Muy por encima de las ruinas de hormigón de la asediada Franja de Gaza, el cielo se llena de color de vez en cuando.

En un lugar marcado por la ocupación inhumana, el bloqueo y los ataques aéreos indiscriminados del régimen israelí, los niños unen papel, plástico y palos para construir cometas sencillas.

Sin embargo, incluso este símbolo universal de la infancia se ha visto arrastrado al terreno de la guerra.

Cuando los juguetes improvisados ​​se clasifican como armas y se responden con ataques aéreos militares, la comunidad internacional no puede permanecer en silencio. El mundo debe movilizarse urgentemente para proteger a los niños de Gaza y defender su derecho fundamental a la infancia.

El domingo, ataques aéreos israelíes dirigidos contra el centro de Gaza alcanzaron un edificio en al-Zawayda, matando a tres personas, entre ellas Mohamad Abdel-Salam Taha, de cuatro años.

 

Israel amenaza con intensificar sus ataques en Gaza por lanzamiento de cometas 

Israel amenaza con intensificar sus ataques en Gaza por el lanzamiento de cometas, globos y drones, llegando incluso a advertir de la evacuación de las zonas desde donde se produzcan.

 ¿La justificación ofrecida por las fuerzas de ocupación para estas operaciones letales? Una directiva de seguridad que ordena que las cometas de papel, los globos y los juguetes improvisados ​​que vuelan los niños sean tratados con la misma fuerza letal que los drones de combate militares.

Para los sudafricanos, este lenguaje resulta escalofriantemente familiar. Evoca las épocas oscuras de nuestro propio pasado, cuando el régimen del apartheid consideraba a los escolares que marchaban en Soweto como una amenaza existencial para el Estado. Cuando un simple acto de juego se convierte en un acto de guerra, la comunidad internacional no puede permanecer indiferente.

Los principales medios de comunicación, la sociedad civil y la ciudadanía deben movilizarse con urgencia. Debemos defender a los niños de Gaza y proteger su derecho absoluto a la infancia, en medio de la guerra genocida y la campaña de exterminio que se están llevando a cabo.

La situación internacional y la guerra en Ucrania

La situación internacional se caracteriza por dos frentes de guerra activos, en Ucrania y en Asia Occidental. El eje imperialista de EE. UU. – OTAN – UE y las viejas potencias coloniales, con los imperialistas estadounidenses como fuerza dirigente, empujan a la humanidad hacia una escalada del conflicto militar en el marco de la crisis estructural del sistema imperialista.

El inicio de la Operación Militar Especial de la Federación Rusa en Ucrania en 2022 provocó divisiones en el movimiento comunista mundial en torno al carácter de la guerra: si constituye una guerra justa del lado de la Federación Rusa o un conflicto interimperialista.

La posición de la Federación Rusa y los antecedentes históricos del conflicto

Para examinar el conflicto Rusia-OTAN en Ucrania, como comunistas debemos aclarar la posición de la Federación Rusa dentro del sistema imperialista y el papel histórico de EE. UU.-OTAN en la región. Sobre la base de datos económicos y militares y de los cinco criterios de Lenin para el imperialismo, Rusia no ha alcanzado aún su etapa imperialista; sin embargo, es un Estado capitalista con un poder militar significativo.

Tras la disolución de la URSS en 1991, la expansión de la OTAN hacia los antiguos países del Pacto de Varsovia y la restauración capitalista abrieron el camino para la ampliación de la esfera de influencia del imperialismo euroatlántico en Europa del Este y el antiguo espacio soviético, configurando la estrategia de cerco a la Federación Rusa.

La carretera Trump, ubicada en el Sáhara Occidental Ocupado, deja al descubierto la red de intereses políticos, económicos que vinculan a Marruecos, Israel y Estados Unidos.

Corresponsal de The Cradle en el norte de África

En el Sáhara hay una máquina que se puede ver desde el espacio. Una cinta transportadora, la más larga del mundo, de casi cien kilómetros de acero, que va desde una mina llamada Bou Craa hasta el Atlántico. Durante medio siglo ha extraído fosfato del Sáhara Occidental ocupado, a través de guerras, altos el fuego y un referéndum prometido que nunca se celebró. La capa más rica del yacimiento ya se ha agotado, vendida antes de que los saharauis pudieran votar al respecto. Y la electricidad que mantiene la cinta en funcionamiento es vendida al Estado por un parque eólico propiedad del rey.

El 26 de julio, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que la autopista que pasa junto a esta máquina ahora lleva su nombre. El anuncio se hizo público mediante un vídeo de cuatro minutos de Truth Social, narrado por una voz claramente artificial que elogiaba su «valentía histórica». Seis días después, Rabat no ha pronunciado el nombre en voz alta. No hace falta. El nombre nunca fue el precio.

La carretera existe. Son 1055 kilómetros de asentamientos que se extienden por la última colonia de África, el tipo de carretera que los imperios siempre han construido y bautizado con su propio nombre. Conecta la mina, el puerto, un bloque marítimo controlado por Israel y el fertilizante libre de impuestos que ahora navega hacia Nueva Orleans bajo una emergencia creada por el propio Washington. Si se sigue lo suficiente, el asfalto va desde la mina de fosfato hasta el palacio.

Un trabajo, adquirido a plazos

Cada pago tiene un registro documental, y este comienza cinco años antes de que se le diera el nombre. El convenio que construyó la carretera se firmó en presencia del rey marroquí Mohammed VI en El-Aaiún (también conocido como Laayoune) en 2015, en el 40.º aniversario de la Marcha Verde, a un costo de 10 mil millones de dirhams marroquíes (MAD), o alrededor de 1074 millones de dólares. Marruecos plasmó su anexión en asfalto, como siempre lo han hecho los imperios, mucho antes de que Washington la aprobara. Lo que llegó en diciembre de 2020 no fue la carretera. Fue la firma.

En el contexto actual de la lucha de clases, el momento presente se convierte en pasado en un ligero instante. La agenda del motor de la historia se gestiona principalmente desde el Poder, y la clase obrera en los países donde es hegemónico el modo de producción capitalista trata de responder con lucha a las medidas criminales que el enemigo de clase adopta para seguir manteniendo la plenitud de su dominio. Evidentemente, este párrafo inicial es una boutade, pero hay que señalarla para poder analizar decisiones que se adoptan para sobrevivir.

Parco resulta pues este artículo que trata de valorar a “bote pronto” las medidas que el Partido Comunista de Cuba propone para debatir y aprobar en la Asamblea Nacional de Cuba. Vamos a ver si el etiquetismo de revolucionario y comunista lo podemos seguir pronunciando con ese ardor “pechero”, sin renunciar ni obviar las leyes científicas del marxismo, de la dialéctica, de la termodinámica y/o de todas las ramas del saber y el conocimiento.

Prejuiciando – por valoraciones marxistas – que el capitalismo se encuentra en su fase final, asistido mecánicamente y con abruptos espasmos cardiacos, no somos capaces de anunciarle a Las Parcas (sobre todo a Átropos) para que intervenga en favor de los pobres del planeta y lo traslade al basurero de la historia.

Y, mientras tanto, nos debemos ocupar de lo que siempre nos preocupa. Inquietante resulta pensar que lo que estamos haciendo no es lo correcto, lo conveniente, lo práctico y eficaz, pero en la guerra, la duda te degüella, así que hay que seguir machadianamente “haciendo camino al andar” sin perder de vista a la bestia parda del imperialismo que asola todos los terrenos que pisa. Como casi siempre, aparece Lenin con su ¿Qué hacer?

Desde este espacio siempre hemos acompañado las decisiones de la Revolución porque se han adoptado desde los principios básicos del marxismo-leninismo y la implicación y la participación del pueblo soberano. Por ello, las nuevas medidas nos obligarán a interpretar la finalidad y los medios empleados para el propósito perseguido. Se destaca en las intervenciones que la propiedad colectiva de los medios de producción se mantiene como piedra angular de la construcción socialista, que se irá dinamizando con el desarrollo de las fuerzas productivas y la necesidad de profundizar en la obtención de plusvalía a partir del trabajo que operará en el tejido productivo. No es posible la construcción del socialismo sin una base material sólida.

Mohamed Lamine Haddi, otros presos políticos saharauis y miembros del grupo de Gdeim Izik, protagonistas de una nueva escalada de huelgas de hambre en las cárceles marroquíes en solidaridad con Naâma Asfari y contra la negligencia médica y las condiciones de reclusión.

En el marco del seguimiento por parte de la Liga de las condiciones de los presos saharauis en las cárceles marroquíes, y al tiempo que declara su absoluta solidaridad con todas las legítimas medidas de lucha adoptadas por los presos civiles saharauis, la Liga alza su voz para reafirmar ante la opinión pública local e internacional que las cárceles de la ocupación marroquí no son ni serán tumbas para los vivos, sino que seguirán siendo tribunas de dignidad y escuelas de liberación.

En respuesta al llamado del deber moral y de lucha, los presos civiles saharauis pertenecientes al grupo de Gdeim Izik en las cárceles marroquíes han anunciado el inicio de una huelga de hambre solidaria durante los días martes 14 y miércoles 15 de julio del mes en curso, en apoyo absoluto a su heroico compañero Naâma Asfari, quien continúa su huelga de hambre abierta por trigésimo sexto día consecutivo.

Los prisioneros confirmaron que esta huelga es un mensaje claro y directo para cualquiera que ignore su sufrimiento, declarando que las políticas de venganza y abuso ejercidas contra ellos por el Estado de ocupación marroquí no lograrán quebrar su libre voluntad ni apagarán la llama de la esperanza en sus corazones. Subrayaron que su legendaria firmeza tras las rejas es una extensión natural de la resistencia de su pueblo en los campamentos y en cada rincón del Sáhara Occidental.

Pie de foto: Escombros del ataque ukronazi contra la residencia estudiantil de Starobelsk.

Terrorismo nazi-fascista infanticida. Solamente así cabe calificar las acciones del gobierno y del ejército de Kiev. Tal es su nivel de descomposición y desquiciamiento que en las últimas se han cebado particularmente con niñas y niños. No es que esto sea nuevo, puesto que desde el Euromaidán de 2014 el número de víctimas menores de edad en el Donbass no ha parado de crecer, en un reguero de sangre continuo; si bien sus últimas barbaries merecen mención aparte.

La noche del pasado 22 de mayo, hasta tres oleadas diferentes de drones golpearon una residencia estudiantil en Starobelsk, una pequeña ciudad en el centro de la República Popular de Lugansk. Allí, Ucrania asesinó a 21 estudiantes (18 chicas y 3 chicos) e hirió a 65 más, de edades entre 14 y 22 años, sumando casi el total de las personas que estaban durmiendo en el edificio. Incluso las labores de rescate tuvieron que interrumpirse varias veces por amenazas de nuevos ataques... Todo un espejo de su socio genocida sionista. En respuesta a la masacre de Starobelsk, la Federación Rusa lanzó misiles de precisión, pero exclusivamente contra objetivos militares; una acción (la rusa) que, por cierto, la tan progresista representación española ante la ONU se apresuró a condenar, mientras calló acerca del terrorismo ucraniano que la ocasionó.

El 17 de junio en Briansk (región rusa fronteriza con Belarús y Ucrania), otro dron ukronazi disparó contra un autobús donde viajaba un equipo infantil de fútbol; con el resultado de una mujer adulta asesinada y siete personas más heridas (cinco niños), todas de nacionalidad bielorrusa. Fiel a su costumbre, Ucrania niega su autoría de los hechos.

Todo en un contexto donde el régimen fascista de Kiev viene intensificando su escalada de agresiones contra instalaciones de infraestructura energética rusa (desde refinerías a la central nuclear de Zaporozhie); así como contra toda clase de lugares civiles: viviendas, vehículos, zonas comerciales y de ocio, etc. Haciendo uso de las mejoras tecnológicas en los nuevos drones que les suministran sus socios de la UE, Ucrania es capaz de alcanzar importantes áreas del territorio ruso, llegando incluso a Moscú y San Petersburgo.

Que Turquía, que en estos días celebra la Cumbre de la OTAN, es un Estado reaccionario, fácilmente calificable como fascista, no es algo que necesite mucha argumentación.

Que el Estado turco, mantiene encarcelados a cientos de comunistas, no sorprende a nadie mínimamente informado.

Quizás, si hablamos de las condiciones en las prisiones turcas, el lector o la lectora, por intuición se imagina condiciones muy duras. Pero es algo más, es la ciencia de la tortura y la deshumanización destinada a intentar destruir el espíritu revolucionario y la propia existencia física. Son las cárceles “tipo foso”, celdas diminutas sin ventilación, en régimen de encierro de 23 horas, con una hora de patio sin contacto con ningún ser humano, así por años hasta la muerte y la locura. Alimentación saturada de grasas sin valor nutritivo, sin estímulos sensitivos, sin contacto humano, destruyendo los ritmos vitales de vigilia y sueño. Tortura.

Estas prisiones se destinan a los prisioneros y prisioneras políticos, concretamente a los y las comunistas en Turquía. Regímenes similares los aplica el sionismo contra los prisioneros y prisioneras palestinos, los EEUU contra prisioneros revolucionarios como Simón Trinidad. La ciencia al servicio de la tortura y la muerte.

Los prisioneros y prisioneras turcos del Frente Popular han enfrentado esta política de exterminio con huelgas de hambre durísimas, que han costado la vida a decenas de ellos.

Este 6 de julio ha fallecido el prisionero Gürkan Türkoğlu, tras 268 días de huelga de hambre, tras ser hospitalizado el pasado 10 de abril y ser alimentado forzosamente, un acto de tortura según todas las convenciones. Su muerte es un asesinato, agravado por la tortura. Su muerte y martirio es un grito por la vida, es dignidad, es la demostración de que el enemigo no podrá adueñarse de su voluntad ni de su existencia, que no podrá ser doblegada.

Desde estas líneas transmitimos toda la solidaridad y afecto revolucionario a los y las camaradas del Frente Popular, a su familia y amigos.

Porque Gürkan seguirá vivo en la lucha del pueblo hasta su liberación.

Ferran N.

Ramala, 30 jun (Prensa Latina) La fotografía no necesitó filtros ni explicaciones. Bastó una imagen del periodista palestino Mujahid Bani Mufleh para que miles de personas comprendieran que los 14 meses que pasó en una prisión israelí dejaron cicatrices que trascienden el cuerpo.

Con parte del cráneo visiblemente dañada y un rostro muy distinto al que conocían sus colegas y familiares, Bani Mufleh reapareció en su cuenta de Instagram después de un largo tratamiento médico.

La imagen, acompañada por un extenso testimonio, provocó una ola de conmoción entre periodistas, activistas y usuarios de las redes sociales, quienes la consideraron una evidencia del deterioro físico y psicológico que denuncian numerosos presos palestinos.

Originario de la localidad de Beita, al sur de Nablus, el reportero relató que fue detenido tras una incursión de las fuerzas israelíes en su vivienda a finales de junio de 2025 y trasladado posteriormente a la prisión de Menashe, ubicada en el complejo militar de Salem, en el norte de Cisjordania ocupada.

En su publicación, no describió únicamente los efectos de la prisión sobre su cuerpo, sino también la transformación de su manera de entender la vida.

«Catorce meses en prisión y el largo proceso de rehabilitación que siguió fueron suficientes para cambiarme para siempre», escribió.

Recordó que durante el encierro comprendió «el verdadero significado del hambre», al acostarse y despertarse con dolor por la escasez de alimentos, y cómo un simple trozo de pan o un sorbo de agua fría podían convertirse en un anhelo cotidiano.

También evocó la pérdida absoluta del control sobre su propia existencia.

«Aprendí el significado de la humillación cuando otros controlan los detalles de tu vida diaria: cuándo comes, cuándo duermes, cuándo te levantas», señaló al describir una rutina marcada, según afirmó, por la privación y la dependencia.

El periodista aseguró que el tratamiento médico se convirtió en otra batalla diaria, donde levantarse de la cama, caminar unos pasos o respirar sin dolor representaban victorias personales que antes consideraba actos cotidianos.

«Me di cuenta de que las bendiciones que dábamos por sentadas eran más valiosas de lo que imaginábamos: una comida completa, una noche de sueño reparador, respirar sin dolor, dar un paso sin dificultad y ver el rostro de un ser querido sin restricciones», escribió.

 

Manifestación masiva en la plaza Al‑Sabeen, en Saná (Yemen)

El estrecho de Ormuz es uno de los enclaves comerciales más importantes de la historia y su control estuvo, durante siglos, bajo la cuerda de las potencias hegemónicas. La Macedonia de Alejandro Magno conquistó el estrecho hacia el año 325 a. n. e, y lo convirtió en el paso comercial principal de lo que se denominaría posteriormente la ruta de la seda. Su dominio bajo influencia islámica hacia el siglo VIII coincidió con el máximo esplendor científico y humanístico del mundo árabe. Durante los siglos XVI y XVII, el estrecho estuvo controlado por el imperio portugués y, posteriormente, español, tras el matrimonio entre Felipe II y María Manuela de Portugal. En el año 1622, el sah Abbas I del Imperio safávida, con el apoyo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, expulsó a los portugueses y a los españoles y ejerció un poder compartido con el Imperio británico. Tras la II Guerra Mundial y el asentamiento del dominio de Estados Unidos sobre el mundo capitalista, Ormuz fue controlado por Irán, bajo la monarquía del sah Mohammad Reza Pahlevi, y con un carácter servilista hacia el imperialismo, dejando que sus compañías petrolíferas extrajeran sus recursos.

El proceso de 1979 y el ascenso del ayatolá Ruhollah Musavi Jomeini al poder fue nacionalizando sus recursos y, progresivamente, fue poniendo trabas a la extracción libre de petróleo y gas. Recientemente, el acercamiento de Irán a China y Rusia, así como su implicación a favor de la resistencia palestina y libanesa, fue poniendo las cosas más difíciles a un imperialismo que necesita energía barata para producir capital excedente. La sociedad capitalista está basada en la extracción de energía y, como sucedió en la antigüedad, el control de Ormuz puede decantar la caída de los imperios.

La decisión de bloquear el paso por el estrecho está produciendo una crisis energética, ya que los precios del petróleo, del gas, del helio o del azufre han ido en aumento. Además, estas materias son básicas para producir objetos diarios como baterías, neumáticos o detergentes. A nivel tecnológico, el material más crítico parece ser el helio, ya que se usa para enfriar obleas durante el grabado de circuitos, así como también para mantener la estabilidad térmica del silicio. El helio no tiene sustituto en esta función.

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