Durante un par de semanas, uno de los temas preferidos por los medios de comunicación y las redes sociales ha sido un futuro “gran apagón” que nos dejaría sin suministro eléctrico y provocaría un caos temporal en nuestra sociedad. Las declaraciones de una ministra austriaca alimentaron ese miedo, dando credibilidad a la posibilidad de ese “apagón”.

Igualmente, cada vez se utiliza más la expresión “tormenta perfecta”, referida a cualquier tipo de catástrofe o conflicto en el que se juntan varias situaciones que provocan que un problema se desborde y sea incontrolable. Especialmente, se está poniendo de moda hablar de “tormentas perfectas” para explicar problemas económicos, como si fueran una especie de fenómenos naturales inevitables.

Este alarmismo y catastrofismo tienen una gran utilidad para el sistema capitalista como arma de control social. En primer lugar, para desviar la atención pública y nuestra preocupaciones de los problemas reales que vivimos cada día hacia hipotéticas grandes catástrofes que nos amenazan y que parecen dar mucho más morbo: ¿para qué hablar del paro, la subida de precios, el empeoramiento de condiciones de trabajo, problemas de abastecimiento, la vivienda, los recortes en servicios públicos, la guerra, el aumento de la xenofobia y la ultraderecha… si tenemos que preocuparnos de futuros apocalipsis de nuestra civilización?

En segundo lugar, porque cada vez se está dando más pábulo a teoría conspirativas, a pensamientos irracionales y anticientíficos (en muchos casos apoyados por sectores reaccionarios y de ultraderecha, pero también difundidos en parte por sectores de una pretendida izquierda), que alientan esa caricatura de discurso “antisistema” en el que estaríamos dominados por un gobierno mundial secreto que nos controla y espía permanentemente. En el fondo, es la actualización de los delirios sobre los “Sabios de Sión” y la conspiración judeo-masónica que ya utilizaron hace un siglo los antisemitas, los nazis y el franquismo.

Y, en tercer lugar, porque el miedo es una de las principales armas de control ideológico y social. En 2007, Naomi Klein publicó su libro “La doctrina del shock”, que tuvo una época de gran repercusión y cuya idea central es que el capitalismo en general, y el neoliberalismo en particular, utilizan la psicología social para impulsar situaciones de conmoción, confusión y miedo al futuro con el objetivo de implantar políticas de recortes de derechos sociales, económicos y políticos, que en situaciones normales recibirían una gran contestación popular. En la etapa actual, la pandemia del COVID-19 ha sido utilizada también por el sistema para justificar graves recortes de libertades y de derechos sociales. El miedo a posibles grandes catástrofes y distopías se utiliza igualmente como una forma para alentar el conservadurismo y evitar la protesta.

Frente a todo ese discurso, cuya aceptación nos lleva a la pasividad, el miedo, la resignación o la conspiranoia, nuestra mejor arma sigue siendo el Marxismo. Un Marxismo que se basa en el pensamiento científico; que nos da las herramientas para analizar las contradicciones sociales como consecuencia de la lógica del sistema capitalista; que nos aporta la perspectiva de una sociedad en la que la planificación económica colectiva haría inviable escenarios como un gran apagón eléctrico; que nos proporciona la convicción de que la unión, la organización y la lucha de los/as trabajadores/as es el medio para alcanzar nuestros derechos e ir liberándonos de la explotación y la injusticia; que nos da un horizonte no de miedo, sino de esperanza en una sociedad comunista futura.

Estudiar, organizar, luchar. El camino hacia la emancipación sigue siendo ése.

Manuel