Las  huelgas generales habidas a finales de 2025  en Europa han supuesto un resurgimiento del movimiento obrero. La huelga general en India a comienzos de 2026  ha significado un enorme movimiento telúrico a nivel mundial. El 9 de julio de 2025 una huelga general  fue seguida  por más  de 250 millones de trabajadores. La huelga general del 12 de febrero de 2026 ha paralizado un país de dimensiones gigantescas  con la participación de más de 300 millones  de trabajadoras y trabajadores.

Los tratados comerciales del gobierno de Modi  convierten a India en un país cipayo. El tratado con Gran Bretaña, antigua metrópolis, significa la supeditación de India a intereses saqueadores del capital inglés. La city de Londres como la Babilonia del capital depredador en el mundo recuerda a los tiempos del imperio británico. El Tratado con la UE representa una oportunidad para el capital, fundamentalmente, francoalemán, que busca  en India  una oportunidad para medrar en un territorio  inmenso para compensar la profunda crisis del capital europeo, que agoniza tras su desconexión con Rusia y su vasallaje a EE. UU.

Por su parte, el tratado  con EE. UU lleva a entregar  las riquezas  a Vanguard, Blackrock, etc. India se ve chantajeada y maltratada con aranceles por el matón Trump.  Para asegurar la sumisión al imperialismo, Modi ha de garantizar estrategias para un incremento brutal de la  explotación de la clase obrera y un saqueo de las zonas  rurales. En esto consiste el proyecto de modernización y desarrollo de Modi: el 1 %  se apropia del 40 % de las riquezas en India. El fracaso de la oligarquía de India consiste en su incapacidad  de garantizar un proyecto independiente a cualquier sometimiento a EE. UU., Gran Bretaña y la UE. Los mencionados imperialistas se agarran a  la India como  a un clavo ardiendo. La burguesía india se ve impotente a la hora de establecer un proyecto independiente, vinculado al proyecto estratégico del sur global como es el de los BRICS. Es importante entender estas contradicciones del capital de India.

Ante este panorama en el que todo el peso se impone sobre la clase obrera y campesina,  surge con fuerza una alianza fundamental entre clase obrera y campesinado en India.  La huelga general del 12 de febrero una vez más demuestra la acumulación de fuerzas, una amplia red de alianzas, un nivel de organización y movilización que sacuden todo el orbe. A pesar de que los medios oligárquicos imperialistas  apenas dedican una atención  en relación a sus dimensiones, si acaso aparece como una noticia aislada y minimizada, la realidad es toda  una  sacudida en la Historia contemporánea.

Solo han pasado 15 días desde que el pasado 31 de marzo el Consejo de Ministros acordara indultar a las seis sindicalistas de la CNT (cinco mujeres y un hombre) conocidas como “Las 6 de la Suiza”. Una vez pasada la lógica alegría inicial que supone para uno la salida de prisión de una sindicalista por ejercer su labor, merece la pena pararnos un poco, y sacar algunas conclusiones que nos permitan mejorar nuestro desempeño en la acción sindical organizada.

1. Hacer sindicalismo no es delito.

Hay que empezar por aquí. Lo pinten como lo pinten. Se ponga la patronal, el gobierno o la ultraderecha como se ponga, hacer sindicalismo no es delito. Defender los derechos de la clase trabajadora bajo este sistema de la dictadura del capital, no es delito. Seguiremos defendiendo nuestros derechos le pese a quien le pese.

Las seis compañeras sindicalistas se defendían como podían ante un abuso patronal, denunciando públicamente este abuso. Por eso no debieron entrar nunca en prisión. Pero el sistema es el que es, la justicia es burguesa y defiende a quién defiende. Hasta que nuestra clase no conquiste el socialismo esto no debemos olvidarlo.

2. La importancia de la denuncia política.

Todo abuso que suframos como clase, toda sanción, toda represión debe denunciarse públicamente y no quedar en lo interno. Hagamos de cada ataque, un golpe directo “en la cara” de nuestro enemigo de clase a través de la denuncia política. Ya sea a través de campañas de denuncia, ruedas de prensa, entrevistas en los medios de comunicación, actos multitudinarios, lo que se nos ocurra, seamos originales. Pero no dejemos en silencio una agresión, porque entonces ya empiezan a salirse con la suya y a ganar esta batalla.

La campaña que se tejió alrededor del caso de las 6 de la Suiza ha sido importantísima para meter presión en la calle. Hablamos de unos hechos que tuvieron lugar hace 9 años. Hablamos de una campaña de apoyo para aglutinar fuerzas, para mantener activa la lucha por la libertad de las 6 compañeras, para recaudar fondos para sufragar gastos derivados. Esta campaña generó una ola de solidaridad y de apoyo mutuo.

3. Una política de alianzas acorde al nivel de represión.

En toda lucha, y por tanto también en una campaña antirrepresiva, tiene una enorme importancia los apoyos que se vayan sumando a la misma. Desde una plantilla, hasta una organización obrera y sindical. Todo suma y nada debe descartarse por pequeño que sea.

Directivas europeas de progresivo desmantelamiento del ferrocarril, aplicadas por el Estado en forma de políticas de privatización, un constante riego de millones de euros en licitación a las grandes empresas del IBEX y grupos filiales, y, por supuesto, corrupción generalizada. Son algunos de los elementos que podemos situar como inherentes al progresivo deterioro que ha sufrido el ferrocarril en España, todo ello en connivencia, a lo largo de los años, de los diferentes gobiernos, independientemente de su signo.

La fiebre de la Alta Velocidad, una fiebre que no se puede separar del pelotazo urbanístico y la llamada “burbuja inmobiliaria”, donde las grandes constructoras de este país a través del compadreo y una corrupción generalizada se abren camino a licitaciones muy jugosas, millonarias, para la adjudicación de la construcción de grandes líneas sin apenas criterios de necesidad. La existencia de una red convencional que ya conectaba capitales con los pueblos habría sido suficiente para vertebrar el territorio si las inversiones hubiesen ido a parar a la mejora del mantenimiento y renovación de algunos tramos, pero aquí no se gana dinero, eso lo saben las grandes constructoras. Es por ello que se ha dejado de lado la vasta red convencional sin apenas inversión en renovación y mantenimiento para llevar todo el dinero a las obras de nueva construcción del Alta Velocidad. Una vez construidas las nuevas líneas, continúa la privatización, ya que el mantenimiento de la infraestructura recae sobre grupos empresariales privados (Comsa, Acciona, Tecsa, Vías y Construcciones grupo ACS, Copasa, Sacyr, Ferrovial, Azvi, etc.) mediante contratos, en los que se reduce al mínimo el control y coordinación con ADIF.

Se extreman, por parte del Estado capitalista, las acciones de represión contra la lucha de la clase obrera. La penúltima acción represiva ha sido la detención de dieciséis trabajadores de las empresas contratistas del sector del metal en Puertollano (Ciudad Real) el pasado mes de enero.

Estos trabajadores se defendían de la violencia ejercida por una patronal que en ningún momento está dispuesta a rebajar sus objetivos de apropiación y robo de los beneficios productivos generados por la clase obrera. El sector del metal, recordemos, según los propios índices disfruta de un periodo de crecimiento y beneficios, al tiempo que mantiene condiciones salariales y laborales propias de la más profunda austeridad. Los obreros detenidos, junto a la mayoría de sus compañeros, decidieron defenderse de las miserables intenciones de la patronal en el marco de la negociación del convenio, utilizando la herramienta de confrontación que es la huelga.

¿Qué se pedía en esta ocasión? Una subida salarial anual para 2025, 2026 y 2027 del 4%, con cláusula de revisión conforme al IPC. ¿Qué ofrece la patronal? Un 2 % sin cláusula de revisión. Esta patronal, que recupera prácticas de sobreexplotación en toda su magnitud, pretende congelar la antigüedad y posteriormente eliminarla, imponiendo contratos eventuales, de alternancia y de formación por debajo incluso del Estatuto de los Trabajadores. Los obreros también exigen el respeto y la mejora de los pluses de peligrosidad, así como la aplicación efectiva de los medios de seguridad e higiene en el trabajo.

Ante estas reivindicaciones —que pueden considerarse muy por debajo de lo necesario en materia salarial para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo— la “pobre” patronal se ha sentido acosada por quienes, en huelga, exigen que se respeten sus escasas demandas. Una patronal protegida por los gobiernos de turno, que en el último periodo ha visto crecer sus cuentas de resultados y que está dispuesta a intensificar la explotación laboral para extraer aún mayores beneficios.

El pasado 28 de enero más de 400 mineros murieron sepultados en una mina. La noticia pasó prácticamente desapercibida. Pocos conocimos esta tragedia. ¿Cómo es posible este apagón informativo en pleno Siglo XXI?

Uno de los motivos es que tuvo lugar al este de la República Democrática del Congo (RDC). En la provincia de Kivu del Norte. Las intensas lluvias en la zona provocaron un deslizamiento de tierra que terminó colapsando una mina en Rubaya, localidad minera que posee uno de los yacimientos de coltán más importantes del mundo. Este mineral es clave para fabricar muchos componentes electrónicos sin los cuales no tendríamos móviles, baterías, ordenadores...

Se calcula que el 80 % del coltán mundial se extrae en RDC. Otro 10 % en Australia. ¿Alguien se imagina esta tragedia en Australia? ¿Alguien se imaginaría un silencio mediático allí comparable al ocurrido en el Congo? ¿Importa más la vida de un minero blanco que la de un minero negro? En nuestra sociedad capitalista occidental la respuesta está clara y es un SÍ rotundo.

No solo estamos ante unas condiciones laborales aberrantes, del S. XVIII, en las que estos mineros trabajan sin uniforme, sin protección alguna, sin guantes ni mascarillas, usando sus manos para escarbar en la tierra.

No es solo el nivel de sobreexplotación que cuentan los que han trabajado allí con jornadas de 10 horas seguidas por apenas 3 dólares.

No es solo porque muchos mineros sean niños1 , que por tener cuerpos más pequeños y brazos más finos que un adulto pueden trabajar de manera más rentable en esos túneles excavados en la tierra, sin sistemas de protección.

En el marco de la lucha de clases en el Estado español, la burguesía tiene que utilizar, una y otra vez, todos los medios a su alcance para mantener a la clase obrera y masas trabajadoras sumidas en un letargo ideológico que les impide tomar conciencia de sus auténticos intereses de clase. Uno de estos medios son los gestores del capital que disfrazados de “amigos del pueblo”, socialdemócratas, revisionistas y oportunistas de todos los pelajes, se sitúan, a modo de colchón, entre las élites explotadoras y la clase obrera y las masas trabajadoras y explotadas, con el fin de encauzar cualquier conato de rebelión o resistencia que puedan surgir como consecuencia de la lucha permanente que se da entre el trabajo y el capital, y llevarlos al callejón sin salida de la lucha institucional, donde una y otra vez, la clase obrera y los sectores populares son indefectiblemente derrotados. Cosa por demás absolutamente normal ya que en este escenario de lucha las armas las eligen los explotadores. Ellos son los que legislan, a su favor, claro, y los que juzgan y los que reprimen.

Como es natural, quienes gestionan el sistema capitalista desde unas aparentes posiciones de “izquierda” despliegan una amplia actividad cuyo objetivo final es la desmovilización, colocando al pacto social como única alternativa y ocultando, cuando no negando, la lucha de clases. Estos “gestores” tratan de llevar todas las energías de lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras hacia escenarios institucionales, haciéndoles creer que la solución a los problemas que padecen, trabajo, vivienda, sanidad, educación, pensiones, etc., solo se solucionan desde dentro del sistema, participando en sus instituciones. Esa es su agenda.

Por otro lado, desde posiciones revolucionarias, las prioridades pasan por comprometerse con un proceso creciente de desarrollo y unidad de acción de organizaciones sindicales de clase, reivindicando la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, hoy bajo mínimos, en el trabajo con derechos, en el rechazo del pacto social, situando la contradicción capital-trabajo como eje central de la lucha de clases y colocando el Socialismo como única alternativa a la barbarie capitalista. Pasan por crear, mediante una intervención socio-política de la militancia comunista, espacios de organización obrera y popular: Comités, Asambleas, Comités de barrio, etc., que permitan la creación de estructuras de base del movimiento obrero desde donde se puedan movilizar y organizar a amplias masas trabajadoras en un proceso de acumulación de fuerzas que confronte políticamente con la burguesía y su Estado, colocando la opción del Socialismo como única alternativa posible ante la barbarie imperialista (y simplemente capitalista) del Capitalismo.

Muy al contrario de lo que algunos quieren hacernos creer, vivimos en la era de la mayor capacidad productiva de la historia. El desarrollo colosal de las fuerzas productivas ha llevado a la humanidad a un nivel técnico-científico sin precedentes. Estas fuerzas productivas poseen hoy un potencial objetivo para liberar a la especie humana del trabajo alienado. Es plenamente posible reducir la jornada laboral, erradicar la escasez material y satisfacer las necesidades de toda la población.

La automatización, la robotización, la inteligencia artificial y las cadenas de suministro globales están lo suficientemente desarrolladas como para liberar a las masas trabajadoras del trabajo más arduo y generar una prosperidad sin precedentes. Sin embargo, la realidad material de la clase obrera mundial es radicalmente distinta: sufre una explotación intensificada, una precariedad estructural y una alienación cada vez más profunda, bajo un capitalismo que ha mutado para sobrevivir a sus propias crisis.

El alto desarrollo de las fuerzas productivas genera beneficios incalculables, pero no podemos olvidar que la rentabilidad del capital se sustenta siempre en la producción y el intercambio. Sin estos dos elementos centrales de la economía capitalista, el sistema se derrumba. Pretenden hacernos creer que el dinero genera dinero por sí mismo; pero si guardáramos un millón de euros en una caja durante un año, comprobaríamos que habría perdido entre un 6 % y un 10 % de su valor. Otro ejemplo: imaginemos que heredamos todas las tierras productivas de Extremadura, pero permanecen sin cultivar. No producirían nada, no generarían ingresos; como se dice castizamente, lo que tendríamos sería una ruina que nos aplasta. Ni el dinero-mercancía ni la propiedad de los medios de producción son capital sin el trabajo de millones de obreras y obreros.

Miseria, hambre, desolación y muerte: en teoría, estas lacras no deberían existir en un estadio histórico donde las fuerzas productivas han alcanzado un desarrollo tan colosal.

Comentaba un compañero en plena batalla antiimperialista: «el tiempo corre a nuestro favor. Hay que ganar tiempo para organizar la resistencia». La ruina del imperio no es un acontecimiento repentino, sino un proceso prolongado.

En estas páginas hemos caracterizado en numerosas ocasiones la situación actual, afirmando —desde un análisis científico— que el capitalismo se encuentra inmerso en una crisis estructural y general de la que ya no tiene salida pacífica. Esta crisis obliga al capital a aplicar medidas que no solo se expresan en la violencia militar contra países soberanos. El capital necesita hoy la máxima apropiación en todas las esferas económicas, abandonando los modelos con los que antes equilibraba la correlación  en la lucha de clases.

Durante décadas, mediante el expolio y la apropiación de billones de dólares en las cadenas de valor planetarias —principalmente en el Sur Global—, el capital pudo mantener en las metrópolis centrales a millones de trabajadores relativamente conformes con su situación social. A esto lo llamaron “sociedades del bienestar”. Pero las correlaciones de fuerza han cambiado: hoy es oficial que el Norte ha dejado de ser el rector económico del mundo. Ha perdido la capacidad de apropiación que le permitía sostener sus poblaciones en los niveles sociales anteriores.

Esta nueva realidad obliga al capital a modificar su estrategia. Ya no puede —ni quiere— seguir entregando migajas tan grandes a sus masas trabajadoras nacionales. No está dispuesto a renunciar a la apropiación de la práctica totalidad de las rentas del trabajo. Si en el Estado español el capital se apropió del 47 % de las rentas del trabajo en 2024, ahora aspira a un mínimo del 70 %. Según la lógica capitalista, el Estado solo necesita recursos para garantizar su dictadura de clase: a través de policía y ejército, aparato judicial, e instituciones políticas al servicio de sus intereses. Por ello, sanidad, educación, transporte, correos, pensiones y otros derechos —como el subsidio de desempleo— deben ser privatizados o reducidos a la beneficencia.

Con esta frase entrecomillada o similar, basada en el frecuentemente casposo refranero español, el entonces Secretario General de CC. OO., Ignacio Fernández Toxo, “ingenuamente” instaba a Coca-Cola para que negociase con la representación sindical pues, de lo contrario, la imagen de la compañía podría resultar perjudicada. Evidentemente Coca-Cola, salvando algún contratiempo judicial, prosiguió con los cierres de plantas y el despido de cientos de trabajadores/as, con el apoyo incluido de la policía del patrón en Fuenlabrada. La oligarquía, si bien pugna internamente por recursos y mercados, lo tiene claro: se une y utiliza todos los recursos de su Estado cuando se trata de explotar y reprimir a nuestra clase.

Sin embargo, la idea expresada en esa frase ha sido introducida en los cerebros de las y los trabajadores, tras décadas de sindicalismo traidor y claudicante, causando un efecto devastador en la conciencia de clase y en la confianza en nuestra propia capacidad de luchar para vencer. Un ejemplo reciente ha sido el ‘Acuerdo Marco por la Mejora del Empleo Público y el Servicio a la Ciudadanía’, que afecta a aproximadamente 3,5 millones de trabajadoras/es de las Administraciones Públicas central, autonómicas y municipales.

El acuerdo fue firmado el pasado 27 de noviembre por UGT y CSIF, mientras que CC. OO. se hizo la remolona y, faltaría más, acabó firmando apenas una semana más tarde. Se rumorea que su Federación de Servicios a la Ciudadanía no lo veía claro, pero vino el Consejo Confederal a poner orden, ¡que para eso está!

Dicho Acuerdo Marco comprende el período cuatrienal 2025-2028 y para su valoración en términos de incrementos retributivos nos basamos en el análisis comparativo realizado por el Consejo Sindical Obrero (CSO) con el anterior acuerdo trienal 2022-2024 (https://www.consejosindical.es/acord-sense-lluita-un-altre-engany-per-als-treballadors-es-publics-es/).

El acuerdo 2022-2024 firmado por CC. OO. y UGT se vendió eufóricamente porque “…devuelve a los empleados públicos los derechos arrebatados en la anterior crisis financiera”. El resultado final, en el contexto de un capitalismo en crisis estructural y su violento correlato imperialista, fue una inflación que literalmente reventó las previsiones del Banco de España y finalmente se tradujo en una pérdida de poder adquisitivo para las y los trabajadores del sector público de un 2,23 % en tan solo tres años (el equivalente a trabajar aproximadamente 8 días gratis al año).

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