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FEDEA, la autodenominada Fábrica de Ideas del capital financiero, cuyos órganos de gobierno están compuestos por los principales representantes  de los monopolios de nuestro país, y que se hace llamar independiente, ha hablado claro: es necesario rebajar el salario mínimo a los jóvenes. Ninguna novedad al respecto, ya lo dijeron en 2012, después de publicar un artículo previo a la contrarreforma laboral con el título Díez principios fundamentales para lograr una reforma laboral eficaz y justa. Eficaz fue, para la patronal, que ha podido despedir y recortar derechos más que nunca, y justa, en cuanto que fue elaborada a la justa medida de los empresarios.

 

Ya antes lo dijo Juan Rosell, presidente de la patronal, y el Círculo de Empresarios, por boca de Mónica Oriol, que llamó a los jóvenes que hoy sufren el paro “jóvenes que no valen para nada”. Es decir, que la oligarquía a través de sus distintas organizaciones lanza la orden de que se rebaje el salario mínimo a la juventud. Lo que les ha faltado añadir es: para que al final acaben bajando todos los salarios de la clase trabajadora, ya que al utilizar a una gran masa de desempleados como es la juventud para trabajar por menos salario, es evidente que todos los salarios se verán presionados a la baja.

El efecto de bajar el salario mínimo a la juventud hundiría todavía más a toda la clase obrera en el fango de la miseria y la pobreza. La clase obrera ya sabe que eso no le importa a nuestra oligarquía, porque son lecciones que está aprendiendo en sus propias carnes. Pero que se anden con cuidado, porque cada gradual vuelta de tuerca que nos están dando puede no ser respondida de la misma manera. Tal como Engels explica en el Anti-Düring, acerca de cómo los cambios cuantitativos se convierten en cualitativos en muchos procesos naturales y sociales, una nueva vuelta de tuerca en la explotación de la clase obrera y de la juventud en particular puede tocar ese lugar del corazón de los trabajadores que alberga la dignidad obrera de la que hablaba Lenin, capaz de hacer estremecerse los cimientos de una sociedad. Y esto será lo que la fábrica de ideas FEDEA  nunca habrá previsto, porque no puede comprender.