En agosto de 2021 la Comisión Europea transfirió a España los primeros 9.000 millones de euros del plan de recuperación, que llegan en forma de anticipo de los casi 70.000 millones que el Gobierno solicitó como transferencia no reembolsable. O sea, que los otros 70.000 millones son un crédito que nosotros o las generaciones futuras tienen que devolver… qué bien vendrían ahora los 65.000 millones que debe la banca española.

De otra parte, los 70 mil millones tampoco son un regalo. El gobierno pijo progre tendrá que cumplir con 416 hitos para recibir esos milloncejos. Para desbloquear cada pago España tendrá que cumplir con todas las metas pactadas. El mayor desembolso está previsto para junio de 2022 y alcanzará los 12.000 millones de euros. En este caso, muchas de las metas que tendrá que cumplir el Gobierno están relacionadas con reformas del mercado laboral. Así que ya sabemos por dónde van los tiros.

Toda la publicidad institucional de la UE va dirigida al impulso de la ecología y a digitalizar la economía (hay un constructor que quiere poner una hormigonera conectable desde el móvil… que no, que es coña)

Pero no seamos hispano céntricos, las ayudas también llegan a Italia, Grecia y Portugal (entre otros), cuya principal característica es que su principal sector productivo es la hostelería, seriamente dañada por la pandemia. ¿Qué va a ser de los turistas nórdicos, si no se recuperan nuestros pobres hoteleros? (modo sarcasmo on).

Las primeras medidas ya se están viendo. El gobierno prepara otro plan Ñ. Si en aquella ocasión fueron las rotondas, parece que ahora le toca el turno a los carriles bici.

En todo caso, con respecto al programa Next Generation EU, no se excluye ningún sector, pero sí que se incide en la necesidad de que los proyectos susceptibles de obtener fondos europeos deben estar alineados con los cuatro ejes prioritarios de actuación: transformación digital, transición ecológica, cohesión social y territorial, e igualdad.

De aquí que los sectores que promueve la UE para la reindustrialización sean: Ciberseguridad, IoT (Internet of things), salud inteligente, sistemas de hidrógeno, reducción de CO2 y vehículos autónomos.

Para el progreso digital, se busca impulsar nuevas tecnologías creando un único mercado europeo de datos, tanto públicos como privados, permitiendo que fluyan libremente por la U.E … ahí es ná. Maximizar beneficios es la clave. Respecto a las condiciones de vida de la mayoría no parece que se diga mucho, salvo el paquete de medidas para la transición ecológica de las empresas, que podrán pedir créditos blandos o serán subvencionadas por todas y todos; toda vez que esta parte de los 70 mil millones son un préstamo reembolsable.

En todo esto hay que poner de manifiesto los primeros esperpentos que surgen:

  • Empresas de telefonía se erigen en intermediarias para conseguir ayudas para la digitalización de tu empresa. Ellas ofrecen el paquete, se llevan el dinero, pero, a cambio te hacen los trámites. Y tendrás a tu empresa en Facebook, como mínimo…

  • Los citados carriles bici harán furor…no sabemos cómo van a conjugar con las rotondas de los anteriores planes. Porque no habrá para todo. Así que al carril bici le puede ocurrir como al metro de Palma, que va de ningún sitio a ninguna parte.

  • El Gobierno ha dejado la puerta abierta a las grandes empresas y patronales para que puedan presentar sus proyectos directamente a través de ventanillas informales, como las denominan las consultoras. Las grandes empresas y los consorcios que se han conformado tienen contactos directos con los ministerios y les hacen llegar propuestas de proyectos que afectan a todos los territorios. Así, Endesa ha presentado 110 proyectos por valor de 19.000 millones de euros; Iberdrola, 150 iniciativas por 21.000 millones; Naturgy, 13.000 millones; ACS, 4.500 millones, y así hasta la suma de, aproximadamente, 100.000 millones para las empresas del Ibex 35.

Frente a todo esto, sólo cabe pensar en cómo una economía planificada era capaz de usar los recursos en lo que era necesario para la mayoría, y no en beneficio de una minoría parasitaria. Se llama sistema socialista y es la antítesis del capitalismo.

Juan Luis Corbacho