El IBEX 35 está registrando ganancias un 60% superiores a las del 2019; sin embargo los salarios tan salo se han revalorizado un 7,8% en el mismo periodo. Se comprueba que aún con todo, los vientos le son favorables a la oligarquía del estado español. Sin embargo, este otoño comienza la carrera electoral: autonómicas y luego generales. Con semejantes datos, ¿cuál será la inversión política de la oligarquía para la próxima temporada?, ¿invertirá en Feijóo o lo hará en Sánchez?

Pronosticar qué acompañantes políticos le irán mejor al mercado en el actual escenario de crisis es complicado. No tanto porque haya grandes diferencias en lo genérico, nada más lejos: la función del sistema es perfectamente congruente con los intereses de su dirección oligárquica, tan bien representada en el IBEX 35. Lo grueso no se discute, y gobierne quien gobierne en el actual estado español, el capitalismo es indiscutible: vestido de diputado o de camisa azul, es la dictadura de la burguesía. No es en lo genérico, en lo grueso, es en los márgenes donde pueden saltar chispas o volverse todo muy vaporoso, porque tan indiscutible es el orden capitalista como también lo es su agonizante estado actual. Y cual Saturno devorando a sus hijos, ya no hay repartos posibles de zonas de influencia ni nada que se le parezca, ahora ya solo toca la entrega sumisa, casi en holocausto, de los aliados al hegemón, y la guerra abierta con los competidores emergentes.


Los resultados de estas elecciones se habían anunciado durante mucho tiempo en las encuestas y son el resultado de procesos de larga data.

La primera estadística es la de la abstención: la participación fue del 63,9 por ciento, diez puntos menos que en las elecciones de 2018 y veinte puntos menos que en las elecciones de 2006. Entre los abstencionistas, muchos provienen de las clases trabajadoras.

Ganó Fratelli d'Italia, un partido que es el heredero directo del fascismo, pero que en los últimos años se ha alineado perfectamente con los dictados de la UE, la OTAN y las grandes empresas.

Ciertamente el autoritarismo en la gestión del conflicto social, en el área de los derechos civiles y los derechos de las mujeres, contra los migrantes y las segundas generaciones será la bandera de este gobierno, y muchas medidas ya en marcha, lanzadas por gobiernos de centro "izquierda", se exacerbarán aún más.

Pero lo principal es que Meloni impulsará la agenda de Draghi, el neoliberalismo más feroz, el posicionamiento proatlántico de Italia, la guerra en Ucrania y en Italia la guerra contra los pobres y entre los pobres.

Por lo tanto, el gobierno liderado por Meloni se está preparando para gobernar bajo la bandera de la continuidad de las políticas dictadas por la Comisión Europea, tanto en el frente de la política exterior y la financiación del rearme de la OTAN, como en el frente de la política económica.

Las declaraciones de Von der Leyen sobre las elecciones italianas, antes de los resultados, fueron muy claras: "Si las cosas van en una dirección difícil, tenemos las herramientas para actuar".

Repasando el Tratado de economía marxista de Mandel, en el apartado referente a la prolongación de la jornada de trabajo, me reencontré con las anotaciones y citas que el autor saca a colación sobre la tendencia de los trabajadores a holgazanear a ojos de las clases dominantes y a criticar su resistencia a la prolongación de la jornada laboral y cómo el incremento de la jornada y el aumento de la precariedad actúa como elemento motivador para el desempeño laboral. “

Como los salarios han descendido tanto, cada día de paro es un día de hambre. […] Los obreros si ganan en cuatro días lo suficiente para comer durante toda la semana, no vuelven al trabajo los tres días siguientes.

El triunfo contra la “ociosidad de los pueblos” es un logro del capitalismo en su implantación hegemónica en el mundo.

Cuando el modo de producción capitalista atraviesa los océanos y penetra en nuevos continentes, comienza a chocar con la misma resistencia natural de los trabajadores frente a la prolongación de la jornada de trabajo.

Las conclusiones son obvias. Si una persona es desposeída de todo medio para sobrevivir y solo tiene su fuerza de trabajo para ello, la intercambiará como la mercancía que es, para conseguir sustento propio y el de su familia. Si por dos o tres horas de trabajo obtiene lo necesario para ello, no hay razón aparente para que realice diez o doce. El capitalismo ha sido capaz de superar esta objeción, aumentando las necesidades básicas o superficiales y en paralelo incrementando ora la plusvalía absoluta, ora la relativa. El objetivo es la desvalorización de la fuerza de trabajo y el sometimiento a los dictados del capital para aumentar el porcentaje de trabajo que el patrón se apropia.

¡Qué bonito es un entierro así! Con fanfarria, fausto, pompa, grandeza, magnificencia y ostentación. Y después de casi un siglo… “Better late than never”.i

¡Qué triste resulta la del trabajador anónimo que parece una burla a la vida! Algo de sorna, desprecio o escarrnio. Incapaz de dejarnos algo más que lágrimas privadas. Un pequeño evento sin gasto ni dispendio, sin derroche ni despilfarro. Vulgar, chabacano, ramplón, ordinario… “Beggars can’t be choosesrs”ii

No hay duda, prefiero la del monarca, aristócrata o gran burgués. Pero sin envidias, a falta del propio, me alegro del ajeno. “The early bird catches the worm”.iii

Que no es para tanto, aunque sí vistoso eso que llamamos funeral de Estado, que pareciera que todo el aparato represivo y burocrático hubiera de enterrarse; sin embargo, es solo algo simbólico, alegórico, meramente figurativo o metafórico. “All that glitters is not gold”iv

Combatir a la democracia burguesa es insuficiente si no se opone un programa para la democracia revolucionaria en la cual la voluntad popular no se agote en lo cuantitativo, en la cual la igualdad no se agote en lo discursivo, en la cual la transformación no se agote en las superficies.

Para la democracia burguesa no existen límites éticos, todo vale a cambio de asegurarse la provisión de políticos serviles y eternizados, bien entrenados en el oficio de salvaguardar los negocios de los ricos y expertos en recoger las mieles del poder para su disfrute propio. Foto: Obra de Pawel Kuczynski

Es fácil: si la democracia no expresa la voluntad social informada suficientemente, debatida y consensuada desde las bases; si no transparenta su financiamiento y sus procedimientos organizativos; si no consulta abiertamente y crea autocrítica y auditorías permanentes; si no cuenta con revocación de mandato, efectiva, en todos los niveles... se parece mucho al fardo de aparatos controladores que el capitalismo inventó para descarrilar la voluntad emancipadora de los pueblos.

Por más votos con que se llenen las urnas electorales, es democracia burguesa. La misma que nos tiene hartos, en plena lucha de clases.

Dicen algunos «sentidos comunes» que «los pueblos están hartos de los partidos políticos», que la gente busca «fórmulas nuevas» y «rostros distintos», que los pueblos quieren justicia y que las organizaciones políticas no garantizan cambio alguno. Que se desconfía de los partidos por los partidos mismos.

Nuestros enemigos se pueden dar el oscuro lujo de la incoherencia, ese mezquino placer de decir una cosa y luego hacer otra, de defender hoy una causa y mañana denostarla. Nuestros enemigos pueden abjurar de todos sus principios, de esos ideales que alguna vez prometieron salvaguardar al precio de cualquier sacrificio.

Nuestros enemigos pueden ser sibilinos, moverse entre sombras, no dar la cara; pueden hacer gala de oportunismo y cambiar de rumbo según sople el viento, como veletas, o dedicarse a la vida de intrigantes, de hipócritas, de los que callan la verdad por conveniencia y agitan en el aire la bandera de la mentira y la traición.

Nuestros enemigos pueden hacer todo eso sin perder el sueño, sin conciencia que les hierva en las sienes, y siempre hallarán refugio y buen yantar; tendrán premios, homenajes y ovaciones. Pero nosotros no; nosotros no podemos darnos esos lujos, nosotros no podemos ser incoherentes y andar por el camino del mundo dando bandazos demagógicos. La incoherencia es nuestro pecado capital.

Miguel Gila es, con seguridad, uno de los mejores humoristas de la historia de España. Para muchos, el mejor. Y para la historia ha quedado un desternillante sketch sobre la guerra, en el que, uniformado y ataviado con casco y prismáticos, telefoneaba al enemigo y mantenía una conversación por completo surrealista. Sin embargo, este delirante monólogo no podía ser más representativo de la negligente y extravagante situación del Ejército español franquista. No obstante, sabía de lo que hablaba, pues él mismo lo había comprobado, y sufrido, en primera persona: en 1938, con solo diecinueve años, los franquistas le fusilaron junto a otras trece personas en una de las múltiples masacres que perpetraron.

Gila, por suerte, sobrevivió para contarlo y, aunque tras el fusilamiento, no tuvo más remedio que cumplir cuatro años de servicio militar —como castigo por no morir—, pasada la treintena convirtió su conocimiento del Ejército español en un continuo homenaje a la milicia española, y a la guerra en general, en los escenarios de España y América Latina.

Por desgracia, el Ejército español franquista también sobrevivió y, a cada día que pasa, pareciera que quisiera homenajear al gran humorista español y recordarnos que aquel Ejército español franquista es, en esencia, la estructura del Ejército español otanista de la actualidad. A las pruebas me remito: la última, en concreto, el frustrado envío de carros de combate Leopard a Ucrania tras comprobarse que no valen ni para chatarra.

 

Motivadas por la que hubiera debido ser una simple noticia de agencia refiriendo el fallecimiento de quien hace más de 30 años dejó de ser un personaje con trascendencia pública, pero se ha convertido en un nuevo episodio de anticomunismo disciplinado de la totalidad de los medios de comunicación burgueses, surgen estas líneas escritas con mucha más carga de autocrítica colectiva, que de despecho.

Nada aprenden de la Historia y de las dinámicas de transformación social, quienes construyen su relato como una sucesión de nombres en el que las masas y, finalmente la lucha de clases, solo cumplen un papel secundario. No solo lo hace la historiografía oficial burguesa, también hay quienes sin comprender absolutamente nada del Materialismo Histórico, mancillan su carácter científico y, en nombre del “marxismo” se limitan a declamar ampulosamente nombres y apellidos, para tratar de ocultar su absoluto desconocimiento de las más mínimas bases materiales e ideológicas que, a los más diversos niveles, conforman cualquier proceso social.