A principios de diciembre, o si se prefiere, a finales de este insoportable 2021, año 1 de la nueva normalidad, que es la mierda de siempre pero peor porque hay COVID, se congregaron en Varsovia, invitados por el gobierno Polaco, los líderes de las principales fuerzas políticas de extrema derecha (o derecha extrema, o ultraconservadores, o neoconservadores o patriotas, que es como ellos se autodenominan. Cabe decir que jamás se llamarán por lo que verdaderamente son, ya que para estos grupos, la política es el arte de la simulación, de ocultar el interés de la oligarquía con la máscara del nacionalismo, la tradición o la identidad). Estos próceres de la defensa nacional, entre los que se encontraban Le Pen, Abascal y Orbán, se reunieron como muestra de solidaridad con el gobierno polaco, que encima de luchar por mantener la frontera de Europa a salvo de las hordas de migrantes enviados por los enemigos de occidente, tiene que lidiar con los ataques internos que las élites progres de Bruselas le lanzan contraviniendo su soberanía nacional. Naturalmente esta reunión sirvió también para ir trazando con líneas más gruesas un bloque europeo de extrema derecha que con la bandera de la soberanía nacional acabe con la tiranía del “buenismo progre”, algo que continuarán haciendo ya a principios de 2022 en Madrid por invitación de nuestros paladines nacionales, Vox.

Después de nueve meses, como si de un embarazo se tratara, el próximo día 1 de enero la nueva norma laboral entrará en vigor.

Algunos medios del capital se atreven a decir que mejorará la vida laboral de muchos trabajadores y trabajadoras, otros menos optimistas y más de derechas, dicen que no creará empleo.

Parece que lo único importante es que la patronal, el gobierno y dos sindicatos hayan conseguido ponerse de acuerdo, aún cuando la mayoría sindical de nuestro estado no esté de acuerdo, ni ha sido invitada, ni lo será.

CCOO y UGT nos tienen acostumbradas a espaldas de sus afiliadas y afiliados a llegar a acuerdos sin la participación de los mayores interesados, la clase obrera. La política sindical desarraigada de las asambleas, de la participación de todos. El sistema de el “valor de representación” de todas las y los trabajadores y por enésima vez volvemos a ser traicionados.

En los prácticamente dos siglos de combate radical e irreconciliable entre el proletariado y la burguesía, la principal tarea de nuestro enemigo de clase en el combate ideológico ha sido descalificar el comunismo. Nunca han dudado a la hora de identificar a su enemigo principal, pero tampoco han escatimado recursos económicos y humanos para desarrollar una tarea que saben definitiva.

En todo este tiempo, la imagen, tanto del Comunismo, como de los comunistas y las comunistas, se ha ido modificando y ciertamente, ya son pocos quienes defienden que, como los rusos, tenemos rabo y cuernos, pero siempre ha sido y es, profundamente negativa y cargada de prejuicios injustificables1. Todo tipo de acusación y descalificación ha buscado criminalizarlo y situar su realidad como un infierno para la vida sin espacio para la libertad, el bienestar y la cultura. La más burda manipulación de la verdad destinada a perpetuar la dominación burguesa y su dictadura de clase, es la estrategia usada durante todos estos años.

 

Estamos en la entrada principal del icónico museo Guggenheim de Bilbao, donde todos los días a las 11h se manifiesta el colectivo de trabajadoras de limpieza del museo; en huelga desde junio, luchando por sus condiciones laborales. Hay diferentes grupitos de turistas que se acercan a visitar el museo, algunos se interesan por las reivindicaciones de las trabajadoras y sus consignas.

Como todos los días, también hay policía, para intimidar a las huelguistas a base de amenazas de multa.

Hemos hecho una entrevista a la portavoz de las trabajadoras, "Garbitzaileak borrokan" ("Limpiadoras en lucha"):

P: Después de ya más de medio año de huelga, ¿cómo surgió el conflicto y cuál es la situación actual?

R: Surgió porque ya estamos cansadas. Llevamos muchos años con mucha carga de trabajo, con unos salarios que no nos han subido en 20 años y que no se corresponden con el trabajo que hacemos. Tenemos mucha carga de trabajo, y a raíz de la pandemia, se ha multiplicado por dos. Entonces, ya nos hemos cansado de estar pidiendo que se solucione el tema sin que nos hagan caso, y el 11 de junio decidimos salir a la huelga.

Bajo el anuncio del colapso del sistema se trata de abrir una vía en la que cada vez más vayan fluyendo los fondos a manos privadas.

Es difícil prever el futuro inmediato del sistema público de pensiones si en el análisis de la cuestión solo atendemos a las reformas parciales inmediatas aislando otros elementos que son fundamentales para entender hacia dónde caminamos en este aspecto.

Bajo esta perspectiva, el aumento de las cotizaciones sociales en un 0,6 pareciera una apuesta decidida a la consolidación, refuerzo  y garantía por la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Máxime cuando el problema prácticamente había tenido hasta la fecha, la única vía de actuar trasladando la cuestión al gasto y no atendiendo al ingreso.

La salida de la mesa de negociación de la patronal, todavía escenifica mejor esa visión progresista de los acuerdos adoptados.

 

Durante un par de semanas, uno de los temas preferidos por los medios de comunicación y las redes sociales ha sido un futuro “gran apagón” que nos dejaría sin suministro eléctrico y provocaría un caos temporal en nuestra sociedad. Las declaraciones de una ministra austriaca alimentaron ese miedo, dando credibilidad a la posibilidad de ese “apagón”.

Igualmente, cada vez se utiliza más la expresión “tormenta perfecta”, referida a cualquier tipo de catástrofe o conflicto en el que se juntan varias situaciones que provocan que un problema se desborde y sea incontrolable. Especialmente, se está poniendo de moda hablar de “tormentas perfectas” para explicar problemas económicos, como si fueran una especie de fenómenos naturales inevitables.

Este alarmismo y catastrofismo tienen una gran utilidad para el sistema capitalista como arma de control social. En primer lugar, para desviar la atención pública y nuestra preocupaciones de los problemas reales que vivimos cada día hacia hipotéticas grandes catástrofes que nos amenazan y que parecen dar mucho más morbo: ¿para qué hablar del paro, la subida de precios, el empeoramiento de condiciones de trabajo, problemas de abastecimiento, la vivienda, los recortes en servicios públicos, la guerra, el aumento de la xenofobia y la ultraderecha… si tenemos que preocuparnos de futuros apocalipsis de nuestra civilización?

A un año del XI Congreso entrevistamos a nuestro Secretario General, camarada Julio Díaz, en medio de la convulsa situación social que se vive en el estado español, con una crisis cada vez más agudizada del capital, expresada en altos niveles de sobreexplotación de la clase obrera y con la socialdemocracia en el gobierno sacando tanquetas para reprimir a la clase obrera, mientras se difunde un discurso de cierto alarmismo social conspirativo, que pretende desdibujar la realidad.

Redacción UyL: ¿Como ves la coyuntura actual?

Julio Díaz: Resulta imposible entenderla sin interpretar la situación general correctamente. Para nada estamos ante una “tormenta perfecta” como se nos pretende situar, ocultando la verdad de lo que realmente está ocurriendo, que no es otra cosa distinta a la implosión constante de todas y cada una de las contradicciones que en el Imperialismo –última fase de desarrollo del capitalismo - llegan a su límite, se convierten en incontenibles. La fundamental, entre el carácter social de la producción y la propiedad privada de los medios de producción y cambio, ya le es imposible contenerla en su seno si no es con un constante y creciente ejercicio de barbarie y violencia. En ese marco de crisis estructural y general del sistema capitalista, se sitúa el colapso creciente de un sistema que, aún herido de muerte orgánica, es necesario derrotar mediante el accionar consciente de las masas.

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