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A principios de diciembre, o si se prefiere, a finales de este insoportable 2021, año 1 de la nueva normalidad, que es la mierda de siempre pero peor porque hay COVID, se congregaron en Varsovia, invitados por el gobierno Polaco, los líderes de las principales fuerzas políticas de extrema derecha (o derecha extrema, o ultraconservadores, o neoconservadores o patriotas, que es como ellos se autodenominan. Cabe decir que jamás se llamarán por lo que verdaderamente son, ya que para estos grupos, la política es el arte de la simulación, de ocultar el interés de la oligarquía con la máscara del nacionalismo, la tradición o la identidad). Estos próceres de la defensa nacional, entre los que se encontraban Le Pen, Abascal y Orbán, se reunieron como muestra de solidaridad con el gobierno polaco, que encima de luchar por mantener la frontera de Europa a salvo de las hordas de migrantes enviados por los enemigos de occidente, tiene que lidiar con los ataques internos que las élites progres de Bruselas le lanzan contraviniendo su soberanía nacional. Naturalmente esta reunión sirvió también para ir trazando con líneas más gruesas un bloque europeo de extrema derecha que con la bandera de la soberanía nacional acabe con la tiranía del “buenismo progre”, algo que continuarán haciendo ya a principios de 2022 en Madrid por invitación de nuestros paladines nacionales, Vox.

Así, como si se tratase del próximo estreno espectacular de turno, Vox, en su cuenta de Twitter, lo anunciaba así: “ayer en Polonia, muy pronto todos juntos en España”. Ciertamente, la propaganda de la ultraderecha es comparable a algunas campañas publicitarias de la industria del cine, con bombardeos de vídeos en rr. ss. más parecidos a un trailer que a un programa, con muchos efectos visuales y poca argumentación, todo remachado con frases tan cortas como contundentes, tan grandilocuentes como ambiguas, (“ayer en Polonia, muy pronto”) y si en una misma frase se coloca las expresiones “juntos” y “España”, el espectáculo en forma de promesa de unidad está garantizado. Ahora bien, si tenemos en cuenta que su discurso, como el juego de estafa y embaucamiento que es, se construye sin deducciones ni inferencias, ni analogías ni ninguna otra herramienta racional, únicamente por la adición de términos, es decir, a base de sumar expresiones como burócratas, progres, rojos, maricas, terroristas, bolivarianos, filoetarras, junto con otros clásicos como cobardes, blandengues, traidores, etc., para así dar la sensación de que dicen mucho, tenemos que, como suele ocurrir con el mundo del espectáculo, el estreno no es nada nuevo, sino que es otra vez el recurso a lo de siempre, a la conspiración elitista contra las naciones, sus esencias y tradiciones. Antaño era la conspiración judeomasónica o judeobolchevique, hoy es la conspiración de élites globalizadoras que mediante el marxismo cultural quieren destruir los valores tradicionales y rendir Europa a lo extraño, de piel extraña, de habla extraña, de religión extraña.En otras palabras, acabar con la civilización blanca, cristiana y heteropatriarcal.

Obviamente es todo simulación, una grotesca, cruel y criminal simulación que conlleva formas de violencia que alcanzan el genocidio, que levanta muros y alambradas, envenena las conciencias y arrastra a los pueblos a la guerra destruyendo millones de vidas. Pero simulación a fin de cuentas, ni existe el otro extraño que nos quiere aniquilar, ni ese invento del marxismo cultural, ni siquiera esa supuesta civilización blanca a la que en teoría pertenecemos. Lo que sí existe es la verdad ocultada por el miedo, la verdad del miedo que se infunden en las masas, del miedo a la pobreza, propia y ajena, el miedo que arma a los ejércitos de reemplazo del capital, el miedo que nos impide ver que ya solo conservamos cadenas.

Eduardo Uvedoble

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