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El actual momento de crisis estructural del sistema capitalista, obliga a los monopolios a recuperar sus ganancias y aumentar sus beneficios a través de la destrucción y privatización de sectores económicos que históricamente han formado parte de las funciones que el Estado burgués garantizaba a la población en forma del mal llamado “Estado de Bienestar”. Dentro de éstos ataques, podemos calificar de especialmente virulentos los ataques a la Sanidad Pública y la Educación Pública.

En el marco de la Educación Pública, nos encontramos con el hecho de que el capitalismo, en su etapa más criminal, tiene que echar abajo esa idea compartida por socialdemócratas y liberales y de la cual hace bandera el filósofo burgués Fernando Savater, en la que se afirma que la educación es la base de la movilidad social “entre clases”. Ese concepto no existe.

En la etapa actual, el capitalismo no necesita ni quiere un alto número de estudiantes universitarios. La universidad ha de ser limitada a una élite selecta que puedan permitirse dichos conocimientos, e impartida en centros privados, con el objetivo de perpetuar a la clase dirigente.

Esto lleva a la necesidad de aumentar los requisitos necesarios para acceder a la universidad. ¿Cómo lo hacen?, subiendo las tasas universitarias hasta hacerlas inaccesibles para la mayoría e imponiendo un examen al finalizar los estudios de Bachillerato, que, en caso de suspenderse, define el itinerario del estudiante por la vía de la Formación Profesional.

No contentos con ello, y amparándose en la absoluta obligatoriedad para el estudiantado de continuar sus estudios por dicho itinerario, se están implantando más tasas para el acceso a éstos estudios, que oscilan entre los 200 y 400 euros anuales, y aumentando los conciertos de módulos con instituciones privadas. Pero si todo esto no fuese suficiente, el claro factor que convierte a la FP en un negocio en sí misma es todo el entramado que gira en torno a las prácticas integradas en el periodo de aprendizaje.

A lo largo un semestre se realizan las prácticas formativas en una empresa. Durante dicho periodo, el estudiante ejerce su labor trabajando de forma gratuita a la vez que “aprende” el oficio en un centro de trabajo. El empresario en éste caso obtiene un empleado gratuito al que puede someter sin problema, y que además realiza tareas que ni si quiera tienen que ver con los estudios en curso, que terminarán sus prácticas y serán sustituidos por otro alumno, dándose el caso de que una misma empresa tiene partes de su producción ocupadas por alumnos a los que no paga y que sustituye de la misma forma que se hace con los becarios. Estos abusos son de sobra conocidos por los tutores de los alumnos, y a pesar de ello, no solo no son sancionadas las empresas sino que reciben puntualmente su ración de “carne fresca”.

Una evolución de esto son las llamadas FP duales que se están comenzando a implantar desde finales del año 2012 y que tienen su origen en Alemania. En dichas FP la formación en el centro de estudios es limitada a unas horas semanales y el resto se realiza en una empresa. Durante ésta formación la empresa recibe servicios de forma gratuita y el estado “gratifica” al alumno con una beca de 450 euros mensuales que “deberían” permitirle sobrevivir.

Ante éste tipo de abusos solo podemos oponer una organización que sea capaz de unificar las aspiraciones de lucha de la gran mayoría del estudiantado de la Formación Profesional por sus derechos y los dirija hacia un mejoramiento de su calidad de vida. El estudiantado de FP sufre en sus carnes la virulencia del capitalismo y de la contradicción capital-trabajo, de una forma tan directa como cualquier obrero fabril, y es por ello que la Juventud Comunista debe estar en cada centro de estudios de FP como su frente natural, ayudando a organizar y dirigir dichas aspiraciones hacia el socialismo-comunismo.

CJC