Este personaje es tan fétido que, posiblemente, no se dé cuenta cuando llegue a la mierda.

Sus orígenes son sospechosos: hijo de panaderos, con doble nacionalidad desde 2019 (española y argentina) porque su abuelo emigró a Argentina….Nacido en 1947 pertenece a una generación donde estudiar una carrera universitaria era algo impensable para alguien de la clase obrera, mucho menos ingeniería aeronáutica, máster por una universidad norteamericana, por otra francesa y doctor en ciencias económicas… y trabajó para CEPSA.

Y ¿qué españolito puede permitirse irse a un kibutz en Israel en 1969 y contraer matrimonio con una judía?…oshú, la cosa empieza a complicarse.

El tipo, trepa donde los haya, se incorpora al PSOE (iba a poner pesebre, pero por error, que conste…) en 1975 después de su abrazo a la socialdemocracia-liberal-burguesa-neocapitalista.

Borrell ha estado ligado a casos de corrupción, pero donde más destaca es en su profundo anticomunismo. Las perlas de este espantajo dejan en la izquierda a Merkel y Thatcher.

En los últimos años, ha destacado por su incorporación a grupos cercanos a la derecha rancia como la Sociedad Civil Catalana.

El mes pasado salía a la luz el último informe sobre la percepción de la violencia de género entre la juventud española y los resultados son poco halagüeños.

Mientras que parece que las mujeres jóvenes son cada vez más conscientes de la violencia machista, un 74% lo consideran un problema social muy grave, aumentando el porcentaje respecto a 2019. En cambio, el porcentaje que ha aumentado aún más en las respuestas de las jóvenes es el de la afirmación de que es algo habitual dentro de las relaciones de pareja, pasando de un 7% a un 10,4%. Estos datos situados uno al lado del otro demuestra que a pesar de ser más conscientes de esta violencia la toleran cada vez más.

Pero el dato más preocupante de todos lo encontramos en las respuestas masculinas, pues entre los jóvenes encuestados el 20% afirmaba que la violencia de género es un invento ideológico, casi duplicando el porcentaje de 2019. Además, cada vez menos hombres se declaran feministas y ven el feminismo como una amenaza, un 24% de los hombres afirma que busca perjudicarlos.

 

Año tras año nos preguntamos ¿Qué  está  fallando  en  las  políticas públicas frente a las violencias machistas?  ¿El pacto de estado contra la violencia sirve? ¿Es solo cuestión de dinero, tal como nos quiere hacer creer el gobierno?

La situación sigue siendo la misma, la violencia forma parte de la vida cotidiana de las mujeres después de muchos años de un conjunto de leyes y políticas que no están siendo efectivas porque se dirigen a las consecuencias, al asistencialismo a las víctimas y ni siquiera a este nivel consiguen una buena respuesta  y al punitivismo como soluciones, dónde están las medidas que realmente vayan a las bases del problema, dónde las campañas integrales de formación y concienciación sobre la desigualdad, la discriminación y los estereotipos de género, para cuándo un plan estatal de educación afectivo sexual que eduque a la infancia y a la juventud.

Foto: CubaInformacion

Históricamente la Península Ibérica ha sido tierra de paso entre dos continentes. Aquí se asentaron todos los pueblos, menos los árabes, que según Abascal y la historiografía católico fascista, nos invadieron.

Y hasta aquí la España acogedora que se supone que somos. De ahí en adelante todo fue invadir otros países y rechazar a los aborígenes.

No, no hablo de los habitantes de la Península, sino de sus gobernantes. Desde los Reyes Católicos que expulsaron a todo quisqui hasta los actuales que nos venden la inmigración como el mayor de los problemas.

Echando la vista un poco atrás sí que hay una inmigración “rara”, no declarada, que sí que ha sido dañina y todavía lo es. Y para ello han colaborado sin tapujos monarquías absolutas, dictaduras joseantonianas y golpistas fascistas; pero también los gobiernos de la socialdemocracia.

Más allá de los giros copernicanos que protagoniza el gobierno de Pedro Sánchez en materia social y de pensiones, en esta semana ha protagonizado dos hechos donde muestra su posición injerencista en materia internacional, como miembro activo de organizaciones imperialistas a las que pertenece.

La ridícula comedia mediática que ha tratado de protagonizar en Cuba el agente de la CIA Yunior García, que ha tenido una incontestable respuesta en la isla caribeña, incluso entre su vecindad, se ha visto solícitamente atendida con la concesión de un visado del consulado español en La Habana para promover que Madrid se convierta en el escenario de tan esperpéntica obra.

Paralelamente, y de forma opuesta, el ministro del Interior, Grande Marlaska, plegándose a la dictadura marroquí, entrega al activista saharaui Faisal Baloui, después de ser detenido en Bilbao, en otra demostración de la reiterada política de traición al pueblo saharaui y a su derecho a la autodeterminación, reconocido en múltiples declaraciones de organismos internacionales.

La renta salarial respecto al PIB cayó desde 2009 hasta 2020 un -4,2%: la devaluación salarial que revela estos datos es una constante y las contrarreformas laborales son las herramientas indispensables que han hecho posible este fenómeno.

El Consejo de Ministros aprobó una subida irrisoria del salario mínimo interprofesional (SMI). Al final 15 euros mensuales, lo que supuso un incremento de 1,6 % respecto al SMI vigente, y mucha propaganda para vendernos el producto como un éxito.

Ahora el guión vuelve a ser similar, esta vez a cuenta de la reforma laboral y de las pensiones. Sin duda, a lo que asistimos es a una puesta en escena que pretende primero, por parte del ejecutivo, blanquear su imagen hacia su electorado “más radical”, mientras hipoteca el futuro de la clase trabajadora con la aceptación de la golosina “New Generation”. Segundo, en lo referente a las centrales sindicales pactantes, que quieren dejar de manifiesto que aún tienen poder de negociación, aunque éste, haya quedado claro en los últimos años, que es realmente de capitulación.

En toda esta pantomima, los únicos actores honestos y consecuentes, aunque sean dramáticos o cómicos, dependiendo del ojo que los observe, ha sido la patronal, que han puesto claro de manifiesto una vez más que el proceso de reproducción ampliada del capital que da vida al sistema capitalista en su fase actual, no se puede permitir, ni siquiera, ceder una “miajica tal que así”, “ahora que empieza la recuperación”.

Recientemente visualicé el film Youth (La Juventud, 2016) del director italiano Paolo Sorrentino. Una obra bastante interesante en su puesta en escena cinematográfica, y a la vez sin prácticamente representación en lo que a realidad social se refiere.

Durante algo más de dos horas se nos presenta el ocaso de un gran compositor inglés muy adinerado (Michael Caine) en un balneario suizo de lujo, al que le asalta el fantasma de la mortalidad inminente y las limitaciones físicas propias de un individuo octogenario. Esto no es ninguna "rara avis". No pude menos que reflexionar sobre el número cada vez mayor de productos de consumo audiovisual que abordan la vejez del ser humano como un proceso romántico y entrañable en el que podemos echar la vista atrás con mucha más sabiduría y saborear los "buenos momentos de la juventud", siempre desde una perspectiva complaciente de sobria madurez.

El cacareado proyecto de ley de vivienda, que salió finalmente adelante tras dos años de negociaciones y nueve meses de retraso oficial en base a lo estipulado en el acuerdo que en su día firmaron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, será aprobado en Consejo de Ministros junto a los Presupuestos Generales del Estado 2022, que se han desbloqueado consecuentemente (ya se sabe, los asuntos de palacio van despacio).

Podemos resumir los puntos principales del famoso acuerdo en cinco puntos:

  1. Alquileres públicos en las nuevas promociones de viviendas

  2. Ventajas fiscales para pequeños propietarios para bajar el precio del alquiler

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