Desde el PCPE denunciamos el nuevo engaño de los partidos que componen el actual gobierno socialdemócrata (PSOE y Unidas Podemos), ante la negativa de la Mesa del Congreso, donde tienen mayoría, a tramitar la ILP presentada el pasado 24 de septiembre por la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad (CAS), “para la recuperación y desprivatización de la Sistema Nacional de Salud”.

Tras este bloqueo, Unidas Podemos (UP), haciendo nuevamente uso de su papel desmovilizador y oportunista, ya está trabajando su propia ILP sobre la sanidad, donde dejará intacta la legislación que sigue permitiendo la privatización y el negocio de nuestra sanidad pública a través de los conciertos. Como buenos trileros, aparentan representar los intereses del pueblo trabajador, mientras que de facto, dejan intacta la estructura de poder de los monopolios sobre la sanidad. Otro servicio más prestado a la oligarquía y a los poderosos: aparentar que algo cambia para que el robo al pueblo continúe. El pacto de la transición sigue vigente, la socialdemocracia, ya sea PSOE o UP, cumple su papel. Cambiar para que nada cambie. Gatopardismo de viejo y nuevo cuño cuyo único fin es la desmovilización y la derrota de la mayoría social a mayor gloria y beneficio de las clases dominantes.

Ante el más que posible archivo de las tres causas que la Fiscalía General del Estado tiene abiertas contra el corrupto y ladrón Juan Carlos I, huido, refugiado y protegido por los Emiratos Árabes Unidos, desde el PCPE queremos mostrar nuestro más profundo rechazo y hacer un nuevo llamamiento al conjunto de fuerzas obreras y populares para tirar al basurero de la historia de una vez por todas a los Borbones y a la Monarquía.

Que la justicia burguesa no es igual para todos y para todas es algo que no sorprende por desgracia y que el rey emérito se hizo de oro a costa de la clase trabajadora aprovechando que ya era rey, tampoco. En esta ocasión el emérito se librará de sus fraudes por delitos prescritos, por su inviolabilidad hasta el 2014 y por sus diferentes regulaciones por el dinero no declarado a Hacienda.

Mientras tanto, un camarada de la Juventud Comunista de los Pueblos de España recibía una notificación de la sentencia por la que se le condena con 10 meses de cárcel y 400 euros de multa tras otro burdo montaje policial durante la protesta contra la presencia de Felipe VI en la universidad de Castellón.

Cuando en el 2020, al calor de la rabia popular contra el racismo institucional en lo EEUU, la rabia contra siglos de segregación y miseria, en el movimiento que se denominó “Black Lives Matter”, ante la noticia de que se habían derribado y vandalizado estatuas de figuras de la cultura hispana, los medios de información españoles lo narraban manifestando cierto horror, el mismo horror de siempre, el horror con el que inculcar en las masas animadversión contra todo acto popular de fuerza y resistencia. Razonaban los medios que si bien eran entendible derribar estatuas de esclavistas y héroes confederados, no lo era hacerlo de figuras de la cultura, evitaban así otro tipo de argumentos, como por ejemplo razonar que la celebración explícita de la cultura europea es a su vez la negación implícita de la cultura afrodescendiente, de la cultura nativa, de la cultura de las clases explotadas y masacradas, y a fin de cuentas la negación de su papel en la historia.

Desde la campaña del noblísimo (premio nobel de la paz, es que da hasta risa) pacifista, racializado y de orígenes islámicos llamado Obama, el progresismo pijo progre se frotaba las manos. Había llegado su hora. Yes, we can!, Podemos (aunque según relataba el mismísimo líder, Pablo Iglesias, la idea estaba asociada a una agrupación boliviana de derechas, llamada Podemos). Ahora vamos a subir los salarios a policías y guardias civiles un 20%, vamos a subir la luz, so pretexto de alimentar las renovables y os vamos a mear encima.

A lo mejor, la simplificación del proceso suena exagerada, pero esta es la realidad que vivimos. Vamos a salvar el planeta a vuestra costa para que los ricos puedan vivir más y mejor.

La victoria del pueblo vietnamita en su guerra de Liberación Nacional significó la primera derrota del imperialismo Norteamericano, demostrando su lento y progresivo proceso de decadencia.

El 15 de agosto del presente año 2021 salvando las distancias históricas y en el tiempo, se reproduce una escena similar con la entrada de los Talibanes en Kabul capital de Afganistán. La salida yanki de Afganistán, sin lugar a dudas, es una derrota. Pero también hay que interpretarla en clave del juego de intereses geopolíticos en la zona, en la frontera con China y con Irán. Perdida la guerra, el imperialismo yanki deja una situación en el país que trata de ser funcional a sus intereses en el medio y largo plazo.

Para situarnos en este conflicto una breve descripción del país y de su proceso histórico más reciente.

Afganistán tiene una extensión territorial de 655.230 KM2 y una población aproximada de 36 millones de habitantes. El país es un mosaico de pueblos diversos y heterogéneos enfrentados en muchas ocasiones a lo largo de su tumultuoso proceso histórico.

En estos días ya es bien sabido en todos los rincones del Estado que un evento muy particular se está dando en la isla de La Palma, una de las ocho que integra el archipiélago canario. Desde el pasado domingo, 19 de septiembre, un nuevo volcán ha nacido y, por su carácter extraordinario, todos los medios de comunicación, tanto los hegemónicos como los más humildes, tienen sus ojos puestos en él, siguiendo e informando cada momento que pasa.

En márquetin es clásica la discusión sobre si esta técnica en manos del capital, sirve al propósito de identificar necesidades humanas para satisfacerlas o bien, previamente las crea.

En el caso que nos ocupa, el debate es superado por una realidad fácilmente palpable. Existe y no cabe duda alguna, una necesidad creciente de salvaguardar un entorno que haga posible la supervivencia en este planeta cada vez más deteriorado.

Otra cuestión sería determinar cuál es la causa principal de este estado. Desde las voces defensoras del actual modo de producción, hasta las simplemente acríticas, se escucha constantemente la redundancia de que “la mano del hombre es la causante de …”.

La llegada de pateras y cayucos sigue constante y cotidiana en Canarias. El continuo tráfico de inmigración ilegal se ha convertido en un fenómeno “normalizado” pero que, dado su volumen, desvela la existencia de todo un entramado social, político y económico, que lo explica. Por poner cifras, que ayuden a dar proporción real al problema, hay que señalar que en Canarias han llegado desde el inicio del año 2021 hasta el uno de septiembre 9.260 inmigrantes, lo que supone un incremento con respecto al año pasado del 135%. Estamos hablando de 243 embarcaciones que, en las fechas anteriormente señaladas, llegaron a las costas canarias desde África.

En un contexto marcado por una creciente desvalorización de la fuerza de trabajo sustentada en salarios de pobreza y en un aumento desorbitado de la precariedad y la temporalidad, se hace necesario, al margen de la más diversa propaganda, entrar al fondo de lo que realmente va a suponer el incremento de 15 € al mes del SMI.

Nos centraremos en ello, aún sabiendo que el alcance de las conclusiones quedará limitado, al no abordar en nuestro análisis las consecuencias para el empleo del hecho de que, semanalmente la EPA estima que se dejan de cotizar y retribuir 2.56 millones de horas extras o que según el propio FMI el 17,2 % de la economía española en 2021 será sumergida.

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