
Manifestación masiva en la plaza Al‑Sabeen, en Saná (Yemen)
El estrecho de Ormuz es uno de los enclaves comerciales más importantes de la historia y su control estuvo, durante siglos, bajo la cuerda de las potencias hegemónicas. La Macedonia de Alejandro Magno conquistó el estrecho hacia el año 325 a. n. e, y lo convirtió en el paso comercial principal de lo que se denominaría posteriormente la ruta de la seda. Su dominio bajo influencia islámica hacia el siglo VIII coincidió con el máximo esplendor científico y humanístico del mundo árabe. Durante los siglos XVI y XVII, el estrecho estuvo controlado por el imperio portugués y, posteriormente, español, tras el matrimonio entre Felipe II y María Manuela de Portugal. En el año 1622, el sah Abbas I del Imperio safávida, con el apoyo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, expulsó a los portugueses y a los españoles y ejerció un poder compartido con el Imperio británico. Tras la II Guerra Mundial y el asentamiento del dominio de Estados Unidos sobre el mundo capitalista, Ormuz fue controlado por Irán, bajo la monarquía del sah Mohammad Reza Pahlevi, y con un carácter servilista hacia el imperialismo, dejando que sus compañías petrolíferas extrajeran sus recursos.
El proceso de 1979 y el ascenso del ayatolá Ruhollah Musavi Jomeini al poder fue nacionalizando sus recursos y, progresivamente, fue poniendo trabas a la extracción libre de petróleo y gas. Recientemente, el acercamiento de Irán a China y Rusia, así como su implicación a favor de la resistencia palestina y libanesa, fue poniendo las cosas más difíciles a un imperialismo que necesita energía barata para producir capital excedente. La sociedad capitalista está basada en la extracción de energía y, como sucedió en la antigüedad, el control de Ormuz puede decantar la caída de los imperios.
La decisión de bloquear el paso por el estrecho está produciendo una crisis energética, ya que los precios del petróleo, del gas, del helio o del azufre han ido en aumento. Además, estas materias son básicas para producir objetos diarios como baterías, neumáticos o detergentes. A nivel tecnológico, el material más crítico parece ser el helio, ya que se usa para enfriar obleas durante el grabado de circuitos, así como también para mantener la estabilidad térmica del silicio. El helio no tiene sustituto en esta función.
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- Escrito por Gabi
- Categoría: Internacional*

Un verdadero hombre nuevo que guió a Corea en la consecución del éxito colectivo del socialismo coreano y la independencia.
El 15 de abril de 1912 en la aldea de Mangyongdae (Pyongyang) nacía Kim Il Sung, quien, unos años más tarde, en su adolescencia, se convertiría en un guerrillero dispuesto a liderar la lucha por la liberación de su patria del ocupante japonés.
Aquel joven, moviéndose entre las incursiones en la Corea ocupada y el exilio en China, no tardó en asumir el liderazgo y con él, la necesidad de dar a su pueblo un camino distinto del que les había conducido a la miseria y al colonialismo. Kim Il Sung advirtió que la lucha por la independencia no sería suficiente y asumió, tras sus enseñanzas juveniles, que el socialismo era la única vía a la verdadera emancipación nacional y de clase que garantizaría libertad futura a Corea.
Fundando la Unión para la Derrota del Imperialismo (1926), más tarde Unión de la Juventud Antiimperialista (1927), semilla de lo que sería el Partido del Trabajo de Corea (1945) y culminando el 25/4/1932 con la fundación de la Guerrilla Popular Antijaponesa (convertida más tarde en el Ejército Popular de Corea), organizó y dirigió la lucha armada antijaponesa logrando, con la ayuda de la URSS, la liberación de Corea el 15/8/1945.
Tras la victoria y la fundación de la República Popular Democrática de Corea en 1948, Kim Il Sung dirigió la construcción de un Estado socialista basado en la soberanía absoluta y la autosuficiencia. Tras las provocaciones del imperialismo yanqui a través de sus títeres de la dictadura surcoreana, la división de la península y la consecuente “Guerra de Corea” (1950-1953), consolidó el liderazgo socialista eliminando la influencia de facciones externas y proclamando, en 1955, la Idea Juche en el contexto de una convención de cuadros del Partido del Trabajo de Corea, pronunciando su famoso discurso “Acerca del establecimiento de la autoconfianza y la erradicación del dogmatismo y el formalismo en los proyectos ideológicos”. Una doctrina, de origen marxista-leninista, que priorizaba la independencia política, económica y militar desde el pragmatismo y la realidad coreana.
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- Escrito por Yuri Pérez
- Categoría: Internacional*

La lucha contra la OTAN y sus bases en el Estado español no puede entenderse como una reivindicación aislada. Se trata de una expresión concreta de la lucha antiimperialista. La OTAN representa el brazo armado del sistema para atentar contra la soberanía de los pueblos y, en el marco de la crisis estructural del capitalismo, lo ejecuta con unos niveles de violencia y capacidad de destrucción sin precedentes.
En absoluto es una mera alianza defensiva, tal y como dicta la propaganda del sistema; se trata del principal instrumento militar del imperialismo. Su función es proteger los intereses del capital y de la oligarquía mediante la fuerza, la dominación de los mercados, el control de los recursos naturales y la subordinación de los pueblos. Décadas de intervenciones militares evidencian cómo la violencia imperialista reconfigura territorios según sus necesidades estratégicas.
Hoy nos encontramos en un escenario de guerra global permanente, en el que la OTAN es parte fundamental de una estrategia que trasciende conflictos concretos. Esta dinámica responde a la agudización de las contradicciones del sistema capitalista, que, en su afán de garantizar su supervivencia, recurre a la militarización y las guerras para sostener sus tasas de ganancia, mantener el estatus geopolítico y abrir nuevos espacios de acumulación.
El Estado español, lejos de situarse al margen de esta dinámica, se encuentra plenamente integrado en ella. Desde su ingreso en la OTAN, ha asumido un papel activo en las ofensivas imperialistas, participando en misiones militares y cediendo su territorio al servicio de la maquinaria de guerra. Las bases militares de Rota y Morón, entre otras instalaciones, constituyen enclaves estratégicos para facilitar el despliegue rápido de tropas y recursos en las operaciones contra territorios de África, Oriente Medio y Europa del Este. Además, la presencia de las bases no implica exclusivamente cesión de soberanía e implicación en los conflictos; también convierte al territorio donde se sitúan en objetivo militar. Sumado a ello, cabe destacar que los acuerdos que regulan el funcionamiento de estas instalaciones limitan cualquier control efectivo por parte del Estado español, acuerdos que se revisan y prorrogan de manera periódica, aun sin que España sitúe la mínima discrepancia ni enmienda al respecto.
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- Escrito por Javier Martorell
- Categoría: Internacional*

“¡Ha estallado una contrarrevolución!”; alguien me llamó el lunes por la mañana, casi entre lágrimas. Otra persona, lamentablemente joven, anunció que “el Partido Obrero ha perdido el apoyo del pueblo” y que, por tanto, abandonaba el partido.
Aclaremos algunas cosas. No ha tenido lugar ninguna contrarrevolución. Bajo Fidesz, no gobernaba el pueblo, sino el capital.
El pueblo húngaro no eligió entre capitalismo y socialismo, sino entre dos tipos de capitalismo. No cambió el sistema; simplemente sustituyó a una fracción de la clase capitalista por otra.
El Partido Obrero nunca creyó que las fuerzas del socialismo pudieran ganar estas elecciones. Presentamos la alternativa de una nueva sociedad social, confiando en que la gente llegaría a comprenderlo tarde o temprano.
La coalición Partido de la Solidaridad–Partido Obrero logró presentar 58 candidatos individuales. La gente los recibió con confianza, y eso no es poca cosa. Ahora no basta para alcanzar el éxito, pero ofrece un punto de apoyo y un estímulo para el futuro.
El 12 de abril no fuimos nosotros quienes perdimos, sino una fracción de la clase capitalista húngara, que perdió frente a otra. Este no es un momento para desesperarse, sino para continuar el trabajo.
Viktor Orbán ha perdido la batalla. No frente al movimiento Tisza, sino frente al capital multinacional y la Unión Europea que lo representa.
Orbán pensaba en la línea de István Széchenyi, el estadista y reformador húngaro del siglo XIX, o de Lajos Batthyány, el primer ministro de Hungría en 1848. Creía que un capital nacional húngaro fortalecido podía convertirse en socio del capital alemán y francés, y de las multinacionales en general.
Sin embargo, el capital occidental no vio a un socio, sino a un competidor; en realidad, a un enemigo. El éxito de una vía capitalista nacional habría amenazado la dominación europea e incluso mundial del capital multinacional. Por eso decidieron que la “rebelión de las colonias” debía ser aplastada a cualquier precio. No podía hablarse de asociación, de una Europa de las naciones ni de nada semejante.
Orbán suponía que las crisis habían debilitado a la UE y que, tras sus reveses, estaría dispuesta a llegar a un compromiso con el capital húngaro; aproximadamente como hizo la aristocracia austríaca en 1867, después de su derrota ante Prusia, cuando alcanzó un compromiso con la aristocracia húngara. Pero eso no es lo que está ocurriendo. El capital germano-francés sangra por mil heridas, pero no se ha desangrado. Al contrario.
Orbán esperaba que el apoyo de Estados Unidos pudiera frenar los movimientos de la UE contra la vía capitalista nacional. Eso no ocurrió. El 12 de abril, la América de Trump también sufrió una derrota.
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- Escrito por Gyula Thürmer, presidente del Partido Obrero Húngaro
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El imperialismo se cobró una pieza importante cuando, en diciembre de 2024, logró derrocar al gobierno legítimo de la República Árabe Siria. Con la caída del proyecto baazista liderado por Bashar al-Assad, asestó un duro golpe a un país clave dentro del Eje de la Resistencia anti-sionista. Para ello le fueron necesarios trece años (desde las mal llamadas 'Primaveras Árabes' de 2011) de una guerra combatida por grupos islamo-fascistas y mercenarios extranjeros procedentes de todo el mundo, así como en una agresión económica que devaluó profundamente la moneda nacional y desgastó sobremanera las condiciones de vida.
Desde entonces, el pueblo sirio lleva pagando en sus carnes las consecuencias, y a un coste altísimo: con el precio de la luz habiéndose incrementado más de un 600 %, una escasez acuciante de medicamentos y comida (cuando solía tener una importante producción de cereal), el desmantelamiento de su industria, una criminalidad desbocada, etc. Por desgracia, en el corto-medio plazo no se avecina un cambio de panorama.
Desde aquel fatídico diciembre de 2024, el país está sumido en una sangrienta espiral de violencia política y étnica, sobre todo contra los y las partidarias baazistas y contra la población alauita, como ilustran las matanzas en Suweida, Hama y Homs; mientras el régimen no demuestra ni capacidad ni interés por solucionarlo. No en vano, está encabezado por un títere del imperialismo: el rebanacuellos de Abu Mohamed al-Golani (su nombre de guerra, aunque ahora le pongan traje y lo llamen Ahmed al-Sharaa). Líder del grupo terrorista Hayat Tahrir al-Sham, está más bien centrado en consolidar su puesto frente al avispero de grupos terroristas que hoy pululan por Siria: su HTS es el principal, pero no el único. De hecho, se han fortalecido facciones cercanas a Daesh.
Mientras tanto, por el sur al-Golani deja hacer tranquilamente al ejército sionista, que no solo ocupa desde hace décadas los Altos del Golán, sino que hoy avanza en la región de Quneitra sin oposición real, arrasando a su paso pueblos y cultivos. Al fin y al cabo, ¿cómo va a confrontar nuestro 'amigo' cortacabezas a sus queridos patrocinadores yanquis e israelíes? De hecho, el actual régimen sirio es una dolorosa cuña que el sionismo-imperialismo logró meter contra el Eje de la Resistencia, con idea de usarla contra Palestina, Líbano e Irán, principalmente.
En el norte del país, Turquía y sus fuerzas interpuestas manejan la situación. En el este sirio (la zona petrolífera junto al río Éufrates), ha habido -en enero, sobre todo- importantes y cruentos enfrentamientos armados entre el nuevo ejército y facciones kurdas. Sí, las mismas facciones kurdas que en Europa nos promocionaban como el máximo paradigma revolucionario de esa tal 'Rojava', pero que durante años no han hecho más que de peones de EE. UU. y la entidad sionista de Israel.
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- Escrito por Fernando
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En el año en que los pueblos del mundo conmemoran el 100 aniversario del nacimiento de Fidel Castro, hablar de Cuba es hablar de resistencia. Resistir ha sido la condición permanente de una Revolución que, desde 1959, desafía al imperialismo más poderoso de la historia. Para el pueblo cubano resistir no significa resignarse, sino luchar, organizarse y seguir construyendo socialismo incluso en las condiciones más adversas.
En los últimos tiempos las sanciones financieras, la persecución de las transacciones internacionales y las restricciones al comercio buscan golpear directamente la vida cotidiana del pueblo cubano. La dificultad para adquirir combustible, alimentos, medicamentos o tecnología no es fruto de un fracaso interno, como repite la propaganda imperialista, sino consecuencia de un cerco económico diseñado para generar desgaste social y fracturar la unidad popular.
El bloqueo constituye además una violación sistemática del derecho internacional y de los derechos humanos del pueblo cubano. Sus efectos se dejan sentir especialmente en sectores sensibles como la salud, la producción de alimentos o el acceso a recursos tecnológicos. Sin embargo, lejos de quebrar la voluntad de la Revolución, esta agresión ha reforzado la conciencia política y la capacidad de organización del pueblo cubano.
La historia demuestra que el imperialismo ha fracasado una y otra vez en su intento de derrotar a Cuba. Ni la invasión de Playa Girón, ni las campañas de sabotaje, ni las crisis económicas provocadas por el bloqueo lograron destruir la Revolución. Cuba sigue en pie porque su principal fortaleza no reside en los recursos materiales, sino en la conciencia política de su pueblo y en el proyecto social construido colectivamente desde el triunfo revolucionario.
Frente al recrudecimiento del bloqueo, el gobierno revolucionario ha desarrollado una estrategia basada en la soberanía económica, la participación popular y la cooperación internacional. Una de las prioridades ha sido fortalecer la producción nacional, especialmente en el ámbito agrícola. Proyectos de agricultura urbana, cooperativas y planificación económica buscan reducir la dependencia de importaciones y avanzar hacia la soberanía alimentaria del país, transformando las dificultades en impulso para el desarrollo interno.
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- Escrito por MYGO
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Estas rupturas responden a una tormenta perfecta de coerción económica, condicionalidades políticas y un realineamiento hemisférico forzado por la Casa Blanca.
En las últimas horas, el tablero geopolítico de América Latina ha sufrido un nuevo cimbronazo. En un contexto donde la administración de Donald Trump ha endurecido su política hacia La Habana hasta límites insospechados, las decisiones de Ecuador y Costa Rica de romper relaciones diplomáticas con Cuba no son una simple coincidencia diplomática, sino el síntoma de una presión regional asfixiante.
Lejos de ser gestos aislados, estas rupturas responden a una tormenta perfecta de coerción económica, condicionalidades políticas y un realineamiento hemisférico forzado por la Casa Blanca.
El "Efecto Dominó" de la máxima presión
Para entender la decisión de Quito y San José, primero hay que mirar lo que está ocurriendo en el Caribe. Cuba enfrenta actualmente un bloqueo naval que impide la llegada de buques con combustible. Tras el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela en enero, la isla perdió a su principal proveedor de petróleo, y Washington ha advertido que aplicará aranceles o sanciones a cualquier nación que intente romper este cerco.
En este escenario de "estrangulamiento", la administración Trump ha sido explícita: no habrá alivio para Cuba sin una rendición política, buscando convertir a la isla en un "estado cliente" de Estados Unidos.
Ecuador: De la doctrina de la "paz" a la alineación automática
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- Escrito por Otros Medios: Al Mayadeen.net. Autor: Razones de Cuba
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Uno de los genocidios más atroces de nuestra historia moderna tuvo lugar en Indonesia entre 1965 y 1966. Cometido con los auspicios de Washington y Londres, y bajo las órdenes del dictador Suharto, supuso el asesinato de más de dos millones de personas entre militantes del Partido Comunista de Indonesia (PKI), simpatizantes y civiles inocentes(1). Este año, cuando revueltas juveniles persisten en el país asiático, se cumplen seis décadas de aquella matanza. Dos impresionantes documentales, The Act of Killing y La mirada del silencio, del director británico Joshua Oppenheimer, y un fundamentado libro, El método Yakarta, del periodista estadounidense Vincent Bevins, rompen silencios, claman responsabilidades y certifican tan bárbaro e impune exterminio.
Mientras en 1964 la escalada norteamericana en Vietnam se confirmaba con la decisión del Congreso estadounidense de preparar una intervención militar masiva en aquel país del Sudeste Asiático, sobre Indonesia, vasto archipiélago de más de 100 millones de habitantes por aquel entonces, se cernía una abominable barbarie. Un genocidio a perpetrar en el contexto de la Guerra Fría como consecuencia del enfrentamiento internacional entre capitalismo y comunismo. Es decir, en el caso indonesio, entre el imperialismo yanqui dispuesto a expandir su poder geoestratégico en toda la zona, y las fuerzas nacionalistas y revolucionarias indonesias, decididas ellas a defender su derecho a elegir, o a conquistar, la sociedad que más les convenía. Consideraciones que el Partido Comunista de Indonesia (PKI en indonesio), fundado en 1920, y en aquellos años el mayor del mundo capitalista con una militancia de más de tres millones de afiliados y unos veinte millones de simpatizantes, tenía muy claras. Una organización revolucionaria, además, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y la proclamación de la independencia del archipiélago en 1945, gozaba de gran prestigio entre la clase obrera y campesina.
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- Escrito por José L. Quirante
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Basta de retórica. La tan recurrente frase que recuerda por enésima vez la necesidad de avanzar hacia una nueva Internacional Comunista que, ajustada a la realidad actual del desarrollo de las organizaciones comunistas, haga frente al Capitalismo en su fase actual de desarrollo imperialista ya no se soporta sin acciones que ayuden a su concreción práctica.
Es necesario denunciar todos los discursos retóricos que, conscientes de su ineficacia, se repiten en el tiempo y se consolidan como un obstáculo para la acción contra lo que enuncian o para luchar por lo necesario. Hoy, cuando una y otra vez no se deja de señalar acertadamente que estamos inmersos en un momento absolutamente crucial para el desarrollo histórico de las luchas de clase, no hacerlo es traición.
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Urgencia y dialéctica. Interpretar la ofensiva criminal del Imperialismo como un reto que enfrentar sin demora y, al mismo tiempo, una ventana para el desarrollo de la conciencia revolucionaria entre las masas y una oportunidad para el Socialismo, se torna imprescindible para, al menos, situar con claridad que:
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- Escrito por Julio Díaz
- Categoría: Internacional*












