Como ya dijera el sabio, docto, piadoso y ejemplar, Luis de Guindos (es que me da la risa), otrora paladín del partido podrido y ahora, por arte de birlibirloque, vicepresidente económico del Banco Central Europeo: “el BCE recomienda consolidaciones en la banca europea para reducir costes”. Se quejaba tristemente de que la banca europea es poco rentable: “una de las principales vulnerabilidades que hemos señalado en el pasado y, más concretamente, después de la pandemia, es la baja rentabilidad de los bancos europeos y las bajas valoraciones bursátiles que esta baja rentabilidad está provocando”.

Pobrecitos.

Como dijeran Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, el Estado es, en última instancia, “el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”. Ni cortos ni perezosos los del gobierno pijoprogre de España han obedecido rápidamente y se prepara, como mal menor, la fusión por absorción entre Bankia y La Caixa.

Mientras camino por calles extrañamente vacías observo como a lo lejos, en un cruce estratégico, un control de la policía municipal compuesto por dos coches y un furgón de atestados da el alto a un vehículo, según me voy aproximando les escucho preguntarse si es posible que vaya a trabajar o no.

-«Qué tiempos más extraños». Me digo a mi mismo según voy dejando atrás la escena. «Quién nos iba a decir hace un año que estas cosas, las mascarillas, los confinamientos, los aforos limitados, los parques cerrados, los geles hidroalcóholicos, y por supuesto, las dichosas videoconferencias, serían hoy el pan nuestro de cada día».

 

El eurocomunismo en nuestro país, y en otros países donde penetró las filas de los Partidos Comunistas, tuvo como una de sus características principales el abandono de toda posibilidad de desarrollo revolucionario. Esa deriva política, que se inicia desde el abandono de la ideología de la clase obrera, llevó a quienes la asumieron, a una incapacidad total para comprender que el desarrollo del capitalismo conduce a la creación de las condiciones objetivas y subjetivas para el desenlace revolucionario, y ello de una forma inexorable. Quienes defendieron, y defienden hoy, esas posiciones reformistas creían que el capitalismo, con el impulso de la revolución científico-técnica y el “estado del bienestar”, había sido capaz de superar sus contradicciones internas, y que este sistema se adentraba en una etapa de estabilidad que evitaría el conflicto social, anulando la capacidad transformadora de la clase obrera y su avance hacia la sociedad socialista.

Según un informe publicado por la ONU, la población inmigrada en España es de 6.104.203 personas, el 12,9% del censo demográfico de nuestro país. Y según la Fundación “Por Causa” y la “Carlos III”, entre 390.000 y 470.00 de éstos son considerados como “irregulares” o “ilegales”. Su entrada en España se hace por aeropuertos, por pasos fronterizos, por mar en cayucos donde muchos son tragados por los mares, y otros saltando por la Valla de Melilla dejando girones de sus cuerpos en los espinos de las alambradas. Cuando llegan a España se les aplica la ley de extranjería, que consiste en:

Para los y las marxistas, los resultados prácticos son la piedra de toque en la que se comprueba quién tiene razón y quién se equivoca, en cualquier ámbito de la realidad. En las sociedades humanas, y específicamente en la que vivimos actualmente, cuando cualquier persona empieza a ser consciente de la salvaje explotación a la que es sometida la clase obrera, la violencia y la alienación que se ejerce sobre la mayoría social, lo primero que debería realizar es un análisis de las experiencias prácticas de transformación social, buscando aquellas más fructíferas. Esta búsqueda nos llevará indefectiblemente a las revoluciones socialistas que se han producido a lo largo de la historia, las cuales se sustentaron en dos pilares fundamentales: una amplia movilización de masas obreras y populares, y una organización política en la que se encuadran los elementos más conscientes y preparados de las clases explotadas, es decir, un Partido Comunista.

Naaaa, no es para tanto.

Partiendo de que el chino es el lenguaje más hablado en el mundo, seguido por el castellano, el slogan de niñas y niños preocupados por el clima está en inglés: Fridays for future. Y menos mal, porque si lo hace en sueco hubiera sido más difícil entenderlo. Aunque en el fondo, eso es lo que hacen: se hacen los suecos, que en nuestra cultura popular es ni más ni menos que irse por las ramas o hacerse el chivo con tonteras o tantas otras frases que nuestro idioma nos regala.

Debido a la covid-19 y conscientes  de la situación sanitaria, entendiendo que en las fechas previstas inicialmente del  3 y 4 de octubre  desarrollarlo tal cual estaba previsto  era   algo que podía tornarse  imposible por motivo de   restricciones a la movilidad, al aforo o similares, en el XXI Pleno del CC se aprobó  su desarrollo en una modalidad mixta: telemático y presencial.

 

El 27 de febrero 2020 el presidente de EE.UU., Donald Trump, muestra un mapamundi que presenta el grado de preparación de cada país frente a posibles epidemias o pandemias afirmando que “Estados Unidos es el país mejor preparado”. El mapa que enseñó a los periodistas se basaba en el índice de la Seguridad Sanitaria Global (Global Health Security Index) de la Universidad Johns Hopkins. Esta universidad es la fuente que citan todos los medios como referencia científica cuando presentan las estadísticas del Covid-19 y siempre con el adjetivo “prestigiosa” para decir al receptor de la noticia que el origen de esta información es incuestionable. Quien pusiera en duda por ejemplo los datos que ofrece la página web de la JHU acerca de la pandemia se revelaría en seguida como ignorante y atrevido. Pues bien, seamos atrevidos pero nada ignorantes.

A demagogos y mentirosos compulsivos, como Trump y Bolsonaro, no les vendría mal meditar también acerca de unas palabras atribuidas a Lincoln que Fidel citaba a menudo: «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo»

A Michael Ryan, funcionario de la OMS, le preguntaron qué opinaba de «los mensajes contradictorios del Gobierno brasileño en torno a su modo de enfrentar la COVID-19».