Después de la Segunda Guerra Mundial aparece la escuela de Chicago cuyo principal ideólogo fue Milton Friedman que propone sustituir las inversiones directas de los estados por políticas monetarias como forma de impulsar el crecimiento. De esta forma los estados pierden capacidad de control económico y el poder pasa a los bancos gestionados por actores privados (con las consecuencias que todos sufrimos desde fines del siglo XX).

El “Estado de bienestar” propuesto desde el informe Beveridge (1942) e implantado en EEUU y Europa Occidental hasta los años 70 del siglo pasado se basaba en aumentar la intervención directa del Estado en la economía para garantizar unos derechos sociales mínimos para todos los ciudadanos (seguridad social, educación, sanidad, pensiones, desempleo...) con unos servicios públicos que se mantendrían con impuestos proporcionales a la riqueza. Tanto la escuela ordoliberal como la austríaca y la de Chicago consideraban esto demasiado, la antesala del comunismo, llamándolo despectivamente “Estado benefactor” o “Estado providencial”. Así, desde los 70 estos nuevos liberales reciben apoyo y financiación de empresas y partidos de “derecha” y nace el término neoliberal, que se diferencian tanto de los liberales keynesianos (rechazan la idea de que el libre mercado necesite “correcciones”) como de los liberales clásicos. Para estos nuevos liberales el derecho natural o constituyen únicamente las relaciones económicas y lo político está subordinado a lo económico, concibiendo la libertad únicamente en términos económicos y no políticos.

El neoliberalismo práctico actúa gradualmente privatizando y reduciendo la intervención del Estado en la economía poco a poco aprovechando coyunturas favorables que eviten la contestación social. Sus teóricos explican/justifican sus fracasos prácticos al aplicar sus reformas por una “insuficiencia” en la aplicación de medidas privatizadoras (si el enfermo tiene 39º de fiebre DEBEMOS SUBIRLA A LOS 40º).

La izquierda indefinida defiende políticas socialdemócratas pero se esfuerzan por abanderar reivindicaciones interclasistas de tipo no económico que resultan más fáciles de alcanzar que las económicas y poder presumir de logros. Para un neoliberal la democracia va después del libre mercado prefiriendo una dictadura neoliberal a una democracia keynesiana (recuerden a Pinochet y el golpe de estado chileno). Es la doctrina Friedman: lo que marca el mayor o menor grado de libertad no es la existencia de democracia política, sino la existencia de desregulación económica, libertad empresarial y libertad financiera.

En palabras del economista neoliberal Alain Minc: “El capitalismo no puede desfondarse, es el estado natural de la sociedad. La democracia no es el estado natural de la sociedad. El mercado sí”. Para qué hablar nosotros, con dejar que hablen ellos basta.

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