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Y es justamente por esa necesidad, porque saben de su importancia, que la gran burguesía, los gobiernos a su servicio y todos los grandes medios de su propiedad, destinan recursos ingentes para sostener a las grandes masas obreras y populares al margen de este conocimiento y, consecuentemente, alienadas de la realidad que les explota y oprime por todas partes y a diario.

Por eso este Editorial pretende situar los cimientos de este conocimiento para, al mismo tiempo, aligarlo con la realidad material y superestructural de esta sociedad y, evidenciando causas y consecuencias, propiciar el proceso social de participación de masas que le ponga fin.

Utilizando el método marxista –por lo demás el único científico y el que nos permite abordar con garantía de éxito el propósito que nos ocupa- partiremos de lo general a lo particular superando el zafio coyunturalismo de lo inmediato que ocupa los tiempos políticos actuales.

Lo general: La crisis estructural del capitalismo que, determinada por la caída tendencial de la tasa de ganancia y el proceso de concentración y centralización propio de su fase de desarrollo imperialista, tiende a la violencia y a la sobreexplotación para tratar de mantener el ciclo de reproducción ampliada del capital.

Eso es lo general a trazo grueso, lo que nuestro enemigo de clase oculta por encima de todo y de lo que se derivan infinidad de consecuencias objetivas que se conocen pero que, sobre todo la clase obrera, padece. A saber las principales y sobre las que se hace necesaria una intervención radical en defensa de los intereses y necesidades exclusivas del pueblo trabajador:

  • Desvalorización de la fuerza de trabajo que provoca una creciente precariedad, temporalidad y pobreza. Sobreexplotación e incremento constante de la plusvalía absoluta y relativa, robada a la clase obrera. Destrucción de fuerzas productivas con la consecuencia inmediata de más paro.

  • Guerra de rapiña por los recursos naturales y el control del comercio. Incremento de la confrontación económica, política y militar determinada por la agresividad y decadencia del bloque occidental encabezado por los EE.UU. y la OTAN.

  • Anarquía en la producción fundamentada en la supremacía de la mercancía y el poder creciente de los monopolios. Proceso acelerado de privatizaciones fundamentado en el desmantelamiento de lo público. Insostenibilidad social y medioambiental de la sociedad de consumo. Emergencia climática determinada por la creciente destrucción del medio natural que provoca el capitalismo.

  • Crisis financiera, crisis de deuda, crisis energética, crisis alimentaria, crisis industrial, crisis logística, crisis territorial…CRISIS en mayúscula.

Una realidad evidente, pero oculta y desconocida por la hegemonía ideológica burguesa que aún mantiene un amplio consenso social, que se fundamenta en la idea de la inevitabilidad de esta sociedad por ser la única posible.

En consecuencia se impone la necesidad de cambiar el paradigma y avanzar hacia un nuevo consenso social fundamentado en la satisfacción de las necesidades de la clase trabajadora y la atención de emergencia climática sobre la base del poder obrero y el convencimiento de que si no es rojo, no es verde.

Necesitamos partir de la realidad material, de lo concreto, de lo que afecta en lo inmediato la existencia de las amplias masas, desde el que generar conciencia y la confianza en que otro mundo es posible si es Socialista.

Más allá de los imprescindibles análisis ideológicos que, por definición, nunca se pueden dar por concluidos, la necesaria contraofensiva obrera y popular, para concitar la voluntad creciente de las masas y enfrentar la dominación burguesa y el criminal trampantojo del fascismo, tiene que cimentarse en un programa político muy pegado a su realidad.

Hablar de lo que afecta a su día a día y hacerlo desde la confianza en el inmenso abanico de oportunidades que brinda el necesario desarrollo dialéctico de un proceso social que, no olvidemos, tiene su base material en la crisis estructural del sistema capitalista, en su incapacidad para atender las necesidades económicas y sociales… civilizatorias de la Humanidad. Esa es la idea fuerza de nuestra propuesta política y el nudo gordiano que, empujado por el liderazgo y la dirección política de su vanguardia política, el pueblo trabajador debe deshacer.

El horizonte es de esperanza porque el presente debe ser de lucha. Ahora de lo que se trata es de organizarla.

No perdamos la memoria.

En plena crisis sanitaria de la COVID-19 empezamos a hablar de un Plan de Emergencia Social que parece haber caído en el olvido pese a ser ahora más necesario incluso que antes. La crisis se agudiza y nada podemos esperar de un Estado que, volcado con el Capital y la Guerra imperialista, no para de repartir millones de € por doquier a las grandes empresas y aumentará hasta el 2 % del PIB el presupuesto militar. Una fiesta de deuda pública que pronto vamos a empezar a pagari con más privatizaciones y reducción de prestaciones y servicios sociales.

Solo el Pueblo organizado salva al Pueblo. Recuperemos la consigna y su programa.

  1. Más allá de la fracasada aplicación del propagandístico Ingreso Mínimo Vital, exigimos una prestación indefinida de desempleo para todos los trabajadores y trabajadoras en paro. Refuerzo de plantillas en los organismos encargados de la gestión de recursos y prestaciones, especialmente el SEPE, recuperando la atención presencial en todos ellos. Aperturas de oficinas de atención ciudadana en los barrios obreros, y refuerzo a los servicios sociales para garantizar el pleno acceso a estos recursos públicos.

  2. Fin real de los desahucios de todas las personas imposibilitadas de hacer frente a sus obligaciones hipotecarias y/o de alquiler frente a grandes propietarios.

  3. Ningún corte de suministros a las viviendas de las familias obreras con sus miembros en paro. Regulación de precios y nacionalización de las empresas energéticas.

  4. Obligación a la banca de recuperar la atención personalizada y acabar con las clausulas abusivas y los gastos de mantenimiento. Nacionalización de la banca.

  5. Exigimos comedores sociales públicos en todos los barrios obreros con mayores índices de paro, con especial atención a la población infantil. La gestión de la pobreza no puede convertirse en una oportunidad de negocio para las empresas privadas.

  6. Expropiación de todo el parque de viviendas vacías propiedad de bancos, fondos, inmobiliarias o grandes propietarios para constituir con ellas una bolsa de vivienda social en alquiler.

  7. Reversión de las privatizaciones en el ámbito de las prestaciones y ayudas sociales, garantizando una gestión pública de calidad en toda su extensión y evitando que las empresas puedan hacer negocio con nuestras dificultades. Inversión en sanidad, educación y servicios sociales con especial atención a la infancia, personas mayores y dependientes

  8. Reducción drástica de los presupuestos militares y del resto de gastos del Ministerio de Defensa e Interior.

  9. Salario y Pensión mínima de 1.200€ con clausula de revisión ligada al IPC. Ningún convenio por debajo del IPC y actualización automática según este criterio de todos los convenios vencidos. Blindaje del Sistema Público de Pensiones. No al Pacto de Toledo.

  10. No a las contrarreformas laborales del PP y PSOE refrendadas por la “Reforma” de Yolanda Díaz. Condiciones laborales y salariales dignas

Unamos el máximo de voluntades políticas del pueblo en torno a estas ideas y, desde su reivindicación, avanzaremos en la generación de crecientes conflictos políticos de las masas con el Estado que necesariamente han de ser preludio que, como afirmará Salvador Allende, abra las “grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Esa es nuestra tarea y en la que comprometemos todas nuestras capacidades militantes.


i las pensiones públicas figuran como garantía de la devolución del 50% de los Fondos de Recuperación

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