A nadie se le escapa la importancia de esta fecha, ni siquiera a nuestro enemigo de clase que usa ese mismo día como el día de la Unión Europea, con el claro objetivo de desvirtuar la naturaleza de este.

La tergiversación del papel primordial de la URSS para poder derrotar a la Alemania nazi no es casual, al igual que tampoco lo es el blanqueamiento al cual los medios de propaganda del capital están sometiendo al nazismo ucraniano. Stalingrado, Pròjorovka, Kurst son batallas libradas en el frente oriental por el Ejército Rojo comandado por el General Zhúkov que cambiaron el curso de la guerra y de la Historia, hace ahora 80 años. La desmemoria intencionada de los medios de desinformación no podrá ocultar los 27 millones de soviéticos fallecidos tanto en estas batallas como también en las heroicas defensas de Leningrado y Moscú.

También cientos de miles de partisanos y partisanas a lo largo y ancho del continente: como en Italia, Francia, Yugoslavia o en los territorios ocupados de la URSS. De igual modo, cientos de comunistas del estado español combatieron al nazi-fascismo junto a sus hermanos/as soviéticos/as, y muchos maquis continuaron la lucha guerrillera en la Francia ocupada. Especial mención en esta fecha merece la 9ª compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, conocida como División Leclerc, en la que unos 150 combatientes republicanos conformaron la primera unidad aliada en entrar y triunfar en la liberación de París.

El 9 de mayo es una fecha cargada de simbología y de resistencia antifascista, pero, ante todo, una fecha llena de experiencias de victoria para las futuras luchas.

Al profundizar en esos aprendizajes, es imposible no señalar la fuerza de la determinación y de la convicción de un pueblo en la victoria, la capacidad de dirección del Partido Bolchevique y la necesaria construcción de alianzas tácticas contra el enemigo común.

Ejemplos que cobran cada vez más vigencia y que debe recuperar el pueblo para hacer frente a la barbarie que hoy en día simula al nazi-fascismo derrotado en el siglo pasado: el imperialismo.

Hoy el fascismo actúa con absoluta impunidad encarnado en la entidad sionista en territorio de Palestina, Irán, Líbano, Siria o el Yemen, con el apoyo incondicional de los EE. UU. y la complicidad de la Unión Europea.

“Puede que nuestros Campus hayan sido devastados,

pero nuestras Universidades siguen existiendo”

(Presidentes de Universidades de Gaza, 14/07/2025)

 

El ámbito científico-académico es testigo y diana del daño causado a la humanidad por las potencias que ya ni siquiera respetan la legalidad y las instituciones que ellas mismas crearon para mantener su dominio mundial. No basta con destruir barrios residenciales, puentes, campos de cultivo, hospitales, escuelas,…, los genocidas necesitan erradicar la capacidad de los pueblos para formar a sus profesionales y generar conocimiento. Tal y como afirmaban los Presidentes/Rectores de las tres principales Universidades de Gaza: “La guerra genocida israelí ha provocado el escolasticidio, un intento sistemático y deliberado de eliminar nuestras universidades, su infraestructura, su profesorado y su alumnado”.

Desde aquella carta abierta de los Rectores palestinos, se acumulan nuevos ejemplos de escolasticidio tras la escalada de agresiones a la desesperada provocadas durante los últimos meses por un imperialismo en descomposición:

  • Palestina: 5 de las 6 Universidades de la Franja de Gaza atacadas, 3 de ellas completamente destruidas (Universidad de Al-Azhar, Universidad Al-Israa y Universidad Islámica); 3 Rectores y 95 Profesores asesinados en ataques aéreos; 88.000 estudiantes privados de sus enseñanzas universitarias. En Cisjordania, el pasado 6 de enero el ejército israelí irrumpió en el campus de la Universidad Birzeit en horario lectivo, atacando a estudiantes y trabajadores/as dentro del campus con munición real.
  • Irán: más de 30 universidades iraníes han sido atacadas directamente por Estados Unidos y la entidad sionista desde el comienzo de la guerra a finales de febrero, entre ellas la Universidad Shahid Beheshti en Teherán, víctima de bombardeo aéreo. 5 profesores universitarios y más de 60 estudiantes han perdido la vida a causa de los ataques.

La enseñanza está levantando protestas en todos los niveles no universitarios para visibilizar la situación de precariedad que se da en el sector. La lucha por unas condiciones laborales y educativas dignas ha llevado a una convocatoria de huelga en toda la educación infantil de 0-3 años para el 7 de mayo. En Madrid, desde principios de abril las trabajadoras de infantil ya estaban en huelga, por eso nos acercamos a ellas para saber un poco más de su lucha y reivindicaciones.  Entrevistamos a estas trabajadoras integrantes de la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles y animamos al resto de la clase obrera a mostrar solidaridad de clase y expresar el apoyo a su lucha.  Una educación pública y de calidad pasa por una financiación adecuada y suficiente a todos los niveles educativos, empezando por las condiciones laborales y retributivas del profesorado y continuando por aulas, ratios y condiciones materiales dignas. No es sólo cosa de la comunidad educativa, sino del conjunto del pueblo trabajador porque el pilar de la emancipación social empieza con la enseñanza y como escribió el poeta José Marti "ser cultos para ser libres".

1-Como trabajadoras de las Escuelas Infantiles estáis en huelga, en un momento en el que el sector social y educativo está teniendo grandes movilizaciones y reivindicaciones ¿qué atención se está dando a vuestro ámbito, la educación infantil?

Todo el sector social y el resto de etapas educativas están volcadas en nuestra huelga indefinida, apoyando las movilizaciones y aportando con eventos para la caja de resistencia. Es maravilloso poder ver cómo esta red que llevamos años tejiendo con mucho esfuerzo, asambleas, debates, eventos... ha llegado a dar frutos y poder apoyarnos de una manera tan altruista y bonita entre todas. La lucha por mejorar los servicios públicos, la educación y todo lo social es una lucha de todas y para todas.

2- ¿Cuál es la situación de la Educación Infantil en Madrid? ¿Cuál es la respuesta que os está dando la Consejería?

El reciente regreso de Mónica Oltra a la política, centrado en disputar la alcaldía de Valencia en 2027, es un síntoma claro de la recomposición del espacio socialdemócrata en el País Valencià. Este fenómeno no se trata solo de un giro personal, sino de una estrategia política destinada a gestionar el descontento social dentro del marco del sistema capitalista existente. Oltra y su partido, Compromís, buscan restaurar la confianza en las instituciones y la viabilidad de reformas parciales que, en la práctica, no cuestionan las estructuras fundamentales del capitalismo.

Más allá de los nombres y liderazgos, el problema central reside en la naturaleza del sistema que gobierna. A lo largo de su trayectoria, Compromís ha operado en contextos de gobernabilidad donde las reformas y los pactos han prevalecido sobre la transformación estructural, perpetuando un modelo que prioriza la estabilidad económica y la rentabilidad empresarial, a expensas de satisfacer las necesidades de la clase trabajadora.

El reformismo socialdemócrata, lejos de ser un auténtico agente de cambio, actúa como un baluarte de la continuidad del capitalismo. Su papel se limita a ofrecer mejoras superficiales y temporales que no alteran las estructuras de poder y explotación. Esta estrategia se presenta como un camino progresista, pero opera como un mecanismo que neutraliza el potencial de lucha de la clase trabajadora, creando la ilusión de cambio sin abordar las relaciones de producción que sustentan la desigualdad.

Las crisis económicas revelan la verdadera naturaleza del reformismo: prioriza la estabilidad del sistema sobre las necesidades populares, ajustándose a los dictados del capital financiero y limitando las alternativas reales para el pueblo.

En el País Valencià, la lucha entre capital y trabajo es más relevante que nunca. Este antagonismo se manifiesta en la precariedad laboral, el alto costo de la vivienda y la presión sobre los salarios. La naturaleza de este conflicto es estructural y no puede resolverse mediante simples reformas o cambios simbólicos en el panorama político. La verdadera transformación social requiere una alteración de las relaciones de poder económico que perpetúan la explotación.

Testimonios recientes de personas secuestradas y posteriormente liberadas de las cárceles sionistas confirman una realidad que las organizaciones denuncian desde hace décadas: el sistema penitenciario del ocupante actúa como un instrumento central de dominación colonial y terror político. Las prisiones son descritas por quienes las han sufrido como auténticas “tumbas para los vivos”, espacios diseñados para quebrar cuerpos y conciencias en el marco de una estrategia de represión sistemática contra el pueblo palestino.

A comienzos de 2026, organizaciones palestinas de seguimiento estiman que casi 10 000 personas se encuentran encarceladas en estas prisiones y centros de detención. La mayoría son hombres adultos, pero el uso del encarcelamiento como arma política se extiende de forma deliberada a mujeres, infancia y adolescencia.

Entre las personas detenidas se contabilizan aproximadamente entre 50 y 60 mujeres, incluidas menores de edad, muchas de ellas secuestradas en puestos de control o durante redadas nocturnas. Asimismo, se estima que entre 300 y 350 personas en la infancia y la adolescencia palestinas permanecen presas, algunas desde los 12 o 13 años, en flagrante violación del “extinto” derecho internacional.

Uno de los elementos más represivos es la detención administrativa, que permite encarcelar indefinidamente sin cargos ni juicio, basándose en “pruebas secretas”. Así, hay mujeres y decenas de menores, lo que evidencia que esta figura no responde a supuestas “necesidades de seguridad”, sino a una lógica de castigo colectivo y control político.

Actualmente, más de 3 300 personas están bajo “detención administrativa” y otras 1 237 son etiquetadas como “combatientes ilegales”, una categoría usada para negar derechos básicos y someter a las personas a detención indefinida sin revisión judicial efectiva. El resto de las presas y presos, aunque formalmente “acusadas”, rara vez acceden a juicios justos. Los tribunales militares sionistas —con tasas de condena superiores al 95 %— funcionan como una extensión del aparato represivo.

El 12 de abril de 2026, Hungría celebró elecciones generales. El resultado fue una derrota decisiva del gobernante Fidesz conservador, liderado por Viktor Orbán, y una victoria del Partido Tisza, mayoritariamente liberal, liderado por Péter Magyar.

El Partido Obrero Húngaro considera que hay algunos puntos clave que deben destacarse y lecciones que pueden extraerse de este acontecimiento.

1. Estas elecciones no se produjeron en el vacío, sino que estuvieron influidas por la situación general del capitalismo en el mundo. El imperialismo está en crisis, lo que significa que, para sobrevivir, está dispuesto a amenazar al mundo con otra gran guerra. Uno de los ejemplos más significativos de ello es la guerra en Ucrania.

Hay muchas facciones dentro de la burguesía europea que tienen distintos enfoques para la resolución de esta crisis. Una de ellas aboga por el fortalecimiento de la burguesía nacional y el fortalecimiento de su cooperación con el capital financiero internacional en sus propios términos. Este grupo aspira a una Europa de muchas naciones y a la preservación de la cultura tradicional.

El otro grupo cree que el capital internacional debe fortalecerse y que debe absorber a la burguesía nacional. Considera que al capital se le debe dar libertad absoluta para operar y que cualquier obstáculo que pueda entorpecerlo debe ser eliminado, incluidas las regulaciones nacionales e incluso las propias naciones. Los representantes de este grupo suelen pedir un Estado Europeo Unido y abogan por la erosión de las naciones y de la cultura tradicional. Fidesz pertenece al primer grupo, mientras que la mayor parte de la oposición liberal pertenece al segundo.

El gobierno de Orbán cooperó con el capital imperialista europeo y estadounidense, pero también buscó autonomía, tanto financiera como política. Permitió la expansión de las corporaciones multinacionales, pero también invirtió en el fortalecimiento del sector estatal y de la clase capitalista nacional.

Funcionarios alemanes recolectando el papel moneda devaluado.

Hiperinflación y guerra son dos conceptos con una amplia relación de causa-efecto a lo largo de la historia. Los conflictos armados han actuado en muchas ocasiones como catalizador para la destrucción de las capacidades productivas y han generado una necesidad descontrolada de aumento del gasto público.

Uno de los ejemplos clásicos más significativos fue la Alemania de 1923. La República de Weimar fue testigo en primera persona de cómo los precios se duplicaban cada pocos días. Un pan que en 1922 costaba 160 marcos, pasó a costar 200.000 millones a finales de 1923. La financiación de la guerra sobre la base del aumento de la deuda y la emisión de papel moneda, junto con las reparaciones impuestas por el Tratado de Versalles, llevaron a este escenario hiperinflacionario.

La mayoría de economistas utilizan la definición de hiperinflación establecida por Philip Cagan en 1956, cuando sitúa que para que esta se diese, la tasa inflacionaria debía superar el 50 % mensual. Más allá de la cifra, la hiperinflación representa una ruptura del contrato social y del consenso sobre el valor del dinero. Es la expresión máxima de una crisis de confianza en el estado y las clases dominantes.

Para adentrarnos en una situación de este tipo, se deben conjugar, por tanto, varios factores. A saber: la guerra debe colapsar la capacidad productiva destruyendo fábricas, campos agrícolas y ganaderos o infraestructura u obstruir flujos comerciales. Además, la emisión de moneda y deuda, tanto para financiar la guerra como sus efectos posteriores debe conjugarse con el primer condicionante.

La actual situación de desesperación del imperialismo por hacer sobrevivir un sistema que hace aguas por todos sus lados nos ha llevado a la barbarie generalizada y al peligro de la continuidad física de la vida en el planeta. El imperialismo necesita jugarse el futuro inmediato al todo o nada en una guerra desatada contra los pueblos para apoderarse de los recursos del planeta. Ya hemos vivido de forma desenfrenada cómo la financiarización de la economía y el aumento de la deuda pública se han utilizado para prorrogar este sistema caduco. Esta es la lógica de la situación bélica en el Golfo actualmente y en otros muchos rincones del planeta. La guerra es total contra toda la humanidad y todos los escenarios bélicos forman parte de la misma lucha.

 

El COMITÉ CENTRAL DEL PCPE anuncia su decisión de estar presente, como Partido, y con el mayor número posible de sus miembros, en la conmemoración del Centenario del Natalicio del Comandante Fidel Castro Ruz, y expresar de esta manera la solidaridad internacionalista en defensa de la Revolución, de la soberanía y de la construcción socialista que viene desarrollando el pueblo cubano, ya que la Revolución enfrenta heroicamente, desde hace más de seis décadas, el criminal bloqueo comercial, económico y financiero que significa, en realidad, una guerra ilegal y no declarada con propósito genocida.

El Comité Central del PCPE adopta esta decisión ante la extrema gravedad que van adquiriendo las amenazas verbales del Presidente de los EEUU y de su séquito guerrerista formado, principalmente, por su Vicepresidente y los secretarios de Estado y de la Guerra.

El PCPE apenas puede corresponder, con esta presencia, los más de 67 años de importante ejemplo de la Revolución socialista cubana. Una revolución que muestra y es un ejemplo de humanismo, de derechos laborales y sociales, destacando sobresalientemente en sus servicios públicos, en su educación, en su sanidad, en su cultura, en su alta capacidad científica y en su solidaridad internacionalista con los pueblos del mundo.

Antes del triunfo de la Revolución, el pueblo cubano ya anticipa esos principios internacionalistas, porque no sería digno olvidar la noble y desinteresada participación de cubanos y cubanas en las Brigadas Internacionales que lucharon para defender las conquistas del pueblo español en la dura batalla que tuvo que afrontar contra el fascismo internacional para defender los valores que representaba, por aquel entonces, la II República.

Ahora, el PCPE, a través de su Comité Central, que siempre ha mostrado su solidaridad internacionalista con la Revolución triunfante el 1 de enero de 1959, expresa firmemente, con Martí, que “la mejor forma de decir es hacer”.

A 30 de marzo de 2026.

Comité Central del PCPE

Hablar hoy del derecho a un trabajo digno en el Estado español es, en realidad, hablar de su negación sistemática. En el marco del capitalismo, el empleo, lejos de ser garantía de una vida digna, se transforma en un mecanismo de explotación que condena a la clase trabajadora a la precariedad, la inseguridad y la pobreza.

Aunque las cifras oficiales puedan señalar una aparente disminución del desempleo, la realidad material es otra: un porcentaje muy elevado de personas permanece excluido del mundo del trabajo, ya sea por su edad, por su origen o por ser mujer, entre otros factores, mientras que millones de trabajadores y trabajadoras no pueden cubrir sus necesidades básicas pese a tener empleo, en un contexto de creciente inflación. La precariedad laboral, expresada principalmente en contratos temporales, jornadas parciales impuestas, subcontratación y falsos autónomos, es una herramienta deliberada del sistema para fragmentar a la clase obrera y debilitar su capacidad de organización.

En este contexto, la juventud se enfrenta a un acceso tardío y profundamente precario al mercado laboral. Encadenando contratos temporales, prácticas en condiciones abusivas y salarios insuficientes, la juventud trabajadora se ve condenada a renunciar a la construcción de su propio futuro.

A esta realidad se suma la situación de los trabajadores migrantes, sometidos a condiciones extremas. La falta de derechos plenos, el racismo estructural y la amenaza constante de la irregularidad administrativa los convierten en un sector especialmente vulnerable, utilizado por el capital como mano de obra barata y cuya sobreexplotación se aprovecha para presionar a la baja las condiciones del conjunto de la clase trabajadora.

Del mismo modo, las mujeres trabajadoras soportan empleos más precarios y peor remunerados que los hombres, mientras asumen la mayor parte de los cuidados familiares y las tareas domésticas. Esta acumulación de cargas condiciona sus opciones laborales, mientras que el sistema ni ataja la brecha salarial ni facilita condiciones para la conciliación. De hecho, se beneficia de esta reproducción gratuita de la fuerza de trabajo, perpetuando así una desigualdad estructural.

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