El imperialismo no ceja en su propósito de hundir al planeta en el abismo de la guerra global. Durante las últimas horas se han repetido diversos acontecimientos que evidencian el hilo conductor de una barbarie cuya estrategia, aunque fracasada de antemano por la capacidad de resistencia de los pueblos y la clase obrera internacional, ansía superar la crisis general de carácter estructural del capitalismo. Un plan calculado en clave de recuperar a un monstruo cada vez más agotado y cuyo último aliento se ahoga en un mar de sangre, de destrucción.

La tarde del 9 de septiembre, en el marco de las negociaciones en Catar por el alto el fuego en Gaza, obviando toda expresión del derecho internacional y arremetiendo directamente contra  la soberanía del pueblo catarí, la entidad sionista atacó su capital, Doha, con misiles dirigidos contra altos dirigentes de Hamás y sobre negociadores del grupo palestino que venía participando en las conversaciones. No fue casual que Estados Unidos tuviese en ese momento la responsabilidad de supervisar el espacio aéreo, quedó en evidencia que posibilitaron el ataque en el mismo instante en el que el propio Trump admitió, en rueda de prensa, que su gabinete conoció de antemano los detalles de la operación israelí. No queda género de duda, se demuestra que desde EE.UU. se impulsan los mal llamados procesos de paz para favorecer, de manera premeditada y consensuada, su posterior boicot a manos del sionismo. Con agresiones como la perpetrada en Doha se manifiesta la falacia que en la práctica suponen estos procesos de negociación, pantomimas orquestadas por el imperialismo que ambicionan ganar tiempo en su propósito de colonizar y destruir un territorio que no les pertenece, de arrancar la tierra a un pueblo soberano para convertirlo en otro espacio más al servicio de los intereses de su pútrido imperio. Mientras tanto, La Unión Europea, los Estados Unidos, la Gran Bretaña, la OTAN y el conjunto de entidades y estados alienados, se enrocan en la servil retórica. Cargados de evidente sarcasmo, buena parte han coincidido en señalar lo “inoportuno” de este ataque. Pero más allá de estas palabras no hay nada, todos los estados que le bailan el agua al imperio evidencian su apoyo incondicional a la masacre al permitir e impulsar, por acción u omisión, la ocupación agudizada desde octubre de 2023 y que persiste insaciable en arrancar la vida y el futuro del pueblo palestino, dejando a su paso las heridas, mutilaciones y cadáveres de cientos de miles de habitantes de un pueblo soberano. Así mismo, el gobierno español no asume otra función más que esa, aparentando posicionarse en una arista crítica al genocidio, en un extremo que no existe. España asume un papel necesario para mantener el equilibrio que permita al sistema continuar saqueando y asesinando impunemente. Unos apoyan abiertamente y amparan el genocidio, otros lo critican pero ven pasar el exterminio sin hacer nada para impedirlo. Son los mismos lobos, aunque alguno lleve el disfraz de cordero.

Madrid: huelga contra la reforma educativa y los recortes en educación

La socialdemocracia es una ideología política que sostiene que es posible y deseable una transformación social dentro de los límites del modelo de producción capitalista. Así la definió Marx en el 18 brumario: «el carácter peculiar de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía». Tal es la estrategia del Gobierno actual en el Estado español: mantener la inversión en servicios públicos mediante el aumento de los impuestos, implementar el Salario Mínimo Vital, financiar parte del coste del transporte colectivo o rebajar la jornada laboral.

Son propuestas político-electorales que cualquier persona de un nivel adquisitivo medio o bajo aceptaría porque, sobre el papel, prometen reducir las desigualdades entre los diferentes estratos de la sociedad. El problema está en que, al no «abolir […] capital y trabajo asalariado», esta ideología perpetúa la contradicción principal que conduce al capitalismo a las crisis sistémicas cada vez más recurrentes y profundas. Y todos sabemos qué pasa cuando llega la crisis, ¿verdad? Recortes en servicios públicos, en subsidios y en derechos laborales. Es decir, que las promesas de la socialdemocracia no pueden ser sostenidas por mucho tiempo y eso conduce a la desesperación y a la desconfianza hacia la acción política: se asimila el concepto de política al carácter burgués de nuestro sistema político, y aleja a las masas de las calles.

Pero que las masas se alejen de las barricadas de la lucha por sus intereses de clase no quiere decir que no canalicen su frustración hacia otras propuestas más llamativas y aparentemente rupturistas. El discurso del fascismo y de la extrema derecha ha demostrado ser muy capaz de integrarse en el proletariado, especialmente el más joven, sobre todo en momentos de crisis general del modelo de producción capitalista. Eso es lo que, en definitiva, explica el auge de partidos como Vox, Hermanos de Italia (Meloni), Agrupación Nacional (Le Pen) o Alternativa para Alemania (Chrupalla). Estos partidos apelan a un concepto abstracto de la libertad, despojándolo de su carácter de clase, para instaurar una dictadura abiertamente represiva y reaccionaria del capital financiero. Además, fomentan el odio entre la clase obrera internacional mediante discursos racistas, xenófobos, machistas, homófobos y tránsfobos.

Todos sabemos que un hecho corrupto puede darse en cualquier sitio y momento histórico. Habría que distinguir, por tanto, entre la “falla humana” y la “corrupción sistémica”. No hablaremos de los Borbones, cuya herencia histórica sufrimos, ni de cómo el régimen fascista organizó un sistema económico basado en las corruptelas (definido como mala costumbre o abuso, especialmente los introducidos contra la ley) cuando no en la corrupción pura y dura.

Y claro, de aquellos polvos, estos lodos.

¿O será que el problema ni siquiera era del fascismo borbónico católico fascista sino del sistema económico en sí? Porque no hay país capitalista que se libre.

Si partimos de la premisa de que el capitalismo, al priorizar el beneficio privado y la acumulación de capital, crea condiciones estructurales que favorecen la corrupción, se puede sostener que:

  • La lógica del lucro incentiva la corrupción: Si el objetivo último es maximizar ganancias, las empresas y actores económicos pueden verse tentados a saltarse normas, sobornar autoridades o evadir impuestos para aumentar sus beneficios. Ejemplos históricos como los escándalos corporativos (Enron, casos de oligopolios, paraísos fiscales) apoyan esta idea.

  • El Estado al servicio del capital: En el capitalismo, las élites económicas suelen influir en políticas públicas mediante lobbying, financiamiento de campañas o puertas giratorias, distorsionando la democracia en favor de intereses privados (ej.: industria farmacéutica, petrolera o armamentística).

  • Competencia y "sobrevivencia del más corrupto": En mercados desregulados, quienes usan prácticas corruptas pueden ganar ventajas injustas, obligando a otros a imitarlas para no quedarse atrás.

¿Es inherente o contingente?

Inherente: Si se entiende que el capitalismo necesita explotar grietas legales y humanas para mantener su tasa de ganancia (como señala David Harvey o Naomi Klein).

Contingente: Si se cree que con regulaciones estrictas, transparencia y control ciudadano (como en países nórdicos), la corrupción puede mitigarse dentro del capitalismo. Pero la realidad es tozuda y nos muestra que a cada medida anticorrupción hay una pléyade de prácticas para saltárselas.

 

Hasta la fecha en que se escribe este artículo, las más de 350.000 hectáreas calcinadas a lo largo del territorio del estado español, han dejado 4 personas muertas en labores de extinción y apoyo. Se trata de los incendios más graves de los últimos 30 años, al menos por extensión de terreno calcinado.

La gestión de los gobiernos de la burguesía han dejado los montes pasto de las llamas, desprotegidos por la ausencia de políticas preventivas antiincendios, la debilidad y precariedad de las condiciones de trabajo del sector forestal y la privatización de los dispositivos de extinción.

La reducción del presupuesto total (autonómico y estatal) en prevención contra incendios se ha reducido más de la mitad en algo más de una década, de 364,17 millones € en 2009, a 175,8 millones en 2022. Pero aún así, intentan echar balones fuera, poniendo el acento en que la culpa es de los pirómanos, para desviar el debate de su gestión criminal. Claramente hay responsables: ¡los piromanos son los gestores del sistema, al servicio de la destrucción de los servicios públicos para negocio del capital!

Los colectivos de trabajadores y bomberos forestales, a lo largo de las distintas comunidades autónomas, llevaban meses (incluso años) denunciando su situación precaria. Salarios bajos, contrataciones por meses sin cobertura anual de los puestos, falta de dotación de efectivos... Aún así, los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid, o el Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia, dejaban a un lado temporalmente estas reivindicaciones para sumarse a los equipos de extinción de incendios.

Una realidad de precariedad y liquidación de servicios públicos, llevada a cabo por la totalidad de los partidos burgueses en España, que refleja que este sistema no tiene absolutamente nada que ofrecer. Al igual que con la sanidad, la educación, las pensiones..., mercantilizan estos servicios, para garantizar otro nicho de ganancias a la patronal y el capital privado, a costa del dinero público. El resultado de esta “colaboración público-privada” en un ejemplo: la sentencia al “Cártel del Fuego”, una trama corrupta entre empresas privadas y los gobiernos del PP de Valencia, en la que se adjudicaban contratos públicos inflados, entre 1995 y 2015, a cambio de mordidas y favores en los contratos de aviones para la extinción de incendios. Corrupción “Marca España”, ya sea por gobiernos de la derecha PP con apoyo de Vox, o gobiernos del PSOE con apoyo de sus apéndices que se dicen de izquierda y desarman a la clase obrera.

 

Os momentos mais difíceis na história recente do partido ficam já para trás e, seguindo o caminho aberto pelo XI Congresso, retomamos o formato presencial com a participação de quase 200 delegadas e delegados, além de numerosas organizações que nos acompanharam nos intensos debates durante as três jornadas congressuais realizadas em abril passado.

A análise da realidade e do momento histórico, juntamente com as nossas propostas para o conjunto da classe operária e o povo trabalhador, foram o eixo central dos debates. Entre as conclusões sobre o modelo de Estado finalmente resultou aprovada a proposta de República Socialista Confederal, destacando a necessidade de reforçar as capacidades do Partido com um aparelho central que sirva de suporte à vanguarda política do proletariado. Também reforçar a construção da Frente Operária e Popular pelo Socialismo e estabelecer alianças estratégicas contra a guerra global e a política de morte do imperialismo na sua atual decomposição, onde se revelam com maior clareza as suas expressões mais violentas e grotescas. Também pela defesa do serviços públicos e os direitos conquistados pela classe operária, e contra o reformismo e a sua política do mal menor, que, ao mesmo tempo de servir ao capital, gera desafeição e abre caminho ao fascismo.

Foi eleito um novo Comité Central, em que se combina juventude e veteranice, experiência e vontade revolucionária, que são garantias de futuro e renovação. Muitas vezes, o termo "renovação" foi usado para mascarar traições que legitimaram a capitulação e a posterior liquidação de partidos comunistas. Mas renovar não é reformar; é voltar a um estado de novidade, é ser sempre revolucionário.

No I Plenário do CC foi (re)eleito Julio Díaz como Secretário Geral do PCPE. Após o seu discurso de encerramento, o canto da Internacional marcou o brilhante final do XII Congresso.

#TuLuchaDecide #TomaPartido

Redação UyL

 

Hace ya más de 100 años que Lenin definiera de modo inequívoco el capitalismo en su actual momento histórico. Su carácter monopolista, la fusión del capital industrial monopolista con el capital bancario que caracteriza a la oligarquía financiera, y el reparto del mundo por parte de estas oligarquías financieras, son rasgos que, a día de hoy, a más de 100 de la gloriosa Revolución de Octubre que durante gran parte del siglo XX puso al capitalismo en jaque, están en su punto álgido.

Con el final de la experiencia histórica del socialismo en el siglo XX, el imperialismo dominado por las oligarquías occidentales se expandió hasta alcanzar su propios límites, y ahora, con su aspecto más grotesco debido a la lógica de las contradicciones que han convertido su famosa democracia liberal en una pantomima autoritaria, belicista, que sin tapujos imponte una ‘realpolitik’ de sumisión colonial alentada con discursos cada vez más semejantes al fascismo, se abalanza hacia una gran guerra que si no obtiene la resistencia de los pueblos, nos llevará al abismo, a una etapa oscura que, a diferencia del final de otras civilizaciones cuyo derrumbe fue solo regional, ésta afectará a la supervivencia de toda la humanidad.

Es por eso que la disyuntiva socialismo o barbarie es, hoy más que nunca, sinónimo de humanidad o extinción. Que hoy más que nunca, la lucha de los pueblos y la lucha por el socialismo es una. Ahora bien, que esa unidad no nos haga caer en el fatal error de afirmar solo el socialismo negando la diversidad de las luchas populares, de caer en el trazo grueso de afirmar que todo lo que no se exprese en términos supuestamente socialistas es directamente alguna expresión del imperialismo. Esta lucha socialista de los pueblos del mundo contra el imperialismo, sin formalismos totalizadores ni etnocentrimos, solo puede situarse en la articulación de un Frente Mundial Antiimperialista a la ofensiva, es decir, con afán revolucionario, que no se quede en la respuesta parcial, limitada a la coyuntura de cada escenario, de cada conflicto o de cada agresión, sino que consciente de la necesidad histórica, de las consecuencias brutales del imperialismo en su fase terminal, trabaje por una nueva civilización.

 

El capitalismo, desde los albores de su acumulación originaria, nació chorreando sangre y lodo, en palabras de Carlos Marx, y en su evolución histórica lo ha expresado tan explícitamente que los episodios son innumerables. Desde los métodos de la conquista de América y el mercado triangular de esclavos en África, la colonización y exterminio de las poblaciones originarias de Norteamérica, la masacre llevada a cabo por la burguesía en la Comuna de París, las guerras del opio en China, etc. reflejan que el capitalismo estuvo instalado en la barbarie desde sus inicios.

Hoy, tras décadas de agresión y colonización en Palestina, estos casi dos últimos años el imperialismo ha rebasado todas las barreras de los límites éticos y morales existentes, a través de los crueles métodos por los que lleva a cabo este genocidio y hambruna retransmitidos por televisión, llevados a cabo de forma consciente y sistemática, con el objetivo de exterminar al pueblo palestino. El sionismo no le perdona a Palestina la solidaridad que desprende a lo largo del mundo, su capacidad de resistencia y cohesión frente a un enemigo infinitamente más armado, su amor por su tierra, cultura e historia, y sobre todo la dignidad que, una y otra vez, el pueblo palestino le demuestra a los pueblos del mundo con su ejemplo y determinación frente a la dominación imperialista.

Ante la grave crisis general, de carácter estructural, del capitalismo, el imperialismo se ha ido despojando de los consensos y formalidades democrático-burguesas de las que se fue dotando tras la Segunda Guerra Mundial (la ONU es hoy un zombi instalado en la parálisis y la complicidad genocida), porque hoy le suponen un problema para continuar con su dominación internacional y recurre a métodos cada vez más explícitos para continuar con el sometimiento de los pueblos del mundo. Es la crisis de la base capitalista lo que determina su superestructura y sus métodos, cada vez más inhumanos. El ente sionista sigue impunemente sus atrocidades, con el apoyo directo de EE. UU. y los hipócritas lamentos de la Unión Europea que, no solo no ha movido ni un solo dedo para detener este genocidio, sino que ha mantenido todo tipo de relaciones con el ente sionista, colaborando implícitamente con el genocidio.

Hace unos meses, ante las amenazas de Estados Unidos de querer aumentar los aranceles al 70% de los productos importados del viejo continente, la pizpireta presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (Rosie, para los amigos), declaraba al respecto que “las consecuencias serán nefastas para millones de personas”. ¡Cómo lo sabe la muy bribona! Añadiendo, algo contrariada pero sin que la sangre llegara al río, que la “contrapartida europea estaba preparada” y que “se responderá a la altura de las imposiciones estadounidenses”. Finalmente, la presidenta del ejecutivo europeo afirmaba entonces que todo ese tira y afloja mercantil “se dará a conocer en el momento oportuno”. Lo que, según sabiondos expertos internacionales, hacía presagiar posibles agravios al imperialista Tío Sam. Y bueno, el tiempo pasó, las moviditas aguas se calmaron con los porcentajes que unos (EE. UU.) y otra (UE) barajaban, y la cosa entre la burguesa von der Leyen y su jefe, el truculento magnate Donald Trump, quedó en stand by. Así hasta que el 9 de julio la Leyen aseguró que, ante la carta enviada por el mandatario yanqui conminando con nuevos gravámenes a partir del 1 de agosto, la UE estaba “preparada para todos los escenarios” y “dispuesta a defender firmemente sus intereses frente a las exigencias de la Casa Blanca”. ¡Toma ya!, exclamaron algunos. Y el IBEX 35, ipso facto, subió como la espuma.

Vivir para ver

Así las cosas, la esposa del aristócrata Echter von der Leyen, recelosa por la que se avecinaba, cogió sus bártulos y el pasado 27 de julio se personó dócilmente donde el multimillonario norteamericano la había convocado, para alcanzar un pacto sobre los controvertidos aranceles: el ostentoso complejo de golf de su propiedad en Turnberry, en Escocia. Y allí, entre bola y bola del lujoso deporte y algún que otro apetitoso rosbif, la von der Leyen se fue tragando también, como lo hizo Zelenski en su día, todo lo que el petulante Trump le notificaba.

“Vivir como ahora se vive” no es una descripción anodina de la existencia cotidiana; es una construcción histórica, una codificación de prácticas sociales, económicas, culturales y políticas que reflejan la ideología de la clase dominante.


¿Ha pasado mucho tiempo? En la afirmación “No nos interesa vivir como ahora se vive”[1], pronunciada por el Subcomandante Marcos en el contexto del alzamiento zapatista de 1994, habita mucho más que una expresión de descontento social: es un signo duradero de rebelión semiótica, un enunciado cargado de crítica histórica, política y ética. Desde nuestra Filosofía de la Semiosis, tal afirmación se convierte en un nodo semiótico que reclama pensamiento y acción críticos contra toda la red asfixiante de valores, normas, estereotipos y emboscadas ideológicas burguesas que no sólo nos intoxican minuto a minuto, sino que impiden el desarrollo de medios, modos y relaciones de producción de sentido radicalmente opuestos y radicalmente nuevos. Contra los mecanismos de dominación y la posibilidad de construcción de otros mundos posibles. Como si fuese dicho esta mañana.

“Vivir como ahora se vive” no es una descripción anodina de la existencia cotidiana; es una construcción histórica, una codificación de prácticas sociales, económicas, culturales y políticas que reflejan la ideología de la clase dominante. La vida “como ahora se vive” está inscrita en las condiciones materiales de saqueo y explotación capitalista, más los signos que producen alienación, mercantilización de necesidades, precarización de la existencia, apropiación de la riqueza, colonización de la cultura y despojo de la memoria histórica. Cada gesto burgués cotidiano, cada lenguaje utilizado por ellos, (y no pocas veces imitado por nosotros) cada interacción social está mediado por códigos que reproducen su dominación. La semiosis aquí se manifiesta como interacción entre signos y materialidad social, donde el sentido de la vida cotidiana no es neutral sino históricamente condicionado.

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