Nacida en 1910 en el barrio obrero de La Calzada de Gijón, murió en 2001 en  su tierra natal. Los 90 años de vida son también años de lucha obrera, de resistencia al franquismo, de sufrir los horrores del nazismo,  de   sobrevivir   para ver su derrota y… años de silencio.  El 30 de abril de 1945 fue liberada por el Ejército rojo del campo de exterminio nazi de Ravensbrück , junto con 300 víctimas más. En ese campo se estima que 92.000 prisioneras fueron asesinadas y 130.000 mujeres soportaron torturas, humillaciones y trabajos forzados. 

Trabajadora en la fábrica textil La Algodonera, fue militante de CNT y sus convicciones republicanas y antifranquistas la llevan a realizar un curso de enfermería a fin de colaborar con la causa republicana atendiendo a los heridos junto al Socorro Rojo Internacional.

Con 27 años, una  madrugada a finales de septiembre de 1937, embarcó en El Musel junto a cerca de 1.000 niños y niñas y un grupo de cuidadoras rumbo a la Unión Soviética.

Ya en la URSS  quedó al cuidado de una de esas Casas de los Niños  en Pushkin, donde conoció y se casó con Dimitri, un soldado del Ejército Rojo. Tras  la invasión y avance de las tropas nazis sobre Leningrado en el verano de 1941, se pierde el rastro del marido y Olvido, que estaba embarazada, cayó prisionera del  ejército alemán. Encarcelada en Tallín (Estonia) en ese momento también territorio ocupado,  es obligada a trabajar de manera forzosa. A los tres meses de dar a luz un niño al que llama Dimitri, como el padre, fueron separados. Nunca más supo de él.

Llegó a Ravensbrück devastada por el robo de su bebé, sin noticias de su marido, sin ganas de vivir, bajo el número de prisionera 18.217. Pero para las demás presas, Olvido era una compañera a la que había que ayudar de forma urgente. Así lo hicieron y la obligaron a comer tapándole la  nariz para introducirle pequeñas cantidades de comida.

Sus propias palabras relatan aquella experiencia en los campos de exterminio nazis: "Aquí hice los trabajos de peonaje más duros que puedan existir para una mujer. Más tarde me pusieron a trabajar en los talleres del campo, para la industria Siemens. Hacíamos trabajos de guerra. Se puede constatar por los obreros civiles que nos dirigían, que llevaban lentes mientras nosotras soldábamos a la autógena sin nada. Al ser puesta en libertad no volví a recuperar la vista nunca más". Tampoco  recuperó la audición de un oído después de una golpiza de las guardianas de las SS.

Tras ser liberada regresó a Francia, se casó con otro republicano exiliado y  junto con sus tres hijos en 1963 se establecieron en Asturias, sometidos a la vigilancia del franquismo, nunca habló de su pasado.

Hoy cuando se blanquea y justifica el fascismo y el nazismo, traemos su historia, para decir  verdad, justicia y reparación ¡fascismo nunca más!

Ana Muñoz

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