Este mes de octubre no será tan diferente a los anteriores del año en cuestiones laborales, sociales o personales para la clase obrera, solo podemos sumar como agravante que después de la vuelta de los hijas e hijos al cole e instituto, sus economías estarán más resentidas.

Desde hace ya algún tiempo el estado español está siendo elegido sede para las celebraciones de cumbres de los altos organismos de las administraciones del capital europeo e internacional. En este mes de octubre se celebrará en Granada dos cumbres. Así, la capital granadina albergará un Consejo Europeo extraordinario el día 6 de octubre. Pero además de este encuentro, la víspera acogerá también la tercera reunión de la Comunidad Política Europea, un cónclave que reunirá a líderes de 44 países, los 27 de la UE y 17 europeos que no forman parte del club imperialista comunitario. Las dos se celebran con la determinación de ratificar entre música, caviar y cava de muy buena calidad, las políticas diseñadas para intentar recuperar la mal trecha tasa de ganancias del patrón gran Capital.

Entre estas, están las políticas de privatización de derechos conquistados tras años de lucha de clases, conquistas de derechos que se van nuevamente revirtiendo a favor de la burguesía, y que la clase obrera está perdiendo momentáneamente en la cruenta guerra de clases.

En esta derrota tiene una alta responsabilidad el eurocomunismo, la socialdemocracia y otras expresiones políticas e ideológicas, que en ocasiones se disfrazan de comunistas o de muy progresistas, para así poder penetrar en el seno del proletariado y dirigir a este al PACTO SOCIAL, necesario para el interés del capital. Nociva fraternidad entre distintas clases, que por el papel de cada una de ellas ante los medios de producción son antagónicas en sus intereses.

La burguesía, tanto la nacional como la internacional -que son la misma cosa-, enfrentada a la aguda crisis estructural de su sistema de producción, el capitalista, no ahorra esfuerzos en tratar de apropiarse de todo aquello que provenga de las rentas de trabajo para traspasarlas a las rentas del capital, de tal manera que no solo se vean resentidas sus ganancias, sino que se aumenten sin medida en beneficio de sus cuentas de resultado.

En este sentido, la burguesía a través de sus respectivos gobiernos, ya sean “progresistas a tope”, neoliberales, conservadores, etc., viene atacando a todo el sistema público, ya sean pensiones, sanidad, educación, etc., con el fin de privatizarlo y desviar los ingentes fondos que se recaudan a través de las cuotas obreras (las cuotas patronales también son cuotas extraídas de la explotación de clase obrera) para el mantenimiento de dicho sistema público. En realidad se trata de la más descarnada expropiación de las rentas de trabajo que se realiza a través de cambios legislativos siempre realizados en perjuicio de la clase obrera y de los sectores populares.

Dentro de este marco de apropiación de lo público, se encuentra el Sistema Público de Pensiones, uno de los más jugosos para los intereses depredadores del capital.

Las pensiones de jubilación primero y luego los demás tipos de pensiones son derechos adquiridos por la clase obrera a través de su lucha para conseguir mejores condiciones de vida. Así se produce la instauración del Seguro Obligatorio del Retiro Obrero, en el 1919, en un escenario de escalada de la lucha de clases y grandes victorias de la clase obrera, como la Huelga de la Canadiense, en febrero de ese mismo año.

Que la clase obrera necesita, con urgencia, alcanzar un grado de unidad que le permita enfrentar el ataque de la patronal con garantía de éxito no es un secreto, y no solo para garantizar los derechos, insuficientes sin duda, que ya tenemos, sino para conquistar nuevos derechos y, en última instancia, derrotar a la burguesía y sustituir su viejo y sangriento sistema por otro nuevo, un sistema socialista-comunista.

Naturalmente, la burguesía no va a permitir sin más que el proletariado alcance esa necesaria unidad y, para ello, va a invertir enormes cantidades, tanto económicas como de esfuerzo, en fragmentar, dividir y atomizar cualquier movimiento reivindicativo de las obreras y obreros. Va a hacer, la burguesía, todo lo posible para que su sepulturero, el proletariado, no adquiera conciencia de clase, para que permanezca adormecido bajo los efectos de su ideología, que tiene su base en el individualismo más feroz: “homo homini lupus” (”el hombre es un lobo para el hombre”, frase utilizada por el filósofo inglés del siglo XVII, Thomas Hobbes, considerado como uno de los fundadores de la filosofía política moderna).

Con estos cimientos de considerar el ser humano como un ser individualista, egocéntrico y violento por naturaleza, la burguesía ha construido todo un entramado ideológico que justifica y posibilita la existencia de su sistema de producción basado, como no, en la explotación de una gran parte de la población por otra parte, menos numerosa, pero propietaria de los medios de producción.

En este artículo queremos insistir en la necesidad de que la clase obrera unifique las luchas para conseguir victorias ante la patronal, y no nos referimos o limitamos este llamamiento a la confrontación contra un patrón o empresa individualmente. Es necesario que desde una concepción de clase dicha unidad supere los límites impuestos por prácticas sindicales y políticas que alejen y separen al conjunto de obreras y obreros en su lucha por conseguir mejores condiciones laborales y sociales. Con esta división de la clase obrera, la burguesía y la aristocracia obrera a su servicio tienen las manos libres para llegar a acuerdos que llevan a millones de obreras y obreros a las puertas de la indigencia.

No hay tiempo que perder, todo tiempo transcurrido va en beneficio de burgueses, patronos y de lacayos a su servicio.    

Desde hace unos meses, a iniciativa de las organizaciones CNC y PCPE, se está trabajando en la puesta en marcha del Encuentro Estatal de Movimiento Obrero, proyecto de construcción de unidad de clase que sitúa como elemento central el protagonismo de obreras y obreros, que son los que dirigen y construyen esta iniciativa. Este proyecto de unidad de clase pretende recuperar el modelo genuino de la lucha entre clases.  Son y serán obreras y obreros quienes en todo momento decidirán el acuerdo o el desacuerdo en sus confrontaciones con la patronal, modelo que rompe con el paternalismo y la atribución que interesadamente hace la aristocracia obrera, hoy representada en su mayoría por los sindicatos del pacto social, CC. OO.-UGT, de representación de toda la clase obrera, llegando a acuerdos que solo favorecen al capital.

En la lucha sindical, la mayoría de situaciones son complejas, llenas de angustia, tristes, porque se trata de defender el puesto de trabajo ante un cierre o un despido, de frenar la absoluta ruptura de horarios, de las condiciones laborales, y normalmente te enfrentas a la falta de unidad de las plantillas, propiciada por la dirección de las empresas y el sentimiento corporativo de los sindicatos mayoritarios que, a veces, prefieren que todos pierdan, antes de ver cómo el otro puede ganar o evitar retroceder en derechos.

Es el modelo de sindicalismo actual: evitar el conflicto, entender al empresariado, pensar por aquellos a los que dicen representar y todo ello se resume en decir una cosa y hacer la contraria.

Pero, de pronto, te encuentras con la dignidad, con la valentía, con la decisión colectiva y son esos momentos los que generan esperanza en el futuro, son esos ejemplos los que dan sentido a la lucha, a la necesidad de un nuevo tipo de sindicalismo, transmitiendo esperanza en las capacidades y fuerza que tenemos como clase obrera.

El ejemplo de las trabajadoras de H&M en Pamplona es digno de reseñar, de estudiar en esos cursos sindicales de verano para ver si de verdad se aprende algo de un grupo de mujeres con las ideas claras.

Estas mujeres también tienen problemas en sus casas, tienen que pagar el alquiler o la hipoteca, tienen que dar de comer a sus niños y atender las necesidades familiares. Tendrán miedo al futuro, seguro, pero sobre todas esas cosas, lo que tenían claro es que estaban siendo explotadas por su empresa, que merecían un trato mejor y han luchado para conseguirlo.

Desde el Encuentro de Movimiento Obrero queremos denunciar lo que consideramos como práctica de políticas de conciliación, pacto social, por parte de los que se dicen defensores del SPP. No queda nada claro cuáles son las propuestas que colectivos como COESPE sitúan cuando se manifiestan en defensa del SPP. Al grito de gobierne quien gobierne, se camuflan posiciones netamente pactistas, o conciliadoras con las políticas del gobierno PSOE-UP en un futuro posiblemente PSOE-SUMAR. Y lo hará, sea el que sea, porque todos sin excepción acatan y aplican las políticas de la Comisión Europea, auténtico órgano que gobierna la UE sin que nadie la haya elegido.

También los hay que no dudan en defender la gestión de este gobierno, son los casos de CC.OO-UGT y algún que otro sindicato y/o asociación, celebrando las diferentes reformas que se van introduciendo, con las que la patronal y entidades bancarias se benefician. Denunciar que con los planes de pensiones de empleo.PPE, estos dos sindicatos y alguno más a través de la gestión y venta se embolsarán suculentas cantidades de €. A ello hay que añadir los recortes en los servicios públicos para "pagar la Deuda", generada por los "Fondos Next Generation" que se han embolsado bancos y multinacionales, y para hacer frente a los gastos militares impuestos por la OTAN.

Reforma tras reforma de la ley de pensiones ha ido situando elementos que claramente favorece a la oligarquía empresarial y financiera en detrimento de los intereses y calidad de vida de millones de obreros.

No es tolerable que desde estructuras como COESPE se practiquen políticas que en todo momento justifiquen o nieguen que el Gobierno del PSOE-UP sea quien ha aplicado todos los mandatos de la UE y de las oligarquías nacionales y periféricas, BCE, FMI, etc. aplicando reforma tras reforma, que sitúa a millones de obreras y obreros una vez jubilados y pensionados en el umbral de la miseria.

Hoy nadie duda del derecho que tenemos las personas a disfrutar de un tiempo de descanso pagado. De hecho, si un contrato finaliza sin haber disfrutado las vacaciones, no se permite la inscripción en el desempleo hasta finalizar los días correspondientes a éstas, porque no se pueden sustituir por dinero. Aunque todavía quedan empresarios que intentan vulnerar la legalidad, como los que hacen contrato de lunes a viernes para no cotizar los días de descanso.

Pero las vacaciones no siempre fueron un derecho, ni lo son en todo el mundo, pese a las instrucciones de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que establecen que las vacaciones no serán en ningún caso inferiores a 3 semanas por un año de trabajo.

Pese a ello, en los Estados Unidos las vacaciones no son un derecho y dependen de acuerdos entre empresa y trabajadoras. La ausencia de legislación, unida a la precariedad laboral y la inmigración, hacen que sólo en las grandes empresas se tenga reconocido el derecho a vacaciones pagadas, igual que el seguro médico. Si eres pobre en EEUU, ni vacaciones ni médico. En Canadá no superan los 10 días hábiles. En Japón están un poco mejor, aunque no superan los 15 días. En China depende de la antigüedad en la empresa, se garantiza un mínimo de 5 días y va subiendo según la antigüedad, pero en ningún caso se superan los 15 días de descanso retribuido, además de los días festivos.

La plantilla de Digitex -Konecta en Cantabria, lleva más de 60 días en lucha por algo tan legítimo como poder seguir trabajando en su tierra con sus familias.

El 19 de abril, Konecta comunicó al comité la movilidad de la totalidad de la plantilla (159 trabajadoras/es, en su gran mayoría mujeres) a Jaén y Viladecans.

El proceso de negociación se cerró con la totalidad oposición del comité ante la falta de justificación de una medida tan lesiva, teniendo en cuenta que este sector en concreto se especializó en realizar su actividad desde casa durante la pandemia y en la actualidad muchas empresas del sector siguen haciéndolo. Incluso varias trabajadoras de la plataforma afectada lo hacen en la actualidad, demostrando que se puede, pero no quieren.

Lo que quieren es destruir puestos de trabajo a coste low cost porque la ley se lo permite, la gran mayoría de las trabajadoras llevan 18 años en la empresa el coste de un despido improcedente nada tiene que ver con los 20 días por 12 mensualidades que les permite la ley que se olvidó de derogar la ministra de trabajo “ working class”.

Es totalmente hipócrita que una empresa que declara benéficos millonarios y se vanagloria de que su plantilla está integrada en un 90 % por mujeres, las condene a elegir entre el paro o vivir a 700 km de sus hijos y familias.

Desde las páginas de este órgano, venimos expresando reiteradamente la importancia que tiene la huelga como herramienta de lucha de la clase obrera para la consecución de sus reivindicaciones frente a la patronal. Pero la realidad nos muestra que tal herramienta escapa de las manos de sus legítimos dueños, la clase obrera, y es utilizada por algunas organizaciones sindicales, en más o menos medida, para su propia conveniencia, primando el interés particular del sindicato en cuestión sobre el interés general de los trabajadores y trabajadoras en lucha. Incluso, cuando inicialmente la huelga es convocada por la propia plantilla, llegan algunos sindicatos en “apoyo” de esa movilización que, al final, la desvirtúan por el protagonismo excluyente que tal sindicato de turno impone.

Cuando un conflicto laboral surge, cada vez es más común, afortunadamente, que también surja un movimiento de solidaridad por parte de obreras y obreros, no solo del mismo sector de producción o del entorno territorial, sino que se extiende a otros sectores y territorios incluso por todo el estado y, en ocasiones, más allá de sus fronteras. Este movimiento de solidaridad es el que dota de una extraordinaria fuerza a la lucha que se está llevando a cabo en una fábrica o en un sector determinado, pues deja de ser una lucha aislada para pasar a ser asumida por gran parte de la clase obrera como suya. Durante la huelga del metal en Cádiz en noviembre del 2021, se recibieron multitud de muestras de solidaridad de todo el estado español, desde Vigo, Ferrol, Euskal Herria, País Valencià o Asturias, por ejemplo, llegaron apoyos de compañeros y compañeras, incluso se recibieron mensajes solidarios desde Paraguay o Argentina. Se dio el hecho de que compañeros y compañeras de una empresa del sector del metal, Tubacex, situada en Euskal Herria, se desplazaron hasta Cádiz para traer el apoyo de una plantilla que ese mismo año habían mantenido una huelga durante casi ocho meses en las plantas de Llodio y Amurrio, así como fondos para la caja de resistencia. Ahora, son compañeros del metal de Cádiz los que se desplazan hasta Gazteiz para apoyar a compañeros represaliados por la huelga de Tubacex. Todo un ejemplo a seguir.

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