Los resultados de las últimas elecciones europeas evidencian un claro ascenso de distintas fuerzas de carácter fascista en diferentes países de la Unión Europea, así pues, nos encontramos con distintas formaciones de este tipo que superan incluso el 10% de los votos en sus respectivos países.

 

Haciendo un breve repaso por algunos estados nos encontramos con los siguientes datos: en Austria el FPÖ (Partido Liberal Austriaco) ha obtenido un 19,70 % de los votos, en Dinamarca el DFP (Partido del Pueblo Danes) el 26,60 %, en Finlandia el PS (Verdaderos Finlandeses) el 12,70%, en Grecia Amanecer Dorado con el 9,38%, en Hungria el Jobbik (Movimiento por una Hungria Mejor)  con el 14,68% , en Holanda el PVV (Partido por la Libertad) con el 13,20%, en Suecia el SD (Democratas de Suecia) con el 9,70%.

Pero lo que verdaderamente ha sido noticia son el 24,95% de los votos obtenidos por el Frente Nacional en Francia y la entrada en el parlamento europeo de un diputado del NPD (Partido Nacionalista Alemán) heredero político del NSDAP (Partido NacionalSocialista de los Trabajadores Alemanes, más conocido como Partido Nazi).

Estos resultados han sido "analizados" con una cierta sorpresa por parte de diferentes medios de comunicación, sin embargo esta tendencia al aumento de la fuerza en el Europarlamento de las organizaciones fascistas sí se podía prever, no solo por las experiencias recientes, pues hay que recordar que muchas de estas formaciones vienen de obtener resultados similares (y en algunos casos mayores) en distintos comicios electorales durante los últimos 5 años e incluso antes, sino echando un vistazo atrás, concretamente a los años 30 del siglo XX. Y es que la situación de entonces y la actual tiene ciertos elementos comunes (y obviamente también ciertas diferencias) ya que en ambos casos existe una aguda crisis económica del capitalismo que acrecienta el descontento con el sistema imperante y es precisamente ese descontento el que es movilizado por el fascismo para obtener apoyos para realizar lo contrario a lo que propugnan públicamente, es decir, para apuntalar el sistema capitalista.

A los problemas comunes entre ambos periodos, como puede ser el paro o la carestía de la vida, se le suma ahora mismo el hecho objetivo de que la UE, como proyecto de los monopolios europeos, no es vista con buenos ojos por grandes capas de la clase obrera y los sectores populares y es precisamente ese discurso anti-UE por parte de estas organizaciones el que ha calado entre la gente.

Sin embargo, esta afirmación no nos debe llevar a engaños ni a sacar conclusiones precipitadas. Por una parte ese discurso en manos del fascismo no es más que un argumento demagógico para ganar apoyos entre las capas populares y que saldrá del discurso de dichas organizaciones cuando la burguesía decida que ha llegado el momento de que sean sus gestoras políticas. Por otra parte hay que señalar que la hipotética salida o ruptura con la Unión Europea que plantean se hace en términos nacionalistas y de confrontación entre los intereses de las distintas burguesías, no en base a criterios clasistas y de confrontación con el capitalismo, que son los términos en los que los comunistas planteamos la salida de la Unión Europea.

Otro paralelismo que podemos encontrar respecto a los años 30 es el uso de diferentes formas de actuación por parte del fascismo, así pues, los ataques perpetrados por Amanecer Dorado a las fuerzas obreras y populares griegas no son más que la forma actualizada de las intervenciones de las secciones de asalto nazi en los años 20 y 30 en Alemania.

Ocurre lo mismo con la participación en los comicios electorales, que son precisamente  usados como un mecanismo con el que cuenta el sistema capitalista para legitimar el ascenso al poder de este tipo de organizaciones, haciendo uso de las ilusiones parlamentarias aun sumamente extendidas entre gran parte de la población, a pesar de la abstención que se puede observar en comicios como los europeos.

Y eso mismo ocurrió en la Alemania de entreguerras, donde el NSDAP pasó de un 6,5% de los votos en 1924 al 33,1 % de los votos en noviembre 1932, tras lo cual Adolf Hitler fue nombrado canciller a finales de enero del año 1933; hay que señalar que en su nombramiento pesó sobre todo la presión que desde la burguesía alemana se realizó sobre el entonces presidente Hindenburg para frenar el ascenso del KPD (Partido Comunista de Alemania).

Posteriormente, en marzo de 1933, tendrán lugar unas elecciones donde el NSDAP obtuvo el 43,9% de los votos y que marcaron el inicio de lo que meses después se conocería como Tercer Reich.

No obstante, antes de caer en el error de considerar que ese 43,9% era el apoyo real que tenía el NSDAP hay que tener en cuenta que durante los meses de febrero y marzo se llevaron a cabo toda una serie de medidas desde la institucionalidad burguesa de persecución a los rivales del partido nazi, especialmente al Partido Comunista.

Ejemplo de ello es la acusación de que los comunistas habían incendiado el Reichstag el 27 de febrero, éste caso conllevó a la emisión del Decreto del Presidente del Reich para la Protección del pueblo y del Estado, también conocido como el Decreto del incendio del Reichstag. Dicho decreto firmado por el entonces presidente Hindenburg conllevaba la paralización de derechos como el de prensa, el de reunión o el de asociación, así como la práctica ilegalización del KPD.

Varios días después, el 5 de marzo, se producen las elecciones de las que hablábamos antes. Tras ellas, a pesar de no tener la mayoría absoluta, Hitler con el apoyo de otras fuerzas conservadoras como el DNVP (Partido Nacional del Pueblo Alemán) consigue que a finales de marzo se le otorguen plenos poderes, momento en el cual se puede considerar instaurada plenamente la dictadura fascista en Alemania.

De este breve relato histórico podemos extraer la conclusión de que el ascenso de los nazis al poder no es algo tan simple como una simple victoria parlamentaria (de hecho ni siquiera el NSDAP en las elecciones de marzo del 33 llegaron a obtener la mayoría absoluta), si no que se enmarca en la tendencia a la reacción del capitalismo en su fase imperialista, también en aquellos países que como la Alemania de entonces eran una democracia burguesa.

Otro lección que podemos extraer, más allá en este caso del simple análisis histórico, es que es necesario confrontar contra el fascismo también en la arena de las elecciones y en la arena parlamentaria, una razón más para no caer en tácticas abstencionistas que no hacen más que poner a la clase obrera bajo pabellón ajeno.

Esta lección la entendieron acertadamente los comunistas alemanes que, con el camarada Ernst Thalmann a la cabeza, confrontaron también en la arena electoral al nazismo, y la entienden los camaradas del KKE cuando hacen lo propio frente a Amanecer Dorado, complementando en ambos casos el trabajo de masas contra el fascismo realizado en el día a día de los centros de estudio, de trabajo y en los pueblos y barrios obreros y populares.

A la vista de los resultados de dicha táctica en la Alemania de los años 30 puede parecer contradictoria esta conclusión sobre lo acertado de la misma, sin embargo el haber realizado lo contrario supondría haber dejado un mayor margen de maniobra a los nazis en su ascenso al poder.  

Como decíamos algunas líneas más arriba, además de similitudes existen sustanciales diferencias entre ambos momentos históricos, en primer lugar la falta actual de la presencia de un país socialista con la fuerza e influencia de la Unión Soviética, en segundo lugar la falta de un centro de mando de la clase obrera internacional que representaba en aquel entonces la Internacional Comunista, falta que es momentánea y que el trabajo y el impulso de iniciativas como la Iniciativa de Partidos Comunistas y Obreros de Europa hará revertir, y en tercer lugar que el grado de desarrollo del capitalismo en los distintos países que forman parte de la UE hace que no sea posible el contar con secciones de la burguesía interesadas en confrontar verdaderamente con el fascismo, puesto que forman parte del mismo bloque oligárquico-burgués que lo ampara.

Esto hace que plantear la creación de Frentes Populares con la presencia de parte de la burguesía y de sus expresiones políticas sea excederse en los paralelismos y no tener en cuenta las diferencias entre ambos momentos.

Lo que sí toca ahora para frenar al fascismo es el levantamiento de un fuerte frente obrero y popular como expresión de la acumulación de fuerzas de la clase obrera y los sectores populares, que sea capaz de derribar al capitalismo, es decir, el sustento fundamental del fascismo, pues, como dijo Bertolt Brecht: "Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo"

Enmakón Boyero Vicente

uyl_logo40a.png