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La lucha canaria está considerada una práctica, incluso un deporte, arraigado a la identidad popular canaria. No se tiene constancia cierta de cuánto tiempo hacía que los aborígenes lo practicaban cuando llegaron los primeros europeos, a principios del siglo XV; pero perdura hasta hoy como disciplina vernácula que ha bebido del desarrollo histórico del actual pueblo canario. En ese sentido resulta peculiar la reproducción cultural de la lucha canaria original por la sociedad rural canaria castellanizada; entonces no sólo entre aborígenes esclavos o colonizados, sino también entre labriegos colonos europeos y esclavos africanos, que a pesar de la completa evangelización social impuesta, la censura inquisidora y los flujos migratorios intercontinentales, consigue hacerse un hueco como pasatiempo popular entre la gente más humilde.

 

Es un deporte que se practica desde tiempos inmemoriales y que ha saltado de una cultura a otra a través de los siglos y de los contactos entre unas y otras. Los antiguos griegos lo consolidaron llegando incluso a crear federaciones de competición y Roma lo hizo suyo como tantos elementos culturales y civilizatorios griegos. Fueron los romanos quienes introdujeron su práctica en la península ibérica pero con la caída del Imperio, la llegada de las tribus bárbaras y la conquista islámica no queda constancia que siguiera formando parte de la práctica de los moradores de la franja mediterránea.

La reintroducción en territorio valenciano llega de la mano de Jaume I El Conqueridor. La primera referencia escrita la encontramos en una crónica de guerra que describe el ataque de Al- Azraq a la ciudad de Alcoi en el año 1250 en la que se menciona una plaza de la ciudad llamada El jugador de pilota”. El juego se extiende rápidamente y lo practican todas las clases sociales, del campesinado a la nobleza pasando incluso por la curia.

Cuenta el escritor Mark Twain de cómo aprendió montar en bicicleta dándose castañas una y otra vez con su aparato de dos ruedas. En 1880 publicó un ensayo Domando la Bicicleta en el cual recomienda: “Obtén una bicicleta, no te arrepentirás mientras sobrevivas.” En aquél entonces andar en bicicleta fue un signo de modernidad y desde luego sólo accesible para la burguesía. En España coincide el inicio del ciclismo con la aparición del deporte como actividad para la clase ociosa: la aristocracia, pues en una sociedad rural ejercer actividad deportiva carece de sentido.

 

A estas alturas a nadie le extraña que el deporte sea un negocio. Mantener a deportistas profesionales en función del espectáculo y olvidar la esencia del deporte en sí, el mens sana in corpore sano.

Y es que el deporte siempre ha sido un escaparate. La sempiterna lucha en las Olimpiadas entre la URSS y los EEUU (… no había manera de que el equipo de fútbol soviético ganara una gran competición…) no era más que eso, una lucha más. El deporte amateur o semiamateur de los países socialistas frente a los profesionales del deporte del capitalismo.

Los futbolistas del Elche ganan el pulso. Tras un día sin entrenar como medida de protesta, la entidad les saca del ERTE y regresarán a los entrenamientos. 

Así titulaba la prensa deportiva local la conclusión de la huelga realizada por los jugadores del Elche. Una plantilla profesional de la 2ª División española, que pese a lo que pudiéramos pensar a priori de este colectivo de personas jóvenes con una retribución muy sustanciosa, han demostrado tener muy claro que su relación con el club ilicitano es laboral y que, lo que les correspondía, como trabajadores que venden su fuerza de trabajo, es defenderla con la mejor arma que tiene a su alcance: LA HUELGA.

Como casi en todo lo que nos rodea, ha bastado un virus malditamente contagioso y mortal, para acabar con los fastos deportivos y las grandiosas cuentas asociadas a su existencia.

El deporte espectáculo, el que congrega en un único impulso mediático a cientos de millones de personas y moviliza miles de millones en sociedades cada día más complejas, ha desaparecido de golpe de nuestras vidas.  Solo nos queda de él, el despropósito insultante de  la estupidez exhibicionista de ricos y famosos descerebrados deportistas, haciendo ostentosidad de sus lujosas viviendas y la resaca de noticias cada días más intrascendentes que mantienen los programas deportivos. 

Durante los últimos años ha habido un auge masivo de las denominadas Artes Marciales Mixtas, deporte de combate que nació en la década de los noventa con el objetivo de buscar a un luchador completo y eficaz. Estos combates se televisaron en el programa UFC, hoy mundialmente conocido, y hasta hace relativamente poco, ni siquiera permitía la participación de las mujeres.

Durante el Campeonato Mundial de Atletismo de 2009, Caster Semenya, sudafricana de 18 años, ganó los 800 metros lisos con una ventaja de dos segundos, convirtiéndose en una de las 15 corredoras más rápidas del mundo. Solo tres horas después de ganar la medalla de oro, la IAFF empezó una investigación para determinar que Semenya era una mujer debido a “la increíble mejoría del rendimiento de la atleta… y el hecho de que un blog sudafricano afirma que ella es una atleta hermafrodita”. La absurdidad de estas razones muestra los tres principales prejuicios con el deporte femenino: 1) Una atleta mujer, por el solo hecho de su alto rendimiento, está bajo sospecha de no ser una mujer “verdadera”. 2) Un hombre, por el solo hecho de ser varón, es superior físicamente a una mujer. 3) La verdad última de una persona está en su sexo (binario). Semenya se vio entonces sometida a un juicio público, y obligada a pasar por exámenes médicos de verificación de sexo (también conocidos como certificados de feminidad) para mantener su medalla olímpica y poder seguir compitiendo.

 

En la actualidad y debido en gran medida a los medios de desinformación y a los deportes de masas como, por ejemplo el fútbol, con todo el espectáculo mediático y los intereses económicos que llevan detrás, la práctica deportiva y los valores que de esta se pueden derivar han quedado en entredicho, ya que nos inundan de noticias en las que tanto deportistas de alto nivel como amateurs y sus seguidores, protagonizan actos en los que los valores esenciales de la práctica del deporte quedan muy en entredicho, convirtiendo dicha práctica en una actividad dominada por los egos, el narcisismo y la búsqueda de placer personal. Como contraposición a la ausencia de valores en el deporte actualmente, encontramos el RUGBY.