Recientemente el gobierno sionista de Israel ha tomado la decisión de poner en práctica lo que ya era una ambición manifestada por el citado gobierno: la anexión a la entidad sionista de Israel de una buena parte de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania. Para ello desde hace varias décadas, Israel, violando las resoluciones de la ONU y la legalidad internacional, venía estableciendo colonias judías en dichos territorios con el fin de crear las condiciones favorables que le permitiesen la anexión de los mismos y vulneraba el estatuto internacional de Jerusalén. El gobierno Israelí ha contado con la aprobación de la administración Trump a la hora de adoptar esta decisión anexionista cuyo precedente inmediato se encuentra en el reconocimiento de Jerusalén como capital del estado sionista ocupante.

Desde hace 6 años, una de las estrategias del imperialismo en su guerra multidimensional contra la República Bolivariana de Venezuela ha sido el promover el éxodo de decenas de miles de venezolanos y venezolanas hacia el exterior, principalmente hacia los países vecinos (Colombia y Brasil) y de la región (Panamá, Ecuador, Perú y Chile). Los objetivos de esta política eran varios, en primer lugar, tensionar a Brasil y Colombia para que la opinión pública percibiera que la cuestión venezolana era una cuestión que les afectaba y justificar la implicación de Brasil y Colombia en planes golpistas y desestabilizadores, hasta el punto de llegar a justificar una guerra “humanitaria” en la que estos países jugarían el rol de la tropa que moriría, mientras los EEUU pondrían los drones y los misiles de crucero. La otra función de promover el éxodo masivo de venezolanos al exterior era el situar al Estado bolivariano como un Estado fallido, crear zonas de crisis humanitarias en las fronteras, y justificar, de nuevo, la necesidad de la intervención militar.

Han transcurrido un poco más de tres meses desde que se implementaran en los países europeos las primeras medidas para combatir la pandemia de la Covid-19.

En este tiempo, más allá de las comedias locales de los voceros de los gobiernos y de sus instrumentos de comunicación, la situación de las mayorías sociales en los países capitalistas, ha pasado de la pobreza a la desesperación. Las desigualdades aumentan enormemente, y las riquezas continúan creciendo desaforadamente. La concentración y centralización del capital sigue su curso, pero ahora con muertos…, con muchos muertos. Cuando redactamos este artículo, los contagiados a nivel mundial superan los 9 millones de personas, y las muertes se acercan a 500.000, cuando todavía el continente africano no ha aparecido en esta escena macabra.

La Ley César es lo más parecido a la Helms-Burton aplicada contra Cuba. Una ley con alcance extraterritorial, que pone condiciones a cumplir para presuntamente suprimir el bloqueo.

Estados Unidos decidió asfixiar a Siria, tras el fracaso de más de nueve años de guerra para derrocar al presidente Bashar al Assad, con el empleo de su poderío militar, decenas de miles de mercenarios, el apoyo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) y aliados en Oriente Medio.

A imagen y semejanza del policía blanco que en Minneapolis hundió su rodilla cargada de odio en el cuello del negro George Floyd, el presidente Donald Trump firmó —con gesto imperial— una ley que niega el pan, las medicinas y el techo al pueblo sirio.

Compartimos este enlace que contiene dos  interesantes entrevistas realizadas a Francisco Barjas, Secretario General del Partido Comunista Obrero Español -PCOE-  y a  Carmelo Suárez, Secretario General del Partido Comunista de los Pueblos de España -PCPE-.

Los camaradas hablan del proceso iniciado por ambos Partidos con el objetivo de avanzar en la unidad comunista, una unidad que solo podrá tener su base  en la acertada concepción de la lucha de masas, en la intervención directa de la militancia comunista entre las masas obreras y populares, donde  las y los comunistas logren el reconocimiento de la clase obrera con el objetivo de llevar a cabo la  conducción revolucionaria para derrocar el capitalismo y construir el Socialismo.

Abre sus ojos en la penumbra; demora para hacerlo porque sabe lo que va a ver. Estira la boca pulposa y bosteza, el gesto comprime más su nariz ancha. A su lado hay siete muchachos, pero la mayoría duerme. Sólo uno le sonríe. Sandrine la devuelve con una mueca que lo hace reír sin amanecer. Ya hay que levantarse, como siempre. Sí, está sola con todo. Lo que gana al día, no da pa, ná!- sabe- es pa´el alquiler. Ella tenía una casita, que junto con la del lado, cayó hecha trizas cuando el terremoto. Ese niño que sonríe está vivo de milagro, porque con un año de nacido le cayó un muro encima y estuvo sangrando por un tiempo.

El sistema capitalista, preñado de violencia desde su origen, ha sido destapado en su naturaleza profundamente inhumana y en su carácter depredador del ser humano y del planeta. Con la crisis de la covid-19 se está evidenciando en toda su crudeza, sin posibilidad de adorno o camuflaje, que oculte su verdadero carácter de enemigo de la humanidad. Miles de muertes corroboran esa naturaleza criminal. Guerra, muerte, descarte humano de las personas más débiles, abandono de quienes son más vulnerables, hambre, miseria, dolor, represión, egoísmo, insolidaridad, explotación…y consumo de la carne del pueblo trabajador en la trituradora del sistema productivo para garantizar los beneficios patronales, ese es el rostro del capitalismo.

Desde marzo de este año los venezolanos estamos combatiendo en dos frentes. Como el resto del mundo, literalmente hablando, estamos batallando día a día contra un enemigo que, aunque minúsculo y casi invisible es muy poderoso, lo apodan Covid-19. Simultáneamente, también a diario, pero desde 1999, estamos batallando, sin tregua, contra los grandes capitales corporativos y financieros transnacionalizados, conocidos en los bajos fondos como imperialismo, quienes nos declararon una guerra, que, aunque no convencional es guerra al fin.

En la madrugada del 1 de mayo del presente año, un nutrido grupo de mercenarios entre los que se hallaban dos ex miembros de la fuerzas de los marines del ejército norteamericano, uno de los cuales había sido guardaespaldas personal del Presidente USA Donald Trump, desembarcó en el departamento de la Guajira a orillas del Río Orinoco en territorio de Venezuela. El grupo fue transportado hasta dicho lugar en lanchas patrulleras de la marina de Colombia lo que muestra la connivencia de este país en la denominada “Operación Gedeon”, operación planificada por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos con la aprobación de la administración Trump.