Una vez más, cuando la civilización occidental se encuentra en peligro, nos encontramos frente a la imagen de una líder fuerte, de firmes principios y convicciones, que no teme enfrentarse a la vieja y corrupta política para defender lo más sagrado, la libertad. Como otrora hicieran Reagan, Thatcher, o su mentora,  Esperanza Aguirre, IDA -acrónimo de Isabel Díaz Ayuso- no se acobarda y sale con todo a la arena política, a fin de cuentas en eso consistía su conciso a la par que profundo programa electoral, libertad o comunismo. 

-¡Corten!, ¡Toma buena!

Así es, no era verdad, tampoco sarcasmo, lo que pretendía el párrafo anterior era ser descriptivo sobre la puesta en escena de la política actual en Madrid, ya saben, la España dentro de españa, como afirmaba la propia IDA. Y es que, si bien es verdad que la política burguesa, como forma de dominación oligárquica en la que una minoría enmascara sus intereses haciéndolos pasar como interés general -de eso va la democracia parlamentaria- es un 90% de pura escenografía. En la comunidad de las siete estrellas es ya el 110 %, es la repetición de la imitación de la actuación de un acto fingido. Como ya sabemos, el capitalismo exige una mayor tasa de ganancia y para eso, desde los poderes públicos, sus gestores políticos deben facilitar el negocio.

Los más avezados ultras del capitalismo van más allá, y con una adecuada puesta en escena en la que la libertad, la tradición y la patria en peligro son el guion, se logra abrir el campo de la explotación hasta lo insospechado.

En nombre de la libertad y con retórica anticomunista los comercios abren 24 horas al día los 365 días del año, todo se vuelve mercancía, tu tiempo, tu imagen, tu sexo, tu vientre, y como no, tu educación y tu salud.

Con la adecuada puesta en escena, progresivamente los derechos laborales se anulan, los trabajadores de los servicios públicos se convierten en vagos privilegiados, y el sector público en un impedimento para tu libertad de elección. Esa es la puesta en escena, y en Madrid lo saben bien.

En Madrid no existe la política local, lo estatal se confunde y se mezcla con lo local, y gracias a esto las instituciones madrileñas sirven de instrumento para escenificar la oposición al poder central, a menudo, más que en Euskadi o Catalunya, con la peculiaridad de que en Madrid se emplea el españolismo como forma de oposición. Así, el guion del capitalismo puede ser ejecutado con una alta aprobación social al hacerse pasar como oposición al gobierno “blandengue, socialcomunista y pro independentista” de la Moncloa.

Se cierran centros de atención primaria  y otros se dejan otros sin médicos, aplausos.

Se derivan pacientes a la sanidad privada, aplausos.

Se dejan 400 millones de euros para sanidad sin gastar a la vez que aumentan los convenios con la sanidad privada, aplausos.

Se dedican 43,5 millones para la educación privada mientras se debilita a la educación pública, aplausos.

Se improvisa a mitad de curso un nuevo decreto educativo, se sube la carga lectiva y las ratios de las aulas, aplausos.

Aumenta la precariedad y el carácter interino de los trabajadores públicos, aplausos.

Se dan contratos a dedo a familiares y allegados, aplausos

Se interviene la televisión pública para que sea su propio altavoz, aplausos, aplausos y más aplausos.

Las masas enardecidas se entregan al espectáculo de su propia explotación, los servicios públicos pueden ser desmantelados mientras sus trabajadores son continuamente atacados. Así los beneficios del capitalismo aumentan tanto como la sensación de vivir en una españa grande y libre.

Eduardo Uvedoble.