En la Convención Internacional contra las Municiones de Racimo, firmada en 2008, en vigor desde 2010 y respaldada por más de 120 Estados, se prohíbe la fabricación, la venta y el uso de esa clase de bombas. Son un armamento especialmente criminal: al dispararse, se disgregan en gran cantidad de pequeñas bombetas que se esparcen por áreas muy amplias. Así, durante décadas mutilan y matan indiscriminadamente a la población civil (muchas veces niñas y niños). De esto saben muy bien, por .ejemplo, en Camboya, que después de ser intensamente bombardeada por EE. UU. con bombas de racimo hace más de 50 años, aún hoy sufren víctimas nuevas. También en Irak, por las dos guerras desatadas por EE. UU.-Reino Unido; y en Yemen, a manos de Arabia Saudí.

Uno de los principales impulsores de dicha Convención de 2008 fue el entonces primer ministro socialdemócrata de Noruega, Jens Stoltenberg,; hoy Secretario General de la Organización Terrorista del Atlántico Norte. Mientras el imperialismo esté en una posición de fortaleza, puede permitirse guardar ciertas apariencias, pero cuando lucha por mantener su hegemonía militar, se caen todas las caretas: el mismo Stoltenberg declaró cínicamente que ahora el envío de bombas de racimo al ejército ucraniano es "una cuestión individual de cada país" otanista.

En pleno declive como primera potencia económica, EEUU y la OTAN (brazo militar de Occidente Colectivo) despliegan todo tipo de guerras y violencia a lo largo del planeta, en lo que hemos venido a llamar la OTAN 360º. Llevando a cabo todo tipo de violencia contra los países que construyen el socialismo o que defienden su soberanía frente a las imposiciones imperialistas y ello incluye la guerra biológica, incluso si supone una grave amenaza para la vida de millones de personas en el mundo.

La presencia de laboratorios biológicos estadounidenses en más de 25 países en el mundo -entre ellos, países de la antigua URSS- ya ha sido denunciado, así como la participación en laboratorios ucranianos de epidemiólogos estadounidenses y contratistas del Pentágono (Batelle, Black Veath y CH2M Jacobs), para experimentos de desarrollo de proyectos biológicos. La denuncia realizada por periodistas europeos y la ONG norteamericana Judicial Watch, se hizo por información filtrada desde el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

El pasado mes de agosto, el gobierno de la Federación Rusa, en el informe de su Jefe de Protección Biológica, Química y Nuclear de las Fuerzas Armadas, Igor Kirillov, denunciaba haber encontrado documentos incautados durante la guerra de Ucrania, que relacionan la preparación, estudio previo y uso del COVID-19 por parte de EE.UU, virus causante de la pandemia.

Dicho informe señala las distintas violaciones que ejerce EE.UU. al Convenio de Armas Biológicas y Químicas de la ONU, así como la relación entre el estudio previo y experimentos con determinados patógenos, posteriores pandemias de los mismos patógenos y las ganancias generadas a la industria farmacéutica norteamericana.

El empleo de patógenos para la guerra por parte de EE.UU. no es ninguna novedad. En la década de 1860, el gobierno utilizó el germen del cólera para infectar al pueblo indígena norteamericano, como parte del genocidio perpetrado a este pueblo. El uso del agente naranja en Vietnam, el Ántrax en la Guerra de Corea e incluso experimentos con su propia población en 1951-1952 en Virginia y Washington, a través de inseminación de bacterias que causaron diversas enfermedades y muertes, son otros ejemplos de ello.

Nos quieren hacer creer que gozamos de un sistema garante de los derechos fundamentales, amparado en una Constitución en la que aspectos como la sanidad, el trabajo o la vivienda, entre otros, parecieran proclamarse universales. Nada más lejos de la realidad. Tan solo es necesario esbozar unos pocos datos objetivos para desmontarlo y dejar al desnudo los cimientos de la dictadura que el capital ejerce sobre el pueblo trabajador. En estas líneas nos referimos a la vivienda, un derecho universal que, muy lejos de serlo, se torna como elemento de especulación para unos pocos y de lujo inalcanzable para la inmensa mayoría.

En el territorio español son más de 3,8 millones las viviendas que se encuentran vacías, según cifra el Instituto Nacional de Estadística en su estudio publicado en 2021. Es decir, más del 14 % del total de casas y pisos tienen la llave echada y, en su mayoría -en torno al 80 %-,  permaneciendo en manos de bancos y de fondos buitre, que, tras desahuciar a sus residentes o adquirir los inmuebles mediante alguna suculenta operación financiera, los retienen impunemente a favor de alcanzar el mayor rendimiento económico por ello.

Podríamos decir que la sanidad pública es un término “polisémico” pues tiene varios significados:

En primer lugar, para la clase trabajadora es una necesidad indispensable, puesto que lo que puede permitirse es un seguro que solo supla carencias o sirva de atajo ante atenciones puntuales que o se resuelven o la sanidad privada las deriva a la pública que tiene la capacidad real.

Porque para la sanidad privada la sanidad pública significa una oportunidad de negocio con la salud de las personas, existe por y para los beneficios no para la atención de las personas. Por eso la estrategia de ofertar un seguro barato en el que captar al mayor número de personas y conforme la sanidad pública se va deteriorando suben los precios o reducen la oferta de servicios.

El actor que permite el negocio de la privada son los partidos políticos de los distintos gobiernos y CCAA para los que la sanidad pública es solo una promesa electoral pues prometen todos defenderla, pero no derogan las leyes estatales 15/97 y la Ley general de sanidad 14/1986 que permiten el negocio privado y el trasvase de fondos públicos hacia las empresas privadas.

ALERTA, ALERTA, la ultraderecha ha llegado a las instituciones y no han tardado ni un minuto en censurar todo lo que les suene a feminismo, LGTBI, memoria histórica (o mejor dicho memoria republicana), etc. Veis porque era útil el voto útil.

Bromas aparte, esto es lo que más o menos está ocurriendo, el espectáculo que ha alcanzado la política burguesa sería cómico si no fuera porque es real. Sin embargo, en estos tiempos en los que nos hemos acostumbrado a manejar eso de la cultura de la cancelación, antes de unirnos a los socialdemócratas en su llevarse las manos a la cabeza porque ha llegado la ultraderecha con su libro de recetas a medio camino entre el nacionalcatolicismo y Steve Bannon, no estaría de más reflexionar por un momento en eso de la censura cultural que tanto repiten las rotativas progresistas.

Es un cliché recurrente la asociación entre la censura cultural y el totalitarismo, se afirma que en un sistema totalitario la cultura solo es válida si es para ensalzar la ideología dominante, todo lo que se salga del estricto margen ideológico del poder es prohibido y perseguido. Ahora bien, bajo este cliché hay mucho que rascar. En primer lugar, la inconsistencia del concepto, el totalitarismo no es un hecho histórico, es una  una teoría sobre la historia que maneja el pensamiento liberal con el fin de identificar al liberalismo como la única forma de democracia posible. Ahora que no es esto lo más importante del cliché, en segundo lugar, tenemos lo de la censura cultural.

Ante todo debo reconocer que esta película fue toda una sorpresa. Acudí al cine con un grupo muy variado: una amiga en los 30, mi tía en los 40 y mi sobrina en plena adolescencia con 14 años. Puedo decir que todas íbamos con expectativas muy distintas. Mi tía iba a ver el mundo rosa de Barbie del que sentía nostalgia de su niñez; mi amiga y yo dispuestas a reírnos a carcajadas pues habíamos intuido que sería toda una sátira; y mi sobrina reconozco que no tengo ni idea de lo que fue a ver, hay adolescentes que no son muy habladores.

Lo que sí puedo afirmar es que ninguna esperábamos encontrarnos un contenido tan sumamente político, risas sí, muchas, pero también momentos de introspección, reflexión y de verse reflejada.

Pasando a materia, intentaré hacer un análisis sin spoiler. Para empezar, si bien es cierto que está película introduce muchas pinceladas de feminismo, debemos tener claro que no va a tratarse de un feminismo de clase. La película, como realza la campaña que la ha acompañado y todo el merchandising puesto a la venta, no es más que otro producto consumista del capitalismo. ¿Cuántas toallas, bolsos y camisetas de Barbie habremos visto este verano? Saltando además de su público objetivo, las niñas, a ampliar su mercado a mujeres de todas las edades.

El tiempo pasa rápido y el 2024 será el año en que conmemoraremos y también festejaremos los 40 años de lucha de nuestro Partido.

Poco a poco, vamos avanzando y cerrando detalles para que en los días 13, 14 y 15 de enero del año próximo, nuestra organización celebre el 40 aniversario del nacimiento del PCPE.

En la calle Prado, 21, la sede del Ateneo, institución emblemática que es referente cultural de la ciudad de Madrid, celebraremos el acto central del 40 aniversario.

Un acto que queremos dotar del contenido político y de la solemnidad que requieren cuatro décadas de lucha comunista, cuatro décadas en las que hemos ido construyendo un estilo de trabajo y una práctica que hemos aprendido y heredado de las y los mejores comunistas de los pueblos de España. En nuestra actividad, donde quiera que actúe la militancia del PCPE, dentro o fuera del Partido, en los frentes de masas, la honestidad y la sinceridad han sido rasgos destacados de la militancia del PCPE.

Por eso, tras 40 años de lucha revolucionaria por el Socialismo queremos compartir con nuestros amigos y amigas, con quienes simpatizan con el PCPE y con quienes nos observan y nos siguen desde hace tanto tiempo, nuestra satisfacción pero también nuestra responsabilidad y compromiso  para seguir escribiendo la historia del PCPE.

Ante la grave situación que padecemos la clase trabajadora hoy, cada día los distintos medios de propaganda de la burguesía nos plantean un escenario en el que las causas de los problemas que sufrimos nada tienen que ver con la realidad.

La ofensiva de la militancia comunista en la intervención e interacción con las masas, desde la más breve conversación en el día a día, hasta el trabajo directo en los distintos frentes de lucha, debe romper ese velo de alienación y violencia mediática, con el que incluso pretenden convencernos de que la culpa de que seamos pobres y sobreexplotados es nuestra -la patraña de la cultura emprendedora- o que la precariedad es una moda.

La tarea es romper con la alineación de las masas, para entender el momento histórico y organizar la salida revolucionaria, y eso se hará en la intervención y en el proceso de organización y desarrollo de la lucha junto a las masas.

1- Las guerras de la OTAN contra Rusia y los pueblos del mundo son la consecuencia y no la causa de la crisis estructural capitalista.

Con los datos económicos en la mano, nos hallamos en una recesión global de la producción manufacturera; pero sin embargo, la inflación de precios sin contar los alimentos y la energía -la llamada inflación subyacente- no desciende en las principales economías, para las que todas las predicciones siguen indicando que se encaminan a la recesión. La inflación se mantiene persistente, pero no debido -como intentan hacer creer los bancos centrales y los economistas del sistema- a que los aumentos de los salarios de la clase trabajadora hayan sido excesivos (la realidad es la contraria). La espiral inflacionaria se disparó a causa de la escasa recuperación de la producción y de la productividad, combinada con una recuperación muy lenta del transporte internacional de materias primas y componentes. ¡Y son los beneficios excesivos los que han empujado al alza los precios. Aprovechando los bloqueos de las cadenas de suministros tras la pandemia de COVID-19 y la escasez de materiales vitales, las multinacionales de la energía, la alimentación y las comunicaciones aumentaron precios para cosechar beneficios más elevados.

Esto ha sido tan descarado que incluso el FMI se ha unido al coro de protestas: “Los crecientes beneficios empresariales determinan casi la mitad del aumento de la inflación en Europa durante los dos últimos años, a medida que las empresas han incrementado precios por encima de los costes disparados de la energía importada”.

En los tres años transcurridos desde 2019 los precios medios de los bienes de consumo aumentaron un 16,8 % en el Reino Unido, un 13 % en EEUU y un 14,7 % en la eurozona. El FMI considera que si los trabajadores reivindican aumentos salariales para compensar el alza de precios, “las empresas tal vez tengan que aceptar un margen de beneficio menor si se trata de controlar la inflación”.

Subcategorías

ESTO SON LOS DETALLES DE LA CATEGORÍA "Actualidad"

uyl_logo40a.png