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Cuando se llega a una determinada edad hay que intentar realizar una actividad física, el cuerpo te lo pide y te lo va a agradecer,  pero lo primero que constatas es que es complicado practicar deportes de grupo en esta sociedad crecientemente individualizada.  Ahí es donde aparecen los deportes solitarios, como correr, ir en bici, o nadar. He conocido dos grupos de personas que van a nadar, los que van un poco obligados por el médico: accidentes, dolores de espalda…muchos de ellos como consecuencia de lesiones laborales, y quienes, como es mi caso, somos felices en el agua, pues la natación de forma intermitente nos ha acompañado desde niños.

Ambos grupos coincidimos en que cuando sales del agua lo haces fortalecido tanto física como mentalmente. No olvidemos que es imposible que haya mejora física sin mejora mental.

Nadar es un estilo de vida. Levantarse temprano, entrar en el agua, dejar la mente fluir  Disfrutar mientras el cuerpo se estira, se esfuerza, suda (sí, debajo del agua también se suda). Notas la sangre circular mientras controlas la respiración. La sensación al salir de nadar es que estás más fuerte, tu cuerpo ha generado endorfinas que te hacen afrontar el día con una predisposición mejor y, en medio de las complicaciones que debes enfrentar en esta sociedad, eso no es en absoluto despreciable.

De ahí poco a poco se da el siguiente paso que es ir a nadar al mar, la base, el fondo se ha de coger en la piscina. Si nadar en piscina es bueno, el ir a nadar al mar es algo especial. Quedar con los amigos temprano. Empezar a nadar cuando el sol va despuntando por el horizonte. Sentir las gaviotas volando cerca.  Reconocer a la luna recogiéndose provoca una sensación de libertad y plenitud. Es una sensación mágica, especial, de contacto directo con la Naturaleza, que genera aún más endorfinas.

Hay que respetar varias medidas de seguridad básicas: la primera es no ir a nadar al mar solo, estar atento siempre a la previsión meteorológica, llevar una boya que por un lado avise de tu presencia, y por otro lado te permita agarrarte a ella y mantenerte a flote. No lo olvides nunca.

La primera norma de seguridad, el no ir nunca solo a nadar al mar, da pie a hacer amigos, amigos que compartimos una afición, una ilusión, una forma de vida. Un espacio de socialización muy importante en el desarrollo vital de cada uno.

Ojo no estoy escribiendo sobre esas personas que se obsesionan con una práctica deportiva, en la que destaquen o no, la practican de forma obsesiva hasta incluso llegar a lesionarse, estoy hablando de una actividad que la puedes realizar cuatro días a la semana, de una duración de una hora cada día que la practicas, o incluso algo menos. Una de las grandes ventajas del agua es que no discrimina. Ser mayor o joven, hombre o mujer, tener alguna discapacidad no dificulta su práctica. 

Es un deporte en el que todo el mundo gana, tanto el que llega primero como el que llega el último, cada uno puede tener un objetivo distinto, no es solo luchar contra el cronómetro para conseguir hacer mejores tiempos; ni mucho menos.

Son habituales las competiciones deportivas en aguas abiertas. Nadadores organizados en clubs y otros que practican por su cuenta se juntan para realizar recorridos por espacios que habitualmente no se transitan.  Toda una experiencia.

Acudir a nadar es una oportunidad estupenda para socializar y hacer salud.

Mens sana in corpore sano, que decían aquellos romanos locos.

Y corazón contento (Eso ya de Pepa Flores cuando era Marisol)

Santiago Marín y amigos

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