La producción capitalista de mercancías tiende, por su misma naturaleza, a ser una producción para el mercado mundial, mientras que los capitales que organizan esa producción de mercancías de forma competitiva están estructurados en naciones-Estado burguesas. La producción generalizada de mercancías presupone la existencia de un valor de cambio independiente (dinero) separado y aparte de las mercancías producidas. Pero el dinero está estructurado en monedas nacionales. El impulso a expandir constantemente la acumulación de capital, a incrementar permanentemente la realización de plusvalor, junto con la necesidad de economizar el uso de la mercancía especial que sirve de equivalente universal, han conducido a una situación donde el oro por sí solo no puede cumplir su función de moneda mundial. Sólo es “moneda mundial en última instancia”.  

Marx define claramente qué  significó el interés de la clase burguesa. Así, en “La Sagrada Familia” (1845) señala: “La potencia de este interés fue tal que venció la pluma de un Marat, la guillotina de los hombres del “terror”, la espada de Napoleón, así como el crucifijo y la sangre azul de los Borbones”.

En la Gaceta Renana en 1848 escribe que las revoluciones de 1848 y 1789 eran “el triunfo de la burguesía, pero el triunfo de la burguesía era entonces el triunfo de un nuevo sistema social, la victoria de la propiedad burguesa sobre la propiedad feudal, del sentimiento nacional sobre el provincialismo, de la competencia sobre el corporativismo, del reparto sobre el mayorazgo, de las luces sobre la superstición, de la familia sobre el nombre, de la industria sobre la pereza heroica, del derecho burgués sobre los privilegios medievales”.

Debemos librarnos de los siguientes defectos:

a) Espíritu de capilla.

Nos preocupamos sólo por los intereses de la localidad sin tomar en consideración el conjunto del país.

b) Sectarismo.

Se escucha de buena gana a los amigos del grupo aun cuando estén equivocados, se los emplea lo mismo aunque se confiesen incapaces. Por el contrario, cualquiera que no tenga la suerte de gustar es sistemáticamente rebajado, no importa su valor. Sus observaciones, por justas que sean, jamás se toman en cuenta.

Este es un defecto muy grave. Hace perder cuadros a nuestra organización, debilita su unidad de miras y de acción. A menudo es causa de fracasos.

A primera vista puede parecer que la cuestión de Indochina y el Pacífico no interesa a los obreros europeos. Pero si se recuerda que:

a) Durante la revolución los aliados, al no tener éxito en su ataque a Rusia por el oeste, buscaron la forma de hacerlo por el este. Y las potencias del Pacífico, América y el Japón, desembarcaron tropas en Vladivostock, mientras que Francia enviaba regimientos de indochinos a Siberia para ayudar a los blancos.

b) Actualmente el capitalismo internacional tiene toda su fuerza vital en los países coloniales. Allí encuentran materias primas para sus industrias, plaza para sus capitales, salida para sus productos, mano de obra barata para su ejército de trabajo y, sobre todo, soldados indígenas para sus ejércitos de contrarrevolución. Un día u otro, Rusia revolucionaria tendrá que medirse con este capitalismo. Es necesario entonces que los camaradas rusos conozcan toda la fuerza y todas las maniobras cercanas o lejanas de su adversario.