Ni la terrible pandemia ni el criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperialismo yanqui desde hace 60 años, ni tampoco las grotescas maniobras desestabilizadoras financiadas por el funesto Tío Sam han impedido la celebración (exitosa además) de la 42 edición del Festival de Cine de La Habana, también conocido como Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Un certamen que en esta edición, y a causa del Coronavirus, se ha dividido en dos etapas, o como dicen los organizadores del importante evento cinematográfico: en dos dosis. La primera dosis - no competitiva - administrada presencialmente entre los días 3 y 13 de diciembre de 2020, porque - según palabras de Iván Giroud, director del Festival - “el Covid en Cuba está bastante controlado”, y la segunda dosificación – en esta ocasión competitiva – entre los días 3 y 12 del pasado mes de diciembre. Confirmándose así la no interrupción del Festival desde su creación en 1979.

Buena cosecha

Otra vez, y en esta oportunidad con más de 2000 obras inscritas (largometrajes, cortos, documentales, etc.), la apreciada Muestra ha vuelto a poner de manifiesto su arraigo e importancia en el panorama cinematográfico latinoamericano. Este año el Coral al mejor largometraje ha sido para la película brasileña Pacificado, que también ha conseguido los Corales a la mejor dirección (Paxton Winters) e interpretación femenina (Cassia Gil). Una cinta que habla de la violencia en las favelas de Río, y del incierto futuro de Tati, una chica introvertida de 13 años. Asimismo, el Premio Especial del Jurado ha ido a la coproducción mexicano-francesa Nuevo orden, de Michel Franco, que además ha recibido el Coral al mejor guión gracias a una explosiva historia de lucha de clases entre ricos arrogantes y enfurecidos parias. Por otra parte, el Coral a la Ópera Prima ha sido para el impactante filme Sin señas particulares, una coproducción mexicano-española dirigida por la joven cineasta mexicana Fernanda Valadez, quien, sin complejos, aborda de manera sobrecogedora, y con testimonios desgarradores, la odisea de los emigrantes latinoamericanos intentado cruzar la frontera de Estados Unidos. Además, el Coral a la mejor interpretación masculina lo ha conseguido el actor brasileño Fabricio Boliveira, por su excelente trabajo en Breve Miragem del Sol, de Eryk Rocha (hijo del gran Glauber Rocha, fundador del Cinema novo en Brasil); un desconcertante  drama social - émulo de Taxi Driver - coproducido por Brasil, Francia y Argentina. Finalmente, mención particular merecen los documentales Erase una vez en Venezuela, de Anabel Rodríguez, y Los puros, de la cubana Carla Valdés. Ambos filmes ganadores de sendos Corales por su introspección en la actualidad venezolana y cubana.

En resumen, una cosecha cinematográfica de gran nivel artístico y contenidos que augura otras excelentes para años venideros.

 

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