La presencia permanente de los sectores más reaccionarios de la sociedad al mando del aparato de poder estatal, es una constante en la historia de España. Esta alianza, de tradición terrateniente, católica y contraria al avance de las ciencias, apartó desde bien temprano el avance hacia la modernidad y el desarrollo, durante la etapa de las revoluciones burguesas en Europa, concluyendo durante el último siglo en un Estado burgués, basado en la sobre-explotación, la desigualdad territorial y el atraso social y cultural.

La tradición republicana en España, siempre ligada a propuestas de avance social, nunca ha dejado de confrontar con este bloque dominante reaccionario y sus principios fundamentales.

Si durante la I República se cuestionaba qué fracción de la burguesía tomaba el control del estado, la segunda República, desde un principio, estuvo íntimamente ligada, principalmente, a la lucha de la clase trabajadora campesina y orientada a quebrar la dominación de los grandes propietarios. La centralidad de la clase trabajadora como sujeto revolucionario durante la II República, ahora sí consciente, como clase para sí, se había dado gracias al avance de un movimiento obrero y jornalero forjado tras décadas de lucha contra la patronal y sus pistoleros rompehuelgas, y la dictadura de Primo de Rivera; se quiebra, por tanto, el modelo de dominación de la Restauración. Y fue esa conciencia y la autonomía de la clase trabajadora y sus organizaciones, la que hizo posible atisbar un nuevo paradigma de Estado fundamentado en el poder obrero.

En la actualidad, con la adaptación de dichos sectores reaccionarios tras el franquismo, la crisis capitalista, se salda con más de un 20% de pobreza en España1 que se fundamenta en la desvalorización de la fuerza de trabajo, el paro y la precariedad que afecta, de manera más aguda, a la juventud y las mujeres trabajadoras.

Hasta el momento, la gestión socialdemócrata de PSOE y Unidas Podemos, respaldada por la patronal y por el sindicalismo del pacto social, ha conseguido contener la movilización, a través de la ilusión de la paz social, consolidando medidas antiobreras, como las contrarreformas laborales, la ley mordaza o los miles de desahucios, sin un fuerte rechazo en las calles, ni la convocatoria de una sola huelga general, contando con la necesaria colaboración de los medios del sistema

Ante los constantes episodios de corrupción de la monarquía española, insertos en la crisis del capitalismo, cíclicamente vuelve a abrirse el debate de la jefatura de estado. Y rápidamente el reformismo y la socialdemocracia, junto con las burguesías periféricas, intentan reconducir esta posible grieta en los cimientos del viejo edificio de dominación, a través de la institucionalidad burguesa. La propuesta concreta: una farsa de referéndum entre monarquía o república. La síntesis de dicha propuesta: un referéndum pilotado y controlado por la burguesía que permite la continuidad del bloque dominante, con la posibilidad de volver a validar una institución reaccionaria y que intenta impedir la creación de espacios propios de debate y participación directa de la clase trabajadora.

Los nefastos resultados de la gestión socialdemócrata para la clase trabajadora, resaltan la necesidad de un proyecto propio para la clase trabajadora. Si la autonomía y organización de la clase trabajadora hizo tambalearse al bloque dominante durante la II República, obligándolo a recurrir al fascismo, hoy se hace imprescindible afrontar los problemas que padecemos desde la participación directa de la clase trabajadora en espacios asamblearios, en barrios y centros de trabajo, sindicatos, asociaciones vecinales... donde podamos afrontar los problemas desde la participación directa y la confrontación con el proyecto de la oligarquía y sus gestores. Mientras que Iberdrola acumula en 2021 casi 4.000 millones € en beneficios, el pueblo trabajador pierde poder adquisitivo y paga la crisis y sus consecuencias - como la guerra interimperialista en Ucrania - con la subida del coste de la vida y la sobre-explotación de nuestra fuerza de trabajo.

El debate sobre un referéndum hoy supone otro intento de alejar a la clase trabajadora de la participación de los necesarios cambios sociales y políticos. La propuesta del PCPE es recuperar el protagonismo de la clase obrera en el proyecto de la futura república, organizándose para frenar cada desahucio, cada corte de luz en los barrios, cada despido, cada privatización de servicios públicos, y elevar nuestra capacidad y acción como clase, señalando directamente como responsable a la monarquía corrupta de los Borbones y al bloque oligárquico-burgués. En esencia, forjar los pilares para construir un futuro fundamentado en el Poder Obrero y la autodeterminación de los pueblos. La República Socialista de carácter Confederal.

Francisco Valverde

Director de UyL y miembro del Comité Ejecutivo del PCPE


1Informe AROPE 2021.
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