“El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. (…) El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será <abolido>; se extingue”. (F. Engels: Anti-Dühring)

Entre el análisis que hacemos de la realidad y la propuesta que realizamos para intervenir en ella debe existir siempre coherencia. Es por ello que el análisis que hagamos para responder a la pregunta ¿Qué es el Estado? va a marcar indefectiblemente nuestra táctica.

En este sentido, a propósito de la caracterización del Estado, sólo hay dos respuestas: de un lado, la que concibe al Estado como un factor neutral llamado a conciliar los intereses de todas las clases sociales. De otra parte, la que va en la línea de conceptualizar al Estado como una herramienta de coerción en manos de una clase para ejercer su dictadura sobre otra(s).

El fetichismo de la mercancía constituye una de las aportaciones más valiosas que hace Marx en El capital. En coherencia con su método de trabajo, Marx le dedica a esta categoría, fundamental en la economía política, unas páginas preciosas en el Libro Primero.

“Para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan: Sólo cuando “los de abajo” no quieren y “los de arriba” no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución” [Lenin La enfermedad infantil del <izquierdismo> en el comunismo]

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