ÚLTIMOS EDITORIALES

Compartir

Editorial Febrero 2014

Llevamos siete años -en la actual crisis- soportando a los gobiernos de turno con sus estrategias de mentiras para tratar que la clase obrera no se levante en lucha decidida contra la dominación capitalista.

Zapatero repetía una y otra vez que no existía tal crisis, y Rajoy presume -con insoportable soniquete- de haber escapado del rescate y de que los datos de la macroeconomía van a mejor. Las mentiras de los dos constituyen una premeditada estrategia de Estado para defender los intereses de la oligarquía española.

La realidad es incuestionable, y nos coloca ante una situación que se caracteriza por: un paro persistente que no baja de los seis millones, emigración forzosa de nuestra juventud más preparada, reducción de salarios, incremento de la tributación fiscal de las rentas salariales, reducción de servicios sociales, privatizaciones, tasas judiciales, hambre, frío, malnutrición infantil y miseria.

En el extremo opuesto, las clases parasitarias obtienen crecientes ganancias; se concentra y centraliza el capital de una forma acelerada. El hambre del pueblo tiene su contrario en las saneadas cuentas corrientes de la oligarquía y en la subida del Ibex35.

Alineadas con la estrategia de las clases dominantes se colocan, sumisas, las organizaciones políticas oportunistas, que no plantean una salida revolucionaria, sino que echan arena a los ojos de la clase obrera prometiendo una “más eficaz y social gestión del sistema capitalista; que se concretaría en una Europa más social”.

Ahora que se acercan las Elecciones Europeas vuelven a salir todo tipo de engañaobreros y vividores/as, que las estrategias de comunicación del poder aúpan con esmero, con el objetivo nada disimulado de tratar de arrinconar las respuestas más consecuentes de la clase obrera.

No hay en el horizonte una salida de la crisis capitalista, como nos prometen. El capitalismo trata de consolidar una nueva fase más extrema de su dominación, donde los modernizados instrumentos de violencia directa de la burguesía van asociados a un orden social caracterizado por el empobrecimiento consolidado de la clase obrera y de los sectores populares. La realidad que vemos nos coloca ante esa evidencia; hoy ya 500 euros son un sueldo mensual a jornada de trabajo completa.

La respuesta a esta situación de explotación extrema pasa por una estrategia de masas, con liderazgo reconocido del Partido Comunista.

Distingamos nuestro concepto de masas del que usa la burguesía en la sociedad capitalista, dónde este término se corresponde más con la idea de muchedumbre, sujeto social amorfo que se mueve (consciente o inconscientemente) bajo la dirección político-ideológica del poder burgués, jugando un papel funcional a las más interesadas estrategias de perpetuación del sistema de explotación dominante. Es el caso del fascismo del siglo XX o de las revoluciones de colores impulsadas por el imperialismo a principios del XXI, por citar tan solo dos ejemplos muy claros.

Las actuales clases dominantes tienen auténtico pánico a la movilización de las masas, cuando éstas escapan a su control político-ideológico. Los recientes acontecimientos de Gamonal, en Burgos, nos demuestran -una vez más- la capacidad de la lucha combativa de masas para arrinconar al poder, por mucha violencia que éste pueda llegar a ejercer.

En la sociedad de la comunicación instantánea monopolizada por el poder de la burguesía se demuestra, también, que el factor que determina la independencia de la lucha obrera es la hegemonía de la posición clasista en el seno de las masas. Posición clasista que solo queda garantizada con la intervención de la organización de vanguardia revolucionaria, que se proyecta hacia el futuro desarrollando un programa político que dé continuidad al coyuntural esfuerzo movilizador y combativo frente a determinadas injusticias concretas.

Por ello la burguesía, en situaciones de debilidad de su hegemonía sobre la sociedad, recurre a establecer una alianza con los sectores políticos oportunistas para que éstos desarrollen una intervención de masas -en clave reformista- que, engañando a la clase obrera, desvíe todo el impulso transformador de éstas hacia posiciones asumibles por el bloque de poder dominante. Así veremos cómo estas opciones -IU y otras similares-, serán objeto de abundante preferencia mediática en la próxima etapa política previa a las Elecciones Europeas.

El PCPE trabaja sabiendo que el capitalismo será derrotado por un imparable movimiento de masas que, hartas de tanta explotación y miseria, se levantarán en lucha combativa por sus derechos, conscientes de que la conquista del poder político por la clase obrera es la única garantía de un futuro superador del capitalismo, donde se crearán las condiciones para el inicio de la construcción de una sociedad de justicia social y de igualdad, sin explotación. Esas masas, así entendidas, se constituyen en eficaz sujeto político que se enfrenta al sistema de dominación capitalista e impulsa con determinación el cambio histórico.

La construcción de un movimiento de masas de estas características es un objetivo principal del PCPE; que se concreta en nuestra propuesta política de construcción del Frente Obrero y Popular por el Socialismo (FOPS).

Por ello, la batalla política que tenemos que dar con ocasión de las Elecciones al Parlamento Europeo, está centrada en hacer avanzar esta política de alianzas hegemonizada por la clase obrera en España, y tiene también su expresión a nivel internacional en la Iniciativa de Partidos Comunistas y Obreros de Europa, que agrupa a día de hoy a veintiocho organizaciones políticas unidas sobre la base de la tajante denuncia del carácter imperialista de la UE.

Elecciones en las que el PCPE presentará una candidatura que expresará consecuentemente nuestra propuesta de ruptura con el proyecto imperialista: Por la SALIDA del EURO, la UE y la OTAN. Con una lista compuesta por militantes de la revolución, que mantienen en su actividad militante diaria una posición de combate revolucionario en conexión directa con la clase obrera, y con la más firme determinación de la victoria revolucionaria y la construcción de la sociedad socialista-comunista. Esta posición político-ideológica, y la misma composición de la candidatura, constituyen la mejor garantía para que la clase obrera deposite su confianza en ella.