La primera escena de Hap & Leonard ya nos indica que estamos ante una serie que ubica a los personajes en una posición distinta a la común en las series de televisión. Los dos protagonistas de la serie, Hap y Leonard, que trabajan cortando tallos de rosas en una pequeña ciudad de Texas son despedidos en esta primera escena ante la llegada de inmigrantes ilegales más baratos. Estructuralmente es la típica escena que sirve para poner en marcha la trama de cualquier policial: los protagonistas han de encontrarse en un “no lugar” dentro del mundo. Es decir, el héroe debe estar fuera de la lucha de clases y, no obstante, verse afectado por ella. Normalmente, este no lugar puede ocuparse, según la matriz político ideológica desde la que se escriba, por un policía (si se sustenta en la aparente neutralidad del Estado, por ejemplo, en el llamado noir nórdico) o por un detective privado (tan habitual en la tradición liberal que sospecha tanto del Estado).

Hap y Leonard ocupan un tercer “no lugar”: la exclusión. Desde la primera escena, ambos engrosan esa parte de parados, del ejército de reserva, que siquiera sirven para tensionar a la baja los salarios y las condiciones laborales del resto de trabajadores, sino que sobreviven fuera del sistema productivo formal. Forman parte de lo que se ha venido a llamar población sobrante, aquellos, inservibles para la producción, cuya importancia relativa para el sistema es el puro consumo en la miseria relativa. Fijaos, cuando la veáis, en la obsesión con una marca de galletas de Leonard.

Esta exclusión de la producción, no de la economía, viene acompañada de otras posiciones marginales. Los dos son huérfanos, Leonard es negro y homosexual, Hap fue un insumiso a la guerra de Vietnam que terminó en la cárcel.

Sin embargo, otra cosa me interesó más, pero necesito explicarla mediante una comparación. La primera temporada de True detective, una de las series técnicamente más precisas e impactantes, plantea una temática parecida a la segunda temporada de Hap & Leonard. Ambas series abordan el problema de las creencias y de cómo se combinan las creencias entre sí. En el caso de Hap & Leonard muestran la fusión entre el cristianismo y el animismo que los esclavos mantuvieron en Estados Unidos, aunque desde posiciones diametralmente opuestas. Mientras que True Detective opone naturaleza y civilización, Hap & Leonard hacen una lectura sociológica de la creencia.

True detective viaja desde el mundo civilizado simbolizados por la filosofía y la moral, entendidas como análisis y represión de las pulsiones oscuras del individuo, hacia ese lugar tenebroso en mitad de la selva donde los crímenes son rituales y las prohibiciones civilizatorias básicas no existen. Sin ir más lejos, la prohibición del incesto. Por supuesto, ese lugar oscuro es social, pero también es ese supuesto salvaje presocial que la evolución habría puesto bajo las siete llaves carcelarias de la civilización. En el crimen emerge una supuesta naturaleza humana salvaje que se ha domeñar.

Hap & Leonard huye de esta construcción reaccionaria y presenta el problema de una forma sociológica y ambigua. La religión, que nos recuerdan todo el tiempo que no es más que una fantasía, cumple una función positiva puesto que serviría como único consuelo para aquellos que padecen la explotación y el racismo. Pero también una función negativa: el dogmatismo de la fe lleva también al crimen. Quien está poseído por la verdad (política o religiosa) se erige en juez sobre el derecho a la vida. Así, el crimen y la creencia ya no forman parte del atavismo humano, sino de una respuesta ambigua a unas condiciones sociales específicas.

Jesús Ruiz

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