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En la clausura del XII Congreso de Comisiones Obreras, celebrado los días 21, 22 y 23 de octubre de este año, la Vicepresidenta segunda del Gobierno y Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, intervenía expresando “… Ese compromiso con todas y todos ellos cristaliza en una decisión inalterable para este mismo año. La derogación de la reforma laboral del PP. Sí, vamos a derogar la reforma laboral. Y este es el mensaje que le quiero enviar a las personas trabajadoras de este país. Vamos a derogar la reforma laboral a pesar de todas las resistencias, que las hay, y son muchas…” Así de contundente y clara se expresaba la señora Díaz, como colofón a lo que ya venía manteniendo desde tiempo atrás, apoyándose en el acuerdo de coalición firmado entre el PSOE y Unidas Podemos en diciembre de 2019, y concretamente en el punto 1.3. de dicho acuerdo, titulado rimbombantemente: “Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012”.

Pero claro, una cosa es decir y otra hacer. Decir, se puede decir lo que se quiera, que el papel lo aguanta todo y siempre hay oídos prestos a tragarse necedades o mentiras como catedrales. Otra cosa muy distinta es llevar a cabo lo que se dice, y esto es lo que le ha sucedido a la señora Díaz.

Del “derogaremos la reforma laboral” ha pasado, en cuestión de días, a afirmar que se van a cambiar unas normas del real decreto de 2012, pero reconoce que “técnicamente” la norma no se puede derogar… Que “una cosa es el fetiche político y otra lo que vamos a hacer”. Vamos, que de súper ministra progre donde las haya ha pasado a ser una trilera semántica de lo más miserable, introduciendo un nuevo sinónimo, “maquillar”, para el verbo “derogar”. Y nos preguntamos ¿desde cuándo no se pueden derogar unas normas que ni siquiera son orgánicas? Miente descaradamente y encima pretende que nos creamos sus embustes.

Si no fuese porque la señora Díaz Pérez es abogada y toda una militante del PCE, podría pensarse que esta señora es de una ingenuidad superlativa y que desconoce los elementos más básicos de la teoría marxista sobre el estado. Pero mucho nos tememos que no es así. Lo que sucede en realidad es que esta “seudo comunista” abandonó, como lo hizo el partido en el que milita, PCE, el marxismo-leninismo para caer en el oportunismo más rastrero y vil, traicionando a su clase, la clase obrera, a la que debía servir de vanguardia en su lucha revolucionaria para cumplir con su destino histórico de derrotar a la burguesía y destruir su sistema económico basado en la explotación de las masas obreras y trabajadoras en beneficio de una élite parasitaria.

Como ya bien sabe usted, señora Díaz, aunque lo pretenda obviar, el Estado y, por ende, el Gobierno, no son estructuras que se sitúan por encima de la lucha de clases, como si fuesen árbitros imparciales interpuestos entre dos clases, burguesía y proletariado, cuyos intereses son antagónicos e irreconciliables. No señora, usted olvida, pasa por alto o, simplemente, escamotea, algo tan esencial como es el concepto marxista del Estado. Olvida usted que ya Marx expresaba en el Manifiesto Comunista que “El poder estatal moderno no es más que una junta administradora que gestiona los negocios comunes de toda la clase burguesa”. El estado español actual, con el gobierno a la cabeza, es un estado capitalista, un estado burgués y por ello, señora ministra, el poder económico, en manos de la burguesía patria y extranjera, es el que, en última instancia, impone sus criterios y condiciones sobre cualquier otra consideración y, desde luego, es el que le impone al poder político la consecución de sus objetivos, que no son otros que los de garantizar a toda costa su tasa de ganancia, sin importar lo más mínimo que para ello, la clase obrera y demás sectores populares se enfrenten a la precariedad más absoluta, la pobreza y la miseria.

Y esto es lo que ha pasado, ha vendido usted miserablemente unas promesas electorales, aún a sabiendas que no las iba a poder cumplir debido a que el amo a quien sirve, el capital, sólo le iba a permitir retocar todo aquello que le pueda ser útil para su supervivencia.

Hace falta tener la cara muy dura y carecer de todo escrúpulo para perpetrar tal viraje en su discurso sin sonrojarse ni inmutarse. Ha estado vendiendo humo a la clase trabajadora, prometiendo unos “radicales” cambios en las relaciones laborales para dejarlo todo, al final, en un mero retoque como quien enluce la pared de un edificio que tiene podridos los cimientos de todo un entramado jurídico-legal que solo sirve a los intereses de la burguesía y que, modifiquen lo que modifiquen usted y sus cómplices del gobierno con la ayuda de los secuaces de los “agentes sociales”, va a seguir sirviendo para explotar más y mejor a la clase trabajadora, todo ello con el beneplácito de la Unión Europea, naturalmente.

La Sr. Diaz habla de “democracia”, así, a secas, cómo si la democracia fuese algo que se impone por encima de la lucha de clases y que carece de vinculación alguna con la clase que ostenta el poder económico y, por tanto, el político en un determinado momento histórico.

Por todo esto, desde el PCPE, vemos confirmado en la práctica el papel de la socialdemocracia como instrumento del capital para mantener engañada a la clase trabajadora. Expresamos nuestro rechazo a las políticas conciliadoras de la socialdemocracia oportunista; al mal llamado “diálogo social”, pues en realidad se trata de un monólogo, donde la voz de la burguesía y el pacto social es la única que se oye.

Sólo la movilización de la clase obrera y demás sectores populares, su organización en torno a su partido y la lucha más resuelta, constituyen la única alternativa para derrotar al capital.

Secretaria de Movimiento Obrero.

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