“…Yo elijo reflejar la época y las situaciones que estoy viviendo, para mi ese es mi deber; y en este momento crucial de nuestras vidas, cuando hay tanta desesperación, cuando cada día se trata de sobrevivir, creo que es inevitable involucrarse… Nosotros vamos a darle forma a este país o nadie lo hará nunca más. No hay alternativa: ¿cómo se puede ser artista y no reflejar la época en que uno vive?

Nina Simone, Eunice Kathleen Waymon, fue una de las artistas más destacadas del siglo XX, virtuosa del blues, jazz, soul, gospel y clásica. Luchadora por los derechos civiles y contra la discriminación racial, nació en Carolina del Norte, en 1933.

 

En 1891 nace en Iquique (Chile) Teresa Flores. Poco se ha escrito sobre ella, lo que sí se sabe es que desde muy niña estuvo interesada en la lucha de la clase obrera contra la burguesía.

En aquel tiempo las familias obreras y pobres vivían en miserables chamizos de calamina y no les estaba permitido a las mujeres aprender a leer y a escribir, sólo criar, lavar y cocinar. En medio de aquella vida dura, los empresarios ingleses se afanaban como lobos por aumentar sus fortunas con el salitre, pero la clase obrera y el campesinado no obtenían beneficio alguno de su auge y tras interminables jornadas de trabajo percibían su salario en fichas que sólo podían canjear por comida en las tiendas de la misma empresa. Fueron aquellas condiciones de escasez y penuria las que hicieron posible el arranque de las luchas obreras.

 

 

Nacida en Quito el 27 de diciembre de 1797, es una vida de las más tergiversadas de la historia. Rebelde, valiente, transgresora y desprejuiciada, la sociedad burguesa la vilipendió y calumnió por ser mujer irreverente, adelantada a su tiempo y no cumplir con los preceptos patriarcales.

En la historiografía patriarcal, que reserva a las mujeres el papel de madres, esposas o putas, únicamente figura como la amante del Libertador Simón Bolívar. Pero La Generala, como la llamaban los soldados, hizo y fue mucho más que una mujer definida por el hombre con quien se relacionó amorosamente.

El impacto de Marie Curie en el papel de las mujeres y en la ciencia fue de tal magnitud y tan inusual aún hoy, que su nombre y trabajo es reconocido mundialmente más de un siglo después. Física, matemática, química y pionera en el campo de la radiactividad; no solo recibió el primer premio Nobel otorgado a una mujer, sino que fue la primera persona en recibir dos en distintas especialidades: Física (1903) y Química (1911).

Juana Azurduy  (1780-1862), una fiel defensora de los derechos indígenas y  símbolo del compromiso de las mujeres latinoamericanas con las luchas independentistas.

Nacida  en Toroca (Potosí) mientras se expandía la rebelión  de Tupac Amaru,  quedó huérfana pronto. Fue criada en un convento de monjas y se casó a los 22 años con el general Manuel Ascensio Padilla, con quien tuvo cinco hijos. El  25 de mayo de 1809, cuando estalla la revolución independentista, ambos se unieron a los ejércitos populares creados tras la destitución del virrey, y lucharon en las guerras que comenzaron en Chuquisaca y La Paz.

Estuvo al frente de un ejército de indias, mestizas y criollas, apodadas “Las amazonas”. Montada en su caballo, con su chiripá blanco, casaca roja y el  gorro del mismo color, era un vendaval de furia que electrizaba a sus seguidores en las batallas.

 

Zinaida Portnova, más conocida como Zina Portnova, nació en Leningrado el 20 de febrero de 1926 en el seno de una familia de clase trabajadora. Su condición de clase y el abuso que la Alemania nazi protagonizaba contra su pueblo, hicieron saltar la chispa de Zina y en 1942 decidió ser parte del Komsomol.

Participó duramente distribuyendo panfletos en la Bielorrusia ocupada, recogiendo y ocultando armas para los soldados soviéticos e informando sobre los movimientos de las tropas alemanas. Después de aprender a usar armas y explosivos, Portnova participó en acciones de sabotaje sobre un surtidor, una central eléctrica y una fábrica de ladrillos. Se estima que, como consecuencia de estos actos, se abatieron más de 100 soldados alemanes.

Dos maestras, comunistas y defensoras de los derechos de la infancia y la mujer cuyas vidas merecen y deben ser contadas.

Josefa (Badostáin, 1883) y Elisa (Tafalla, 1893), fueron dos mujeres con un valor excepcional, adelantadas a su tiempo, pioneras a comienzos del siglo XX de la renovación pedagógica, en defensa de los derechos de la mujer y la infancia, y con un alto grado de compromiso social y político.

Democratizaron las aulas eliminando las tarimas, se opusieron a los castigos, sustituyeron manuales por apuntes e introdujeron el comentario de texto sobre lecturas de la realidad social. Josefa Úriz, creó la primera cátedra de estudio del catalán, abrió una residencia laica para que las jóvenes no se tuvieran que alojar en conventos y modernizó la biblioteca de la escuela, con sala de lectura y gestión de préstamo de libros.

Un 19 de septiembre partía a la inmortalidad revolucionaria la Camarada Olga Luzardo, filosofa, periodista, escritora y profesora marxista-leninista, militante histórica y cofundadora del Partido Comunista de Venezuela. Durante sus 85 años de militancia, fue dirigente de los primeros sindicatos petroleros y fundadora de las pioneras organizaciones de mujeres en el país; formó parte de la comisión fundadora de Tribuna Popular en 1948 y fue integrante por varios períodos del Comité Central y el BP del PCV, así como directora de la Escuela Nacional de Cuadros del CC Ho Chi Minh que hoy día lleva su nombre.

 

Su novela La séptima cruz, escrita en 1942 se convirtió en un símbolo de resistencia. Siete hombres se fugan del campo de concentración nazi de Westhofen; sólo uno de ellos, el joven comunista Georg Heisler, consigue salvarse, a pesar de tener a todo un ejército siguiéndole.

Netty Reiling nació con el siglo XX en 1900 en Mainz, su familia de origen judío le inculcó el amor por las letras y el arte. En 1919 se traslada a Heidelberg a estudiar historia del arte y sinología, doctorándose con una tesis dedicada a Rembrandt. Es en esta ciudad en la que decide cambiar su nombre por el de Anna Segher, apellido que toma prestado del pintor holandés Hercules Seghers quien había ejercido una gran influencia sobre el mismísimo Rembrandt.