta anticipación en colectivos con unas condiciones de trabajo que conllevan un deterioro prematuro de la salud. Los trabajadores del sector llevan, al menos desde 1996, reclamando su inclusión en el Real Decreto.

 

Cientos de asambleas de trabajadores de la educación, pancartas preparadas en los pasillos, panfletos abarrotando las salas de profesores, debates diarios de cómo organizar la huelga. Este es el ambiente que se vive en gran cantidad de centros de educación públicos del País Valenciano desde antes de la histórica huelga del día 31 de marzo de este mismo año. El 11 de mayo, y cómo resultado lógico de ese proceso, se inicia una huelga indefinida por la dignidad de un derecho conseguido a base de muchos años de lucha por parte de la clase trabajadora: la educación pública.

La huelga que hoy se inicia es por un problema de voluntad política que responde a un proyecto privatizador que hunde sus raíces hace bastante tiempo atrás. La falta de recursos es una falsedad, esto se demuestra cuando la Generalitat, dando igual el gobierno de turno, destina más de 800 millones de euros anuales a financiar centros de titularidad privada mediante conciertos. A esto podemos sumar los millones que la Generalitat destina para ayudas directas a multinacionales como la Ford, Stadler Rail, PowerCo, ThyssenKrupp, etc.

El corazón de la huelga indefinida del 11 de mayo es el movimiento asambleario desarrollado entre el profesorado y que ha hecho que muchos de ellos retomen la lucha por sus derechos de forma activa, participando y decidiendo.

Fruto de estas asambleas es el acuerdo unitario de negociación con la Generalitat Valenciana. En el encontramos medidas que se consideran de aplicación inmediata como la substitución de todas las bajas docentes para evitar sobrecargas de trabajos y garantizar una educación continuada al alumnado, la reconstrucción de los centros afectados por la DANA y el pago obligatorio de las retribuciones extraordinarias; respecto a las medidas que se deberían aplicar el próximo curso 2026/2027 se coloca la recuperación del 20% del poder adquisitivo perdido, la aplicación de la clausula de revisión según el IPC, la recuperación de la paga extra, el cobro del verano para el profesorado interino y la creación del sexto sexenio; para finalizar, se encuentran medidas para aplicar durante el curso 2026/2027, entre las más destacadas se encuentran la reducción de ratios, ampliación de las plantillas de refuerzo, la simplificación burocrática, la mejora de infraestructuras, etc.

 

Aprovechando la oportunidad que brinda la próxima celebración de la Semana de Acción Mundial por la Educación, entre finales de abril y principios de mayo, impulsada por la Campaña Mundial para reivindicar el derecho inalienable a una educación de calidad, universal, científica, pública, laica y democrática, desde el PCPE reivindicamos la necesidad urgente de incluir entre los ítems definitorios de las características de la futura educación mundial, los valores y las formas que el deseable socialismo futuro deberá tener.

La irrupción brusca y violenta de las herramientas digitales en todos los aspectos de la vida y que en principio, y si no se impide, tendrán el sesgo claramente del nuevo capitalismo e imperialismo, que según se expresa ya en su práctica, se proyectará en la alianza entre el complejo militar-industrial y las grandes tecnológicas, y que según publicitan sus medios de propaganda, tienen como objetivo la creación de una sociedad con “valores” asociales, amorales y apolíticos y propugnan, sin rubor ni pudor, una sociedad sin estado, sin normas, en manos de los grandes empresarios de las tecnológicas y sobre todo por encima de los seres humanos, a los cuales desprecian e ignoran.

Esta sociedad que proponen, sin normas, sin derechos, sin valores, amorfa, insolidaria por definición y burguesa de vocación, es la que proponemos combatir en nombre de los principios humanos, de la lucha de clases, del antiimperialismo, del anticapitalismo y del antifascismo.

Por ello, nos sumamos firmemente a estas acciones y a otras de la misma orientación, con nuestras propuestas de una educación socialista al servicio del pueblo, y que tienen como característica fundamental valores centrados en el hombre y la mujer como únicos protagonistas.

Los temas más importantes y sobre los que se centrarán las actividades de todo tipo giran en torno a las herramientas digitales ya presentes o en ciernes de estarlo. Bajo el lema “Acción por la Educación”, la Semana de Acción Mundial se centrará en el análisis y las formas con las que el mundo tendrá que lidiar, a las que habrá que conocer y a las que habrá que controlar por su perversidad.

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