Nosotras, las mujeres trabajadoras, llevamos siglos sosteniendo el trabajo socialmente necesario. Lo hacemos con las manos cansadas, la cabeza llena de preocupaciones y el cuerpo agotado. Curamos, alimentamos, escuchamos, acompañamos. Cuando todo se derrumba, somos las que seguimos en pie. Pero ese papel que nos asignaron no es fruto del amor ni de la elección: es una imposición que el patriarcado y el capitalismo han envuelto en palabras dulces para que parezca virtud.

Desde pequeñas nos enseñan que cuidar es amar, que el sacrificio es noble y que la entrega es sinónimo de bondad. Se nos educa para pensar en los demás antes que en nosotras mismas, para sentir culpa si priorizamos nuestro descanso o nuestro tiempo. Así se nos convence de que cuidar es un deber natural, una expresión de cariño, cuando en realidad es una forma de control social. Detrás del mito de las “mujeres fuertes” se esconde la expectativa de que carguemos con todo sin protestar.

La idealización del cuidado tiene consecuencias materiales. Mientras millones de mujeres dedican su vida a atender a menores, mayores o personas dependientes sin reconocimiento ni compensación, el Estado se ahorra recursos y las empresas se benefician. Los sectores de limpieza, sanidad y asistencia están llenos de trabajadoras precarizadas que reproducen, en el ámbito laboral, lo que históricamente se les impuso en el hogar. El capitalismo necesita de ese trabajo invisible y gratuito para mantenerse en pie, y el patriarcado lo legitima a través del mito del amor y la entrega.

Nos dicen que las mujeres cuidamos mejor, que tenemos más paciencia, que se nos da de forma “natural”. Mentiras útiles al sistema. Mientras creemos que lo hacemos por amor, se sostiene una estructura económica que depende de nuestra renuncia. Nos llaman “pilares de la familia” o “ángeles del hogar” para ocultar la explotación. Nos premian con palabras, pero nos niegan derechos.

El Ejército de Tierra de visita en el campo de maniobras de Zagan (Polonia) (2016)

La supuesta entrada de más de una decena de drones rusos en espacio aéreo polaco durante la madrugada del 10 de septiembre ha sido la excusa perfecta para que la OTAN pusiera en marcha el «Plan Centinela de Oriente».

Poco se sabe todavía sobre estos drones. Sí se sabe que Rusia lanzó ese ataque, pero aparentemente el objetivo eran instalaciones militares ucranianas. El Gobierno ruso esgrime que estos vehículos no tenían la suficiente autonomía como para llegar a sobrevolar territorio polaco y hay voces que sospechan de un ataque de falsa bandera. A fin de cuentas, el Gobierno ucraniano tiene en su territorio una cantidad considerable de drones rusos capturados o derribados que pudo restaurar y utilizar en favor de sus intereses. En cualquier caso, el Gobierno ruso está dispuesto a colaborar en una investigación que aclare el suceso, pero es probable que eso no interese a los países de la OTAN.

Al contrario: Polonia invocó el artículo 4.º del tratado para poder reunir a los socios y Mark Rutte, su secretario general, presentó el «Plan Centinela de Oriente», con el fin, dicen, de frenar esas supuestas violaciones rusas. De momento, los países implicados son Dinamarca, que enviará dos cazas F-16 y una fragata antiaérea; Francia, tres cazas Rafale; Alemania, cuatro Eurofighter; Reino Unido, aviones de combate Eurofighter Typhoon (todavía no se sabe cuántos); y, cómo no, el Reino de España, que está estudiando la posibilidad de trasladar dos cazas y un avión cisterna de Lituania a Polonia.

Comienza la reconquista, así titulaba VOX su último contubernio fascista en la plaza de Vista Alegre en el popular barrio de Carabanchel. Realmente el lema les viene perfecto, ya sin complejos se emplea la retórica del nacionalcatolicismo. La reconquista, ese gran mito de la historiografía españolista, esa escueta expresión con la que nos educaron en la escuela instalando en nuestras mentes la idea de que formábamos parte de una historia que comenzaba cuando Pelayo, con la ayuda de la divina providencia, iniciaba la recuperación de una España preexistente que había caído en manos de los moros. Ahí está lo esencial del trampantojo ideológico del fascismo español; la unidad de destino en lo universal, los moros como la antiespaña, o la cruz y la espada como señas de identidad espiritual. Las grandes masturbaciones ideológicas del rancio españolismo.

Pero bueno, esto no es una fiesta de moros y cristianos, el auge actual del fascismo no es cosa con la que frivolizar. Disponen de recursos económicos y de muchas conexiones con instituciones del estado, de discursos para múltiples perfiles sociales, desde la defensa de la masculinidad hasta la antiinmigración, y sobre todo de medios de comunicación formales e informales que logran hacerse masivos. Asaltaron el Capitolio de los EEUU, se concentraron durante días en la calle Ferraz, hace unas semanas juntaron a más de 100 mil personas en Londres, y como todos sabemos, en los últimos meses, en Torre-Pacheco, en Alcalá de Henares y en Hortaleza han organizado progromos de caza al migrante. El modus operandi, se repite, tras algún algún delito, muchas veces los mismos delitos que relativizan o no ven cuando los hacen buenos chicos blancos, comienzan a repetirse las mismas frases, nuestras hijas no pueden salir tranquilas, la delincuencia está disparada, fuera menas… y así hasta llegar a mayores, stop invasión y cosas así.

Madrid

Hace dos años la causa palestina y su lucha pasó a ser el centro de la humanidad.

Es la causa justa de la lucha contra la ocupación, el apartheid y el colonialismo.

Es la causa de los pueblos libres y soberanos.

Frente a la entidad sionista genocida y sus patrocinadores, la resistencia como derecho legítimo del pueblo palestino.

Alto al genocidio, castigo a los culpables de crímenes de lesa humanidad y desaparición del ente sionista.

Por un único Estado Palestino del Jordán al Mediterráneo.

Viva la resistencia.

Viva Palestina libre.

Alacant

Valencia

Gran Canaria

Murcia

 

El 7 de octubre, fecha en la que rendimos homenaje a la Resistencia, recordamos también a las mujeres palestinas que han sido y siguen siendo parte esencial de la lucha frente a la larga historia de ocupación israelí y del genocidio que, en los dos últimos años, se ha recrudecido de manera insoportable.

En este día evocamos la operación histórica del 7 de octubre, resultado de décadas de opresión. Este hecho coloca nuevamente en el centro el papel crucial que las mujeres palestinas desempeñan desde antes de la Nakba en la resistencia a las agresiones y la violencia del ejército ocupante.

No todas empuñan armas ni están en primera línea del frente ni todas forman parte de organizaciones sanitarias o educativas, pero todas resisten. Las mujeres palestinas mantienen una resistencia política y social activa, expresada desde todos los espacios. Lo hacen movidas por lo que Leila Khaled definió como “un profundo sentimiento de injusticia y desposesión”

En una guerra tan larga y cruel, las mujeres palestinas enfrentan condiciones de vida inhumanas. Soportan la destrucción de sus hogares, el exilio, la pérdida de padres, hermanos o esposos. Sobre ellas recae una vez más la carga económica y emocional de sus familias, privadas de agua, alimentos, atención médica y educación.

Aun así, continúan en pie. Las mujeres lideran la resistencia en Palestina y en cualquier otro conflicto del mundo, dando y sustentando la vida.

Las mujeres palestinas han sido protagonistas de la resistencia desde los inicios del siglo XX.

La mayoría de analistas de los medios de comunicación, alternativos o tradicionales, coinciden en señalar que la debacle de la economía alemana está íntimamente relacionada con las sanciones impuestas a Rusia, que han impedido la llegada del gas barato ruso a eso que todos se han empeñado en llamar «la locomotora alemana» y que ahora se ha convertido en una “locomotora gripada”. El hecho cierto es que, si atendemos a los datos macroeconómicos de los últimos meses, el PIB de Alemania se contrajo en 2023 (-0,3%) y de nuevo en 2024 (-0,2%).

Algunas cuestiones a considerar que están en la base de esa contracción podrían ser:

  • El volumen de comercio entre Alemania y Rusia se ha desplomado: desde 2021 hasta 2024, las importaciones alemanas procedentes de Rusia cayeron un 95 %, y las exportaciones a este mismo país, disminuyeron un 72 %.1

  • Alemania detuvo por completo las importaciones de gas por oleoducto desde Rusia en 2022, y las importaciones de petróleo crudo también cayeron a cero en 2023.

  • La subida de los precios de la energía afectó causando al menos 100.000 millones de euros en pérdidas, equivalentes al 2,5 – 4 % del PIB alemán.2

Estos datos verifican una ruptura con la dependencia histórica por la que Alemania obtenía el 55% de su gas, el 35% de su petróleo y el 50 % de su carbón de Rusia y coinciden con el aumento de la inflación que en 2022 llegó a superar el 10%.

Sin duda, todos estas cifras ayudan a entender la incidencia que la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania ha tenido en este proceso de pérdida de competitividad en toda Europa, pero con más intensidad en Alemania, sobre todo en sectores como la química, la metalúrgica y la fabricación de vidrio y cerámica.

EL 8 DE OCTUBRE, VAMOS A EL CAIRO PARA LLEGAR A GAZA

¡ABRIR EL CRUCE DE RAFAH! ¡DÉJENNOS PASAR!

Nosotros, los miembros de la Delegación Hasta la Victoria, formada a petición del Frente Popular (Halk Cephesi), que libra una lucha antiimperialista y antifascista en Turquía, partimos de Berlín el 20 de septiembre bajo el lema “¡Palestina, estamos llegando!” para dirigirnos a Gaza, que lleva dos años bajo ocupación y bloqueo.

Hemos pasado por 13 ciudades en 9 países europeos y ya hemos llegado a Atenas.

El 8 de octubre, iremos de Atenas a Egipto. Desde allí, nos dirigiremos al cruce fronterizo de Rafah y exigiremos la apertura del paso.  Nuestra marcha lleva el latido del pueblo de Gaza, un pueblo que lleva dos años sitiado, enfrentándose a bombas, balas y hambre como armas en una campaña de ocupación y genocidio diseñada para aniquilarlos y doblegarlos.

Cuando partimos, dijimos: “Donde hay resistencia, allí está el centro del mundo”.

Los presos del Frente Popular en Turquía resisten la tortura del aislamiento en prisiones de pozo (S, R, Y y de alta seguridad) con huelgas de hambre, mientras que el pueblo palestino resiste el genocidio y la ocupación israelí.

No solo hoy, sino durante 77 años, Palestina ha resistido la ocupación. Desde hace más de dos años, el genocidio se está produciendo ante los ojos del mundo entero, y los niños mueren no solo por bombas y balas, sino también por hambre.

Viajamos de un centro de resistencia a otro, de las prisiones de pozo a Gaza, para tender puentes entre las luchas y fortalecer la esperanza y la resistencia.

El imperialismo y el sionismo utilizan el hambre como arma contra el pueblo de Gaza, al igual que los nazis y los fascistas alemanes lo hicieron en Leningrado.

Nuestra lucha no es solo contra bombas, aviones y tanques, sino también contra el hambre, la ocupación y la desesperación.

Nuestro destino es Gaza; nuestra ruta es la resistencia. De Berlín a Rafah, a la frontera de Palestina, al corazón palpitante del mundo, vamos a Gaza.

Venezuela nunca ha dejado de ser un blanco de la ofensiva imperialista de Estados Unidos. Algo que se ha intensificado en las últimas semanas. El gobierno norteamericano ha perpetrado ataques armados contra embarcaciones venezolanas en aguas del Caribe, utilizando el trillado pretexto de la “lucha contra el narcotráfico”. En uno de estos bombardeos murieron tres personas y en otro once. Las autoridades venezolanas han denunciado que las embarcaciones atacadas eran civiles, algunas dedicadas a la pesca, y que estas acciones constituyen actos de guerra contra toda la nación.

A la agresión militar se suma una ofensiva mediática sistemática. Grandes corporaciones de comunicación, alineadas con los intereses del capital, han insinuado que estos ataques son “inventos” de Caracas. Es la misma estrategia de siempre: deslegitimar la resistencia, sembrar dudas entre los pueblos y presentar a la víctima como agresora, justificando futuras intervenciones y golpes de Estado.

Mientras enfrenta problemas internos de desigualdad, violencia y dependencia del narcotráfico, Washington recurre a sanciones, bloqueos, guerras híbridas y propaganda para mantener su dominio global. 

Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en el Caribe, desplegando buques de guerra, aeronaves y hasta un submarino nuclear cerca de las aguas venezolanas. El mensaje es claro: intimidar al pueblo venezolano y recordar que el imperialismo sigue dispuesto a intervenir para controlar recursos y decidir el destino de la región.

Frente a esta amenaza, el gobierno bolivariano ha activado el sistema de defensa integral, movilizando a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y a la milicia popular. Bajo el nombre de “Caribe Soberano 200”, se realizan maniobras conjuntas en mar, aire y tierra, enviando un mensaje inequívoco: cualquier intento de agresión encontrará a un pueblo organizado y dispuesto a defender la patria. Maduro ha advertido que, si continúan las agresiones, cada rincón del país será un bastión de dignidad y resistencia consciente.

La guerra contra Venezuela también se intensifica política y económicamente. Las sanciones impuestas por EE. UU. buscan estrangular al pueblo trabajador: encarecen alimentos, bloquean medicinas y asfixian la economía para generar descontento social y facilitar un cambio de gobierno al servicio de las transnacionales.

Día tras día conocemos nuevos datos sobre la encarnizada masacre contra el pueblo palestino. Es tal el cúmulo de informaciones que se podrían redactar multitud de artículos sin incurrir en redundancias. La entidad sionista de Israel, apuntalada por los intereses del imperialismo, intensifica la barbarie sobre Palestina y no duda incluso en reventar el derecho internacional para vulnerar la soberanía de otros pueblos de su entorno, atentando sobre ellos con táctica calculada y consensuada con sus socios. Sirva como muestra el reciente ataque perpetrado en Doha, sobre la sede donde permanecían reunidos dirigentes de Hamás, en el contexto de las negociaciones de paz. Y en este escenario y como contraposición, cuanto más se recrudecen los ataques, más se intensifican las muestras de solidaridad internacionalista. Por situar tan solo uno de tantos ejemplos, cabe destacar la protesta mantenida durante la Vuelta ciclista a España, donde el rechazo a la participación de un equipo israelí fue adquiriendo forma hasta convertirse en una de las más notorias muestras de solidaridad con Palestina. Las repetidas protestas multitudinarias que se fueron dando, etapa tras etapa, culminaron con más de 100.000 manifestantes llenando de banderas y consignas las calles de Madrid, consiguiendo interrumpir la Vuelta y proclamar a la lucha del pueblo palestino como auténtica ganadora de la competición.

Pero hay tanto de lo que hablar, tantísimo que analizar, que en ocasiones puede cegarnos y ensombrecer la cara más humana de esta barbarie. Se dan informaciones que refuerzan nuestra indignación, que nos producen rabia, ansias de luchar, de reivindicar, otras que incluso nos cuesta digerir y nos obligan a releer y repensar, pero hay algunas que, además de todo esto, alcanzan una dimensión enormemente humana y provocan que las lágrimas nublen nuestra vista. En necesario hablar también sobre ello.

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