Creo que para el público en general, el popular y gran actor de Bormujos (Sevilla) Juan Diego Ruíz Moreno, Juan Diego a secas, fallecido recientemente a los 79 años, siempre será el “señorito Iván” de “Los santos inocentes” (1984), el impactante filme de Mario Camus basado en la novela homónima de Miguel Delibes. Un protervo terrateniente que sin piedad ninguna explota y humilla a una familia campesina que trabaja a sus órdenes en la España franquista de 1960. Un personaje detestable (bordado a la perfección por el sevillano) que suscita odio clasista a raudales. Sin embargo, la larga y fructífera trayectoria de Juan Diego en las artes escénicas no puede limitarse a un solo rol, por muy relevante que este sea. Su ecléctica y valiosa carrera actoral, que inició en 1957 y que se prolongó durante seis décadas, trabajando profusamente en teatro (su gran prioridad), televisión y cine, con papeles como los de Franco en la película “Dragón Rapide” (1986), de Jaime Camino, o el de un despelotado anarquista en “París-Tombuctú” (1999), último largometraje de Berlanga, así lo prueba. Una agitada y a veces convulsa actividad artística que no le impidió, sin embargo, sino todo lo contrario, adquirir una firme conciencia antifascista y en defensa de los trabajadores de su amada profesión. Un combate que en distintas ocasiones le acarreó problemas de inactividad laboral, así como el ser detenido varias veces por los “grises” por su militancia en el entonces clandestino Partido Comunista de España (PCE),

donde dirigió su Comisión de Cultura y Arte a finales de los 60. Un compromiso artístico, político y sindical del que no renegó ni en los momentos más difíciles de su generosa vida.

“Vuela alto, vuela libre”

Por otra parte, Juan Diego no dudó tampoco en ponerse bajo las órdenes de jóvenes cineastas. “Le gustaba apostar por el joven talento, tanto en largometrajes como en cortos”, aseguran quienes fueron sus representantes y amigas, Paloma de Juanes y Marta Simón. Una convicción ideológica y artística que quedó plasmada en interesantes filmes como “Anochece en la India” (2014), de Chema Rodríguez, “No sé decir adiós” (2017), de Lino Escalera, o en la ópera prima de Secun de la Rosa, “El Cover” (2021). Su itinerario teatral tampoco se quedó corto ni fue apático, gracias a una treintena de sugestivas obras, en su mayoría de autores contemporáneos suyos. Destacando en los últimos años piezas de teatro como “No hay camino al paraíso”, de Charles Bukowski, “El lector por horas”, de José Sanchis Sinisterra o “El coronel no tiene quien le escriba”, del Nobel de literatura Gabriel García Márquez.

Como ha publicado estos días AISGE, Sociedad de Artistas Intérpretes, “qué triste decirte adiós, queridísimo Juan Diego. Socio, maestro, amigo, camarada. Vuela alto, vuela libre”.

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